lunes, mayo 23, 2005

Valentín

Hoy al salir del trabajo junto a Would, he decidido cortarme el pelo, que ya estaba alcanzando unas cotas asombrosas de altura y volumen y no me sentía dueño de él, como a mi me gusta. En un principio me he planteado ir a la primera peluquería que viese abierta por la zona y, de hecho, tras pasarnos por el VIP´s a ver las fotos de Yola y Malena del Interviú, he abandonado a Would, que se ha ido a su casa en metro porque ya me había decantado por una, pero al final no ha sido así y me he ido a Valentín.

Valentín es mi peluquero y, salvo en contadas excepciones, me lleva cortando el pelo de forma continuada desde hace quince años o así. El hecho de que sólo se sepa un corte de pelo y que todos los del barrio vayamos igual imprime un carácter y te hace vivir en una comunidad unida. Da igual lo que le digas, tú puedes tener ideas innovadoras para tu cabellera y se las explicas detalladamente y despacio cuando llegas a la peluquería. Él, por supuesto te dice que sí a todo, y lo hace de tal manera que te vas a casa tan contento con tu cambio de imagen, pero cuando llegas y te miras al espejo te das cuenta de que longitud, patilla, cogote y flequillo son exactamente iguales a todas las veces que has ido, así que te encabronas como un orco, pero a los cinco minutos se te olvida y ya no te acuerdas más hasta que te la vuele a líar la siguiente vez. Se ve que él es el que manda y lo tenemos asumido.

Valentín es un peluquero pelota y eso es una droga a la que es difícil renunciar. Si le dices que hace frío, él te asegura que lleva todo el día destemplado, si le dices que parece que ha llegado el calorcito, pues es él te comenta que precisamente hace diez minutos que ha hablado con su mujer del mismo tema, si le dices que los monos de Gibraltar tienen tres huevos, pues él te habla de cuando fue allí y se los tocó para comprobarlo... mola. Además, si le llamas por teléfono para pedir hora, conoce tu voz al instante sólo con decirle holavalentín, y ya he comprobado que su teléfono no dispone de identificador de llamadas. Y también he presenciado cómo lo hace con otros clientes cuando llaman mientras me está cortando el pelo, así que está claro que este hombre tiene un don y todos lo valoramos.

Valentín no necesita secador ni cepillo ni nada, ya te sopla él directamente con la boca en la colleja y demás rincones de la cabeza con precisión milimétrica mientras hace su trabajo. Y no te deja ni un pelo en las orejas. Esto lo tengo muy hablado con Chs y con mi hermano y, salvo cuando te lo hace después de tomarse un café, nos parece una buena idea y estamos completamente a favor de su técnica porque ahorra mucho tiempo.

Valentín tiene mucha psicología y por eso te da tabaco y te deja fumar mientras te está pegando el rape. Valentín dispone de una estupenda colección de Mortadelos en la zona de espera y así, a golpe de pequeños detalles, ha creado un ambiente bastante propicio para la confortabilidad masculina. No se trata de estar a favor o en contra, se trata de que te sientas ahí y estás de maravilla. Si chupas limón, salivas, si eres tío y entras en Valentín, te sientes bien.

Valentín tiene unas manos prodigiosas. Desde que te lava la cabeza hasta que te pone un poco de gomina noname como colofón a su obra, pasando por los plegamientos de oreja y apuradas de patilla durante la ejecución del corte, sólo sientes placer y liberas endorfinas. Un vez me salió caspa y me pegó un masaje capilar con un producto, que sólo dios sabe de dónde lo sacó y, aparte de hacerme desaparecer la caspa forever, me generó uno de los momentos más agradables de mi vida. Sí, he dicho de mi vida, incluyendo cuando me comí aquel wooper a las tres de la mañana que me supo tan bien.

Valentín lleva peluquín y eso te hace sospechar un poco al principio, pero no pasa nada y nunca se ha hablado una palabra del tema en su peluquería. Yo comencé a sospechar cuando me di cuenta de que un caracolillo aleatorio de su flequillo estaba siempre en el mismo lugar. Además, siempre llevaba el pelo igual de largo y eso desafiaba cualquier ley de la naturaleza. Comencé a fijarme y noté una ligera depresión capilar a la altura de su coronilla, que debe ser donde se encaja lo que es el bisoñé y, así, y con las observaciones adicionales de Chs y JWalks, confirmamos nuestra teoría. Pero, insisto, no pasa nada y nadie piensa que sea un impostor.

Momento aparte es el afeitado Valentín. Una vez lo probé y desde entonces he superado la prueba y me he ganado su respeto. Yo le dije que nunca me habían afeitado y le pregunté que qué tal era eso. Automáticamente me sentó en una silla y antes de poder decir nada ya tenía una toalla a 200 grados en mi cara que me desolló vivo. Me untó de jabón de afeitar con una brocha y me rasuró a navaja con unos trazos de punta a punta de mi cara que me provocaron micropene. Acabado el afeitado, nueva toalla hirviendo en la cara para abrirte los poros como hoyos de golf y aplique de loción de hombre con efecto picadura de avispa mediante somanta de cuarenta hostias en cinco segundos. Con las lágrimas rebosando mis párpados, le dí las gracias y me fui a casa con la sensación de haber sido desvirgado. Eso sí, nunca he consegido conseguir un afeitado como ese por mis propios medios.

Y es que yo soy de Valentín, para qué negarlo. Por cierto, si tenéis curiosidad, es clavadito a Pepe Rubianes.

12 comentarios:

po dijo...

no hay sensación mejor que la de encontrar un peluquero que te deje satisfecho con el corte de pelo.
Yo tardé veintiún años en encontrarlo. Hace dos que le soy fiel, y como se jubile me da algo, jajajajjaj.

would dijo...

Visto el resultado del corte de pelo, no dejaré que te olvides tan fácilmente hasta el próximo, Jwalks.... o Chs.... o Dwalks.

¡¡¡Yo que sé, si os véis todos iguales!!!

Amélie Poulain dijo...

¿Es Valentín el que cuida la sensacional melena ondulada de Qwalks?. Si es así, un aplauso para Valentín y sus Mortadelos.

Puri dijo...

La mía está en la otra punta de la ciudad y cuando le explico mis propuestas siempre propone otra sugerencia para terminar haciendo lo que quiere.
Si es que hay quien prefiere el riesgo de los deportes de aventura y otros prefieren ir a cortarse el pelo! ;)

_R_ dijo...

Que valor para dejar que alguien te ponga la navaja junto a la yugular y no darle la cartera suplicando piedad!

Lucyinthesky dijo...

El momento afeitado de Valentín describe el poquísimo aguante que tenéis los tíos frente a los dolorcillos cosméticos. (Esos lagrimones...)

Me encanta el comentario de amelie poulain, pero esa melena sunsilk de Qwalks (que para tí la quisieras), sólo puede ser producto de un peluquero de celebrities (creo que valentín no lo es, más que nada por lo de los mortadelos)

Mordiscos de realidad dijo...

Yo siempre predigo el futuro al llegar al peluquero, "Haga lo que quiera" y luego para no reafirmar un poco y no parecer un psuilanime "que a mi me da igual". Si total los peluqueros siempre ahcen lo quieren por lo menos les doy una orden.
Que peasob bodorrio el de Jerez, y no paso nada con la chica esa que te echo el brazo????

Tony Tornado dijo...

Yo no dejaría que mi peluquero me soplara en el cuello. A menos que me lo ligara luego...

¡Que uno tiene zonas erógenas!

Would: Cuenta como ha quedado, por favor...

;)

Un tipo raro dijo...

¿Qué significa "si chupas limón"?

Bo Peep dijo...

Mmmmmmmm, esos pequeños placeres...

Nepomuk dijo...

Venga ya...¿se llama Valentín, usa peluquín y se parece a Pepe Rubianes? imposible, no existe.
Confiesa que es el fruto de tu mente retorcida, después de quedarte dormido de un atracón de whoppers viendo una película de Ozores.

Eride dijo...

Acabas de medio-satisfacer una fantasía erótica mía en la que depilo a un hombre con cera ardiendo...
O:-)

Mi peluquero y yo, desde el experimento violeta de hace ya muchos años, acordamos que las decisiones las tomaría él.