jueves, septiembre 23, 2004

and the winner is...



Tras dos años y medio de frecuentes degustaciones, hoy es el día en el que me considero apto para emitir mi veredicto. El mejor sándwich del Viena Capellanes es:

Sandwich "ANCHOA CON TOMATE".

Reproducción de la información del envoltorio del que me he comido hoy:

-INGREDIENTES: PAN MOLDE, ANCHOA Y MAYONESA, TOMATE
-CAD.25 SEP 2004
-CONSERVAR: 1-5ºC, PESO NETO:60gr, CONSUMO:T.AMBIENTE
-VIENA CAPELLANES: Productos sanos, naturales y de calidad

Datos adicionales:

-Durante aproximadamente un año el sándwich "SALMON HUEVO DURO" fue un serio candidato a este galardón.
-Los dependientes área-sándwich del Viena Capellanes de Alonso Martínez son francamente bordes. No cometas un error, ni titubees en tu elección, o morirás víctima de una mirada fulminante lanzada por un individuo decorado con un chaleco color grana.
-La nueva línea de sándwiches artesanales es una estafa. No son lo que esperas de ellos la primera vez que los ves tan bien envueltos, tan gorditos, aunque reconozco que me comería mil.
-Si vais algún día, no compréis la cocacola. Mejor me llamáis y os la saco de la máquina de mi trabajo por 30 céntimos.
-La ensalada Viena Capellanes cuesta 2,65 Euros, lo mismo que todas las hortalizas completas que la componen si las compras en el mercado. La teoría de Kurt "el truco de los productos alimenticios preparados es que podemos dividir el original tantas partes como queramos sin, por ello, reducir el precio de las mismas en igual proporción" es perfectamente consistente en este caso.
-NO os acerquéis a los hojaldres rellenos de embutidos. Sé que te llaman por tu nombre desde su bandeja, que te seducen como sirenas en las rocas, que están buenísimos. No compensa.


lunes, septiembre 20, 2004

El canal de todos


Señor Director del Canal Internacional de Televisión Española, tengo que hablar con usted. Escuche, es que yo de vez en cuando viajo por el mundo y veo la tele en el hotel de turno porque al final del día uno está cansado, se siente algo lejos de casa y no le apetece dormirse así sin más. Ya sé que hay muchos canales, pero yo soy de aquí de España y me apaño mejor con mi lengua materna, y como veo que hay un canal en la tele que entiendo bien, pues me lo pongo. Bueno, también veo videos de música, noticias en otros canales internacionales e incluso pierdo el tiempo mirando cómo habla gente muy seria en idiomas que no entiendo en absoluto, que tiene su punto, pero al final esa dinámica zapzapzapzap termina cansando porque en el fondo no me interesa tanto como saber si ha sucedido algo notable por mi país, del que a esas alturas ya llevo un día sin saber nada.

Hablemos de la última vez que me encontré en esta situación. El primer día, o la primera noche, le di al botón del mando y me dio la bienvenida Ramonchu García, ese cuñado que nadie querría tener y que presenta un programa que se llama Grand Prix a golpe de participios asilvestrados (“salao”, “dejao”, “mojao”…). Aguanté media hora viendo a un concursante tras otro partirse la crisma en unos divertidos rodillos (la diez primeras veces me moría de risa, lo reconozco). En el mismo programa, también disfruté de la compañía de pizpiretas chicas enseñando muslamen en sus elaboradas coreografías y aprendí cómo el orgullo de un pueblo reside en que sus zagales revienten a pelotazos a los de otro pueblo, que se disfrazan de bolos. Si no es que esté del todo mal, jefe, lo que pasa es que dura como tres horas y a mi me da el sueño.
Otro día, a la misma hora (horario máxima audiencia en España, por cierto), había un programa de toros. Un mujer lo presentaba y dos enjutos expertos resaltaban la importancia de la Feria de Jumilla (seis novillos seis). Pues qué quiere que le diga, yo me puse los videos musicales de la VH1 porque ese programa de toros me importaba lo mismo que cuando lo veo en casa. De vez en cuando zapeaba a ver si habían terminado con su debate, pero no. Me acabé durmiendo pensando en que mediante la impostada presencia de una mujer como presentadora del programa, se tratara de derribar la barrera del machismo en el mundo taurino. Por ser positivo, ¿sabe?. Porque por ser negativo podríamos hablar de que los Alcántara nos acompañen un par de horitas TODOS los días de la semana con su mundo Cuéntame, digo... Cuénteme.

El resto de los días (cinco concretamente) desfilaron ante mis ojos las series de dibujos animados de la productora de Emilio Aragón (sí, esa que quebró por traumatizar a los niños con los dibujos más feos desde los Fruittis ¿recuerda?), los documentales añejos y sepiosos de osos hormigueros husmeando por el campo en busca de su cena, las juveniles películas protagonizadas por actores de Al Salir de Clase… Qué le voy a contar que usted no sepa. Bueno, a lo mejor no sabe que a las nueve de la noche la gente no está en su habitación del hotel, porque da bajón entrar en ella antes si nadie te espera, y que a la una la gente se duerme si no lo ha hecho ya, porque trabaja al día siguiente. Téngalo en cuenta para la hora de emisión del telediario, que eso puede interesarnos casi tanto como los toros y demás.

Así que nada, que a lo que voy es a que valore la posibilidad de que el individuo medio que disfruta de su canal ya no es aquel emigrante de pandereta y bota vino que enjuagaba sus ojos en lágrimas al oír “Suspiros de España”. Que ahora hay un motón de gente como yo (pero un montón, no se hace usted una idea) que se va al extranjero un par de días o una semana por trabajo, o dos meses por un proyecto, o incluso varios años por lo que sea, sin resetear su memoria por ello. Gente que cuando está por ahí, sigue diferenciando lo bueno de lo malo, agradeciendo lo primero, sobre todo, y avergonzándose de lo segundo, y mucho.

Ande, háganos/se un favor y déle un par de vueltas a su cabeza para montar algo decente, que medios sabemos que tiene.

Dwalks

jueves, septiembre 16, 2004

SWP: Uma B. se nos casa

Hoy se casan Uma B. y Pablo. Qué bien, me alegro de verdad. De hecho, se deben estar casando en este momento, por lo que, aunque no haya podido ir a la boda, escribiendo este post también estoy un poco con ellos y con todos esos irlandeses que han ido y que ya deben estar como locos por tomarse una pinta en tres tragos. Yo, por si acaso, me pasaré esta noche por ambivalence por si Uma ha decidido contar algo de su fiesta. Seguramente no sucederá, sería de locos imaginarla al teclado el mismo día en el que entregará su Flor a su amado, pero si de alguien me podría esperar algo así es de ella. ¿No la conocéis? Pues no sabéis lo que os perdéis.



Kurt, quiero un informe completo el lunes encima de mi mesa.

Pago lo que sea a quien retrate a Uma B. y a Pablo en una actitud como la de la foto o equivalente. No es broma.



miércoles, septiembre 15, 2004

Habitación del hotel: Rutina Dwalks

Una de las situaciones más íntimas que vivo al viajar solo, por territorio nacional y países extranjeros, es la llegada a la habitación del hotel en la que viviré durante los días que vaya a durar mi estancia en él. En mi caso, este periodo de aclimatación suele durar alrededor de una hora y he descubierto, por la alta frecuencia de mis viajes por motivos laborales, que he desarrollado una especie de patrón común de comportamiento al enfrentarme a este momento. Supongamos, por ser mi caso más habitual, una llegada nocturna a eso de las diez y con el cansancio habitual de este tipo de días aeropuerto&taxi.

RUTINA DWALKS

1. Entro a la habitación con mi tarjeta-llave, previa luz verde + clack
2. Pulso el interruptor de la luz y no se enciende nada
3. Meto la tarjeta-llave en su ranura correspondiente
4. Doy otra vez la luz y ya se enciende todo
5. Dejo la maleta a los pies de la cama
6. Vacío mis bolsillos en la mesilla del lado en el que dormiré. Suelo pensar que cómo es posible que llevara todo eso dentro de ellos.
7. Abro la cortina y miro la calle un rato. Primer stop real desde que salí de casa. Esto me suele dar un bajón momentáneo, ligera soledad, aunque la zona no esté mal. Es por el cansancio, no pasa nada. Enciendo un cigarro y me quedo ahí hasta que lo termino.
8. Compruebo armario y número de cajones.
9. Voy a ver el baño, normalmente no lo uso al llegar porque he ido en el aeropuerto en cuanto he aterrizado.
10. Admiro todos los botecitos y accesorios de los que dispongo. Me gusta que haya de todo, cuanto más innecesario, mejor: gorro para la ducha, aguja e hilo de varios colores, limpiazapatos, peine, kit de afeitado… Nota: Sobres de jabón: TOTALMENTE EN CONTRA; botecitos sofisticados: COMPLETAMENTE A FAVOR. Me da igual si hay teléfono al lado del váter o secador. Prefiero plato de ducha a la bañera. Me gusta tener más de un vaso y me gusta que el baño tenga mucha luz. En cuanto la veo, quito la cinta de la taza del váter que indica que éste ha sido desinfectado (¿nos lo creemos?) y tiro de la cadena de la cisterna por si acaso. Manías.
11. Me tiro en la cama sin quitarme los zapatos y llamo a casa, todo bien mamá.
11. Pongo la tele y zapeo por todos los canales, consumo el minuto gratuito de los de pago y dejo algún canal musical puesto casi sin volumen.
12. Cojo la carpeta con información del hotel y me fascina que haya libretita, boli y sobres perfectamente colocados en su interior, aunque nunca los utilice (ya hablaré de mi adicción a cualquier producto de papelería) Compruebo los precios del servicio de habitaciones, minibar, canales de pago y también los horarios del desayuno. Practico mi, durante los días sucesivos, necesaria pronunciación en inglés leyendo todo esto con un tono de voz audible. Valoro las hipotéticas opciónes más cara y más barata por si decidiera cenar en ese momento en la habitación. Me indigno con los precios.
13. Cierro un rato los ojos, sólo un rato, sólo un rato, solo un zzz… “no dwalks, arriba que te sobas”. Reacciono.
14. Abro la maleta y coloco todo
15. Me ducho y me seco usando más toallas que cuando lo hago en mi casa. Me lavo los dientes. Me miro un rato al espejo y me pasa que suelo pensar “mira, ese tío eres tú”. Es cierto, me resulta raro verme ahí en un entorno en el que todo es ajeno.
16. Me tiro en pelotas a la cama y veo un poco más la tele. Pillo una cerveza del minibar. A veces caen los panchitos "la última vez dije que sería la última vez". Otro cigarro, of course.
17. Me visto
18. Guardo mi documentación, y el grueso del dinero en efectivo que he llevado, en un bolsillo interior de mi maleta. Pongo el candado (ya, ya lo sé Kurt...)
19. Apago todas las luces, saco mi tarjeta-llave de la ranura y voy a cenar algo al bar del hotel o restaurante más cercano.

Esto es lo que hago, bueno, más o menos (um).

sábado, septiembre 11, 2004

Praga

Me he venido a Praga por motivos de trabajo, lo que no esta nada mal. Lo primero que debo decir es que las palabras de este post no llevan ninguna tilde porque no encuentro el boton adecuado en este teclado checo desde el que estoy escribiendo y el tipo que lleva este cibercafe no me entiende y yo no doy mas de mi a la hora de explicarselo. Mejor, mas autentico. Creo que ni siquiera lo corregire cuando llegue a Madrid. Como dato, cuando intento poner la tilde me pasa esto: cami'on. Me sale la comilla.

Llevo aqui desde el miercoles y estare hasta el domingo. Me he cogido el fin de semana para conocer la ciudad y en eso estoy. El jueves y el viernes tuve una reunion internacional que se hace todos los anyos (la enye tampoco anda por aqui) y ha estado muy bien. Me gusta este tipo de reuniones porque asistimos un represenatante de cada pais y entonces te ves en una mesa con un monton de gente que se llama Voiko, Ulla-Pia, Eraldo, Thomas o Pavel. Y yo enmedio con mi cartelito: Mr. Dwalks (Spain). Nos pusieron en formacion de 'U', por orden alfabetico del pais y yo estaba el antepenultimo por un lado con Sweden y Switzerland a mi derecha. A mi izquierda tenia a Slovenia. El esloveno es un tio muy majo al que yo le echaba treintaipocos anyos y resulta que tiene cuarentaicinco y un hijo de venticinco. Me quede un poco asi cuando me lo dijo pero no hice comentarios. Diplomacia ante todo. Estaba muy bien, porque a veces miraba a ver lo que escribia en su cuaderno durante la reunion y me daba la sensacion de que se lo inventaba todo. Todos esos gorritos en las consonantes y esas palabras impronunciables me hacian perder la concentracion de lo que se hablaba en la reunion, pero es que si miraba a mi derecha tenia a Ulla-Pia, la sueca, que hacia lo mismo pero en sueco. Asi que me he pasado media reunion intentando descifrar lenguas barbaras y eslavas, creo. Muy propio de mi.

La organizacion nos llevo a ver la ciudad y a comer la tarde-noche del jueves pero hicimos la excursion en minibus y no nos metimos por casi ningun sitio interesante. Menos mal que tenia dias de sobra y ya me he resarcido con holgura. La comida por aqui no esta mal pero tampoco es para matarse por ella. Te ponen cerdo y pato como carne tipica y luego anyaden unas pelotas de pasta que te hacen tapon desde que entran hasta que salen. Deben ser como una croqueta de grandes y pesan unos cuatro kilos y medio cada una. Buenos golpes en el pecho me he dado para bajar eso. Tambien te suelen poner chucrut y asi todos los dias. Ah! El chucrut con mermelada de arandanos, un decubrimiento. Bueno, despues de tres dias comiendo variantes similares a esto que he explicado, ya me he pasado por el McDonalds, porque ya no podia con las pelotitas de pasta.

Cuando termino la reunion, pensaba que me quedaria solo el resto del tiempo, pero no ha sido asi. Unos cuantos decidieron hacer lo mismo que yo y nos hemos visto mas tarde por el hotel. Es un poco incomodo porque ya me despedi de ellos cuando acabo la reunion y de repente te los encuentras con un mapa y en pantalones cortos, yendo en tu misma direccion al centro de la ciudad. Que les dices? Te quedas pillado porque no te apetece tenerle de colega turistico por un absurdo compromiso moral. Asi que nada, menos al italiano que me cae muy bien y es el unico me saca menos de quince anyos, al resto les he saludado con carinyo y luego me he hecho el tonto y he seguido mi camino como si nada. Vi al aleman y a la finlandesa por ahi juntos. Ya me habia dado la sensacion en la cena oficial de que estos se llevaban de miedo. Ahora ya puedo casi asegurar que hay tema entre ellos, y ambos estan casados. Toma ya.

El caso es que ayer me fui con el italiano a pasar la tarde y a cenar. Nos fuimos a la parte antigua pero resulta que aunque es un tio genial, anda muy despacio y me pone enfermo. Y me decia 'Dwalks, yo ando muy despacio'. Y yo le decia que no importaba. Al final me acostumbre y bueno, ya ni me daba cuenta. Ademas, nos hicimos unas cuantas fotos el uno al otro y por fin saldre yo mismo en mis fotos de los viajes que hago por trabajo. Como siempre voy solo, o le pido a la gente que me las haga, o me las hago yo mismo con el brazo estirado o con el dispardor, que no me gusta nada porque tengo la sensacion de que va a llegar alguien y me va robar la camara. Por eso salgo siempre en estas fotos con cara de velocidad.

Cenamos pato con pelotitas de pasta y una sopa de cebolla. El italiano quiso postre y se pidio un helado que cuando se lo trajeron, comprobamos que era casi mas grande que su cabeza. Le vi resoplar un poco, pero aguanto el tipo y se comio hasta la guinda. Los italianos, con lo chuletas que son, se moririan antes de reconocer que se han colado. Yo me pedi un cafe y pude contemplar la esscena tranquilamente. La cena estuvo chula porque el italiano, me explico detalladamente como hacer rissoto, o risotto, y lo pienso preparar en cuanto llegue a Madrid. Creo que me acuerdo de todo.

Hoy ya se ha ido mi companyero italiano y he pasado el dia solo por aqui. He podido caminar todo lo rapido que he querido y ya no he salido tanto en mis fotos. Me he pateado lo mas conocido de Praga y me ha encantado. Es mucho mas grande de lo que esperaba, asi que no he tenido tiempo de perderme un poco por sitios menos turistico, pero no me importa porque, obviamente, entre ellos figuraba yo. Hay partes intransitables de la gente que hay y te agobias un poco, pero acabas acostumbrandote. Lo malo es que en muchas fotos que he hecho sale un huevo de gente, grupos y eso, pero que se le va a hacer, habra que tirar de fotoshop en un momento dado.

Todo es bonito, la ciudad vieja, la ciudad nueva, el barrio judio, el legado de Carlos IV (Karlov IV), las calles en si, el rio Vlatva con sus puentes, los edificios comunistas, que son autenticas barbaridades arquitectonicas (tan sobrecogerdoramente funcionales y gigantescas), las palabras que tienen escritas en checo por todas partes (logico), el castillo de Praga con sus vistas... todo, vaya.

Como es habitual, mi lado frivolo ha destacado por encima del maduro y lo que mas me ha gustado ha sido el museo de instrumentos de tortura. Que cosas habia por ahi. En las explicaciones con dibujitos que habia al lado de cada cacharro, destacaban sobre los demas los verbos los siguientes: estirar, enroscar, pinchar, desmembrar, introducir y similares. Creo que en esto del dolor ya esta todo inventado, porque yo he llegado a la conclusion de que todo lo que hacian para torturar a la gente es justo lo que mas me doleria a mi si me lo hicieran. Sales del museo con cara de 'ojito conmigo que ya se torturar'.

Tambien me ha gustado mucho que hay vacas por todas partes. Son unas vacas huecas a tamanyo real hechas de material duro, una especie de plastico. No estoy seguro de si es una exposicion permanente o si circulara por todo el mundo. Las vacas andan puestas por cualquier lugar de la calle, al lado de monumentos, en las aceras, en los jardines, subidas en estaciones de tranvia... cada una esta decorada por un artista y pueden estar pintadas de colores chillones, con dibujos, con critales de espejos... cualquier cosa, vamos. Cada una tiene su nombre y creo que hay unas doscientascincuenta, aunque nadie lo sabe realmente porque siguen haciendo mas. He sacado muchisimas fotos de vacas.

Por ultimo, las chicas en Praga no son tan guapas. Vale, la que es guapa tiene ese aire del este que tiene un punto, pero en general no es para tanto. De hecho ya ni miro, me he desinteresado. Esto no es como Eslovenia, donde vamos a parar.

En fin, que aun me queda un dia y que estoy encantado de la vida por aqui. Que todo es muy barato (comida y servicios, quiero decir) y que la moneda se llama corona checa. Por un euro te dan treintaidos coronas y el bus vale 12 coronas. Regalado. Ayer comimos en un sitio muy bueno, ese al que fui con el italiano, y nos costo unos 15 euros por barba poniendonos hasta las trancas y pidiendo lo mas caro. Para que os hagais una idea.

Vuelvo el mayo que viene por otra reunion de estas, asi que no me importa demasiado si se me olvida ver o comprar algo, porque me queda una vida todavia, como en los videojuegos.

Desde Praga, Dwalks.

martes, agosto 31, 2004

Canarias 2004

EL PLAN

Del diez al diecisiete de agosto nos fuimos a Canarias AGr, CF, J’sean y yo. Nuestro destino fue Las Palmas, básicamente porque Agr ya lo tenía decidido y los demás nos fuimos acoplando a su plan por diversos motivos circunstanciales. AGr tiene un vínculo bastante peculiar con la isla de Gran Canaria y a todos nos pareció adecuado no sugerir alternativas, además, nos lo vendió muy bien “es una ciudad que tiene marcha, playa, conozco gente, buen tiempo asegurado y, en un momento dado, tenemos el sur de la isla a tiro de piedra, que tiene guiris y todo eso”. Así que nos pareció muy bien desde que lo propuso.

EL COCHE

Con estas llegamos a la isla. Ligero retraso en el vuelo pero todo en orden. Recogemos en el aeropuerto el coche de alquiler que habíamos contratado y resulta que es el coche más feo del mundo, es decir, un Seat Vario verde pepino que yo no había visto en mi vida. Espeluznante el efecto estético a lo tortuga ninja y francamente incompatible con la personalidad de cuatro chicos rabiosamente juveniles como nosotros. Decidimos cambiarlo al momento y en la oficina de alquiler de coches, educadamente, nos dicen que no, que lo sienten pero que no tienen otro y que nos lo comemos. Nos quedamos con cara de cámara oculta pero decidimos no liarnos y nos lo llevamos prometiéndonos (ya, ya...) que volveremos cada día al aeropuerto sustituirlo por algo más digno. Nunca lo hicimos. AGr fue el primero en conducirlo y en lo que restó de semana lo cogieron todos menos yo porque me daba igual llevarlo o no. El caso es que acabamos tomándole cariño al coche y la verdad es que no nos dio ningún problema pese a nuestros deseos de que reventara en cada cuesta. Qué feo era pero como aguantó. Al final le sacamos fotos con nosotros y todo.

EL HOTEL

Llegamos a Las Palmas en nuestro... err... vehículo y dejamos a J’sean en su hotel porque él se apuntó más tarde al viaje y ya no quedaban plazas libres en el nuestro. Se lo montó por su cuenta para el vuelo y el hotel. Lo encontramos rápido y además, de pura potra los dos hoteles resultaron estar muy próximos. De pura potra porque según las indicaciones de internet de las que disponíamos como información previa, lo único que sabíamos era que ambos hoteles estaban situados en la Playa de Las Canteras, que cuenta con una longitud de 4 kilómetros. Casi nada. Por alguna razón hubo suerte y sólo distaban unos 200 metros.

Dejamos a J’sean en su hotel y llegamos al nuestro, al Astoria (un tres estrellas, oiga) y nos metemos en la recepción con las maletas. Un vistazo y se confirman nuestras sospechas: cutrón. Nuestras sospechas se basaban en que los padres de AGr habían pasado allí su luna de miel, allá por los setenta y en que mi peluquero también lo conocía y lo calificó como “normal”, hecho que me mosqueó inmediatamente porque mi peluquero, aparte de llevar peluquín, es el profesional más pelota con el cliente que existe y, ante cualquier opinión, siempre te da la razón y un sugus para que vuelvas otra vez.

Lo primero que detectamos fue que en la recepción reinaba un inconfundible olor a comedor de colegio (ese oloooor) proveniente de la cocina debido a que era la hora de comer, y realmente se hacía difícil de obviar, aunque no hicimos comentarios para no estropear el primer momento con una decepción. Yo miré a CF y le levanté las cejas contrayendo mis labios y él me miró a mí y me las levantó también. Suficiente. Yo creo que incluso estábamos satisfechos por no haber escogido la opción de media pensión que nos ofrecieron en el pack.

Al asignarnos las habitaciones en la recepción -decir que elegimos tres individuales por si acaso salía tema- conseguimos que nos las dieran bastante juntas en la misma planta. Resultado final, tres habitaciones interiores y en la planta baja, con ventana de reja. Todo esto porque según la versión del recepcionista “tres chicos jóvenes como ustedes sólo quieren la habitación para dormir. Además, las individuales son todas interiores”. ¿Qué haces en esa situación?. Nosotros dijimos que bueno porque todo tenía pinta de estar completamente decidido y el hotel estaba a tope. Y porque piensas que no es completamente real, que cambiará. Pero no, esas cosas no cambian aunque te vuelvas del revés.

Nos vamos a nuestras respectivas habitaciones (122, 124 y 125, cuyas llaves eran unas réplicas exactas, en tamaño y peso, de la usada para abrir el portón del Alcázar de Segovia) y nos ponemos a deshacer las maletas. Cuando los tres nos reunimos al terminar, parecíamos los tres medallistas de la final masculina de 1.500 metros lisos. Qué sudada pordiós. Eso no eran habitaciones, eran saunas. Un movimiento, una gota; dos movimientos, cien gotas; tres movimientos, la muerte. Claro que, en una ciudad con veinticinco grados centígrados de temperatura media anual y una humedad relativa del 80%, a quién se le iba ocurrir poner aire acondicionado o un ventiladorcillo en las habitaciones. Sólo a nosotros, por lo visto, porque cuando se lo comentamos educadamente al recepcionista, que ya nos tenía entre ceja y ceja a los veinte minutos de llegar, nos miró con cara de huevo y se encogió de hombros diciendo “aquí nunca hemos tenido aire acondicionado”. El calor en la habitación y el sudor en nuestros cuerpos fueron unas constantes a las que, con el paso de los días, nos fuimos acostumbrando, pero aún pagaría lo que fuera por ver la sudada que se pilló CF cuando intentó cazar un ratoncito que un día se le coló en la habitación de madrugada. Aún lo cuenta y me parto.

No puedo decir que me llegara a gustar el hotel, pero sí que me habitué a él. Tenía un punto freak que no estaba mal y en él se gestaron buenas conversaciones, reuniones de habitación y anécdotas que, aunque sólo sea porque se desarrollaron en ese escenario, creo que se merece que se le asigne un buen recuerdo. Lo que nunca en entendí es por qué mi habitación individual para uso individual tenía tres camas. Humano no comprender.

Por cierto, el hotel de J'sean, elegido una semana antes del viaje y al azar, resultó ser más bonito, más barato y más cercano a la playa que el nuestro, escogido cuidadosamente con casi dos meses de antelación. Además tenía aire acondicionado en la habitación, así que estoy deseando que Atrápalo.com me envíe el cuestionario de valoración personal de sus servicios.

THE PEOPLE

Pese a los primeros inconvenientes, el viaje ha sido claramente un éxito. Gracias a los chicos y a la gente que nos ha presentado AGr. Gente encantadora en su mayoría que hace que te sientas uno más desde que los conoces. Ese es el encanto que tienen estos canarios, que no te tratan como a un extraño por el hecho de no haberte visto antes. Además, son gente dulce por naturaleza.

B&V: Las dos chicas que nos amadrinaron desde que llegamos. Nos han sacado de copas, nos han presentado a sus amigos, nos han enseñado la isla y la ciudad, han cenado con nosotros... supongo que algo tuvo que ver la estrecha relación que unía a AGr con B., el tiempo dirá en qué queda el asunto, pero independientemente de esto, han sido unas perfectas anfitrionas de su isla y se merecen todos los agradecimientos que se me ocurran y, por supuesto, mi compromiso de devolverles la moneda si alguna vez aparecen por Madrid.

S.Grappa: Este tipo es libanés y propietario de un excelente restaurante de cocina mediterránea al que fuimos un par de veces a ponernos hasta las trancas. A este le conocía Agr. porque es el primo de uno de sus mejores amigos de la isla. Excelente compañero de copas, por otro lado. Siempre se traía al cocinero francés de su restaurante, que es el tío más feo que hemos conocido.

SF18: Amigo de AGr y piloto de F18 en la base militar de Gran Canaria. Le conocimos algo tarde pero con el tiempo justo para echar un inolvidable vistazo en privado a su avión. Una de las experiencias del viaje. Además, un golfo, según Agr. Ya lo veremos.


G&M: Otras dos chicas que nos acompañaron algún día, aunque menos tiempo que B&V. G. es la clásica persona a la que no debes tomar nunca en serio y M... quién es M.?

A.: La conocimos el primer día y no la vimos más, pero merece la pena destacarla por ser la impulsora de la interesante teoría acerca del probable hundimiento de la isla debido al peso generado por la masiva construcción de edificios dedicados al turismo. Expresado con convicción suena creíble.

... y el ratoncito, las camareras de Pachá, las gogós que promocionaban la bebida Web, el señor Barragán metido a fotógrafo, el que nos hacía el sándwich del desayuno, los amigos surferos de éstas, el yungo-yungo, la hermana de Isabel que ahora no me acuerdo de cómo se llama, el máquina del restaurante japonés, Junior, las Niñas, las talegas, las señoras de la limpieza del hotel...

MOMENTOS EN LA ISLA

Las olas de la playa de Las Canteras. Impagables momentos de risas con las olas gigantescas que había en esta playa, porque eran impresionantes, con la única ayuda de nuestra posición aerodinámica. Todo esto entre surferos perfectamente equipados que nos miraban con un cierto desdén. Era fácil, te ponías de espaldas a la ola más gorda que vieras y te dejabas llevar hasta que te quedabas sin bañador o te tragabas media ola. Revolcones y arcadas asegurados. Adivinen quienes eran los que se reían.

La marcha de Las Palmas. Entre semana, nada. De jueves a domingo, a tope. Buenos sitios, buenos precios, distancias muy manejables y mucha variedad. Como bebida, destacar el ron autóctono Areucas. Un sitio, el Jelly Fish. Un sitio freak: Floridita, que es una especie de Marmara de tercera regional.

Dar la vuelta a la isla. Esto es que un día coges el coche, sales por la carretera hacia la izquierda del hotel y llegas al mismo sitio por la derecha. Cuando terminas, has comprobado que estás en una isla y que no puedes escaparte en coche. Aparte, el recorrido es francamente bonito y agradable si no tienes vértigo. Yo, que tengo vértigo, sufrí de espasmos durante los tramos duros del viaje. CF lo sabe bien.

La comida. Se come bien. Muchos peces, papas, mojo y gofio, el secreto de la isla.

Las indicaciones de S.Grappa en el coche. "A la derecha... ahora cuando puedas a la derecha... en la siguiente a la derecha... si se puede a la derecha... ahora otra vez a la derecha...". Conducía CF y yo iba de copiloto. S.Grappa iba atrás intentando indicarnos el camino a un bar. Su técnica era simple, coger cada bocacalle a la derecha. Cuando llevábamos tres vueltas a la misma manzana y el no parecía darse cuenta de lo que estaba haciendo, entendimos que no tenía ni idea de donde estaba. Sólo faltó que empezara a sonar la musiquilla de Benny Hill de fondo. Cuando yo empecé a hacer de Dustin Hoffmaan en Rainman, en pleno ataque autista, golpeándome la cabeza y haciendo chilliditos, creemos que se mosqueó un poco.

... y la visita a los aviones, las dunas de Maspalomas, las fotos de equipo, los cigarros, el Foot Locker, la ratoncito, los Biaginnis, las cabezas escachadas, los apartamentos incrustados en los barrancos, la capoeira adaptada, las tríadas, el olor a burro, "hola, ¿qué haces aquí sola?", los bailes de J'sean, el control de alcoholemia, los desayunos, el último día en el aeropuerto, la cena en el libanés, los robados en la playa, el pollo Pérez...

LOS CHICOS

CF: Cuando se quitó la camiseta nada más llegar, los miembros del resto del equipo comprendimos que nos habíamos convertido en hombres invisibles a su lado ya que su moreno y sus músculos eclipsaron a los nuestros durante toda la semana, absorbiendo cualquier mirada en un radio de treinta metros. Aparte de eso, un tío estupendo, legal de verdad. Es capaz de comer las veinticuatro horas del día y no habla cuando lo hace porque saborea la comida muy serio. Metódico, activo, discreto, calculador y divertido, sabe reírse con ganas. Una suerte haberle redescubierto después de unos años.

El dijo: "yo me voy al hotel", "oye... ¿no tenéis hambre?", "esa, esa es la actitud", "cómo viene el blanco esta temporada...", "joder, ¿no tenéis calor?", "anda, sujétame esto"

AGr: La pieza básica del grupo, por ser el nexo principal de unión entre los cuatro. Pese a los altibajos que ha sufrido en el viaje, no dejó de preocuparse en todo momento porque cada día fuese mejor que el anterior. Se ha empeñado en que disfrutásemos del viaje empleando todos los recursos y contactos de los que disponía y lo ha conseguido. Le gustan los perros hasta el punto de llevar uno permanentemente subido a sus espaldas, aunque parece ser que ahora ya no lo tiene. No creo que tarde demasiado en volver a recuperarlo. Una de las mejores personas que conozco, siempre está. Mordaz donde los haya y carismático, es el primero que se ríe de él mismo, para luego soltarlas dobladas. Mala suerte que, en lo personal, el viaje no le haya salido exactamente como había planeado. No es culpa tuya, AGr, ni de nadie. Salió así.

El dijo: "que no me vendas la moto", "dame un cigarro", "jodío fumeque...", "este es un gudenai de la vida", "menudo porrazo/tabacazo que le iba a dar", "que no"

J'sean: Le conocí en el viaje. Un buen tío. Quizás me haya faltado algo de tiempo para tener la misma complicidad con él que con el resto, pero eso no es nada que no tenga solución con una cuantas noches más de copas. Serio con las cosas serias y escéptico con las cosas del mundo, tiene las cosas claras. Una bomba de relojería por la noche, un lobo con piel de cordero. Qué manera de bailar.

El dijo: "te habla voz de la experiencia", "pues mi hotel si que tiene aire acondicionado", "estoy hasta la polla de esperar veinte minutos todos los días".

...

Ha merecido la pena y sé que nos volveremos a ver en otra de estas. Estoy convencido.















viernes, julio 30, 2004

Madrid-Cleveland: Odisea en Newark

Diciembre de 2003. Por motivos de trabajo debo viajar a Estados Unidos, primero a Cleveland y luego, tres días después, a un lugar perdido (mejor así) de Texas llamado Odessa. Para ir a Cleveland debo hacer una conexión en el aeropuerto de Newark, que está en New Jersey, a unos cuarenta kilómetros de Nueva York. Ellos te dicen que eso es Nueva York, pero cuando te encuentras allí te das cuenta de que no es así en absoluto. No, no y no.



Hora 0

Despego de Barajas entusiasmado porque hacía tiempo que no me tocaba un viaje tan atractivo como éste, tanto, que no me da nada de pereza pensar en el vuelo que me espera. Todo va bien hasta que, seis horas después, empezamos a descender para aterrizar. Está nevando como no había visto antes en mi vida y los azafatos de Continental empiezan a mirarse unos a otros y a hablarse con las manos. Miro para abajo y el paisaje está precioso. En un perfecto venezolano, nos dicen por los altavoces que está nevando mucho y que vamos a tardar en aterrizar unos minutos más de lo previsto. El avión se pone a dar vueltas. Para animarnos, nos ponen un video de tomas falsas que ya he visto en otros aviones pero me vuelve a hacer gracia. Cuando se acaba, nos ponen otro de Mr. Bean. Cuando se acaba, otro de tomas falsas que ya no me hace tanta gracia... Hago un test de una revista que me había comprado en el aeropuerto y los resultados que obtengo aseguran que mi tono muscular es bajo. Ya ha pasado una hora y seguimos dando vueltas. A la hora y media, aterrizamos y la gente aplaude. Uno le saca una foto al azafato de Continental, que levanta un pulgar sonriendo.

Hora 7:30

Me bajo del avión y comienzo el paseillo típico por el aeropuerto propio de una conexión. Colas, inmigración pasillos, ascensores... Además, tengo que recoger la maleta y volver a facturarla, por lo que todo tarda un poco más. Los controles americanos no son para tanto y sólo me tengo que quitar los zapatos cada vez que paso un puente detector de metales. Muy fácil todo. Sigue nevando muchísimo.

Hora 8:30

Ya estoy en mi zona de embarque para coger el avión a Cleveland y es entonces cuando le doy a la manecilla del reloj las vueltas necesarias para que marque seis horas menos. Pequeñas manías. Tenemos un espacio propio para los que vamos a volar a Cleveland. Pocos españoles. Miro los paneles de los vuelos y me doy cuenta de que se están cancelando vuelos masivamente. Busco el mío en la lista y parece que sigue activo. Se me tensa un poco la mandíbula pero enseguida me tranquilizo, pienso que tengo un fin de semana entero por delante, que no hay problema porque tengo tiempo de sobra si algo falla en esta conexión.

Queda una hora y media para que mi avión salga y no ha parado de nevar. Más vuelos cancelados en los monitores. Más nieve. Mi vuelo sigue activo.

Hora 9:30

Retrasan mi vuelo una hora. Lógico. Al menos no lo cancelan. Miro la televisión sin volumen de mi zona de embarque y veo un mapa de Estados nidos con una tormenta tremenda encima de la zona norte de la Costa Este. ‘Así que es eso', me digo.

Las pistas están completamente blancas y no despega ningún avión. Lo veo desde el ventanal de la zona en la que espero por mi vuelo.

Hora 10:30

Nos cascan tres horas más de retraso. La gente se empieza a inquietar y aparece un hombre que nos explica la situación. Por lo visto, el avión que nos debe llevar a Cleveland debe salir de Boston y pasar a recogernos, pero el caso es que desde Boston todavía no ha salido ningún avión.

Decido ir a comer algo y cuando me dirijo a la zona de restaurantes un señor con pinta de alemán, al que ya había visto esperando por el mismo vuelo que yo, se me presenta. Efectivamente, es alemán. Tiene unos sesenta años y una barriga de un kilómetro. Encantador, me cuenta que tiene una empresa de papel 'artístico' en Cleveland y que regularmente viaja desde Alemania para ver que tal marchan las cosas. Me da su tarjeta hecha de papel artístico y resulta que se llama Klauss. Yo le digo mi nombre pero no le doy mi tarjeta porque no le veo sentido. Vamos a un italiano y a la media hora ya me ha contado que se ha divorciado dos veces y que ahora está casado con una tailandesa de veinticinco años. No digo nada pero lo pienso. Después de comer ya somos oficialmente amigos y compañeros para el resto del viaje.

De vuelta a la zona de embarque pasamos por delante de una sala de masajes tipo 'media hora diez dólares'en la que a mi no me apetece entrar, pero Klauss no se lo piensa y se mete a recibir un masaje con sus diez dólares en la mano. Si hubiera estado sólo, igual sí me lo hubiera dado, pero me da no sé qué entrar en una sala de masajes con un señor de 60 años que ya se ha quitado la camisa cuando le digo 'hasta dentro de media hora Klauss'.

Sigue nevando. Temiéndome lo peor, decido llamar a la persona con la que he quedado en Cleveland. Me doy cuenta de que no sé usar las cabinas americanas porque me gasto una fortuna sin conseguir contactar. Al final espío a una chica que parece dominar el sistema y me entero de lo que debo hacer. Llamo a mi contacto y le comento la situación y me dice que vale, que ya nos veremos. Por primera vez desde que comienza todo esto me empiezo a sentir muy sólo y vuelvo a tensar mi mandíbula. Afortunadamente, aparece Klauss por el final del pasillo sonriendo y girando su cabeza, dando a entender que su masaje ha sido espléndido. Qué va a decir, se ha quitado la camisa delante de todo el mundo. Me dice que no me preocupe, que el se ha quedado tirado cien mil veces y que conoce los mejores hoteles para hacer una noche de espera. Relajo la mandíbula. Sigue nevando.

Hora 14:30

Nos dicen que el avión de Boston ya está en camino y que en una hora y media estaremos subidos en él. No me lo puedo creer, no ha parado de nevar y el 80% de los vuelos han sido cancelados. No me entra en la cabeza que MI avión ande por ahí volando como si con él no fuera la cosa. En el fondo pienso que no vamos a volar hacia Cleveland esa noche.

Hora 16

Subimos al avión. En el tramo del finger, entra el frío de la calle y me quedo pasmado. Debemos estar a menos veinte grados. Me siento en mi plaza y el panorama no puede ser más desolador. Tengo ventana y los dos asientos contiguos al mío son ocupados por dos hermanitos californianos que tienen unos siete y ocho años, aparte de unas ganas de marcha que prometen acabar con lo que queda de mi paciencia. Los padres están sentados tres filas más alante y no parecen muy preocupados por el comportamiento de sus hijos.

Aguanto diez minutos de gritos, peleas entre ellos y llantos. Antes de desmembrarlos, respiro hondo y consigo una mirada asesina que surte efecto. Al final me da pena y me hago amigo de ellos.
Me cuentan su vida y el nombre de unos muñecos que han traído. Unos quince muñecos con nombre y personalidad propia, no está mal. Aparece la madre con un portátil y se me presenta amablemente, me pide disculpas y me da un trozo de bollo. Pone un DVD y acabo viendo el Señor de los Anillos con Caleb y Tim. Así se llamaban. Me duermo cuando Frodo y Sam salen del pueblo.

Hora 17:30

Me despierto y el avión no se ha movido. Caleb y Tim están fritos y Frodo y los demás están subiendo una montaña. Ya no nieva.


Hora 18

El avión comienza a andar y el comandante nos explica que debemos esperar por los demás aviones que llevan retraso. Que no sabe cuánto. Ah ¿pero había más aviones? Daba por hecho que éramos los únicos, que se habían olvidado de anular nuestro vuelo. Estoy reventado. El avión se para y puedo ver la inmensa cola de aviones que aún tenemos delante. La madre de los chicos me trae un zumito y más bollo y casi se me saltan las lágrimas por lo cansado que estoy. Entonces, levanta a un niño y se sienta a mi lado con él encima, que duerme. Me da las gracias por ocuparme un rato de sus hijos, me dice que ha visto ahí aguantando el tipo con ellos, y ,así, comienza a darme conversación. Es joven, y muy dulce, ese de tipo de personas que son pura calma, tranquilizadoras, y se ha debido dar cuenta de mi estado de absoluta soledad. Me pregunta que qué hago allí y yo le cuento mi vida porque necesito hablar de verdad, ya son muchas horas sólo y de total incertidumbre, necesito realmente que alguien se preocupe por mi en ese momento, ya no porque esté preocupado por cómo pueda salir el viaje, eso me da igual. Lo único que sucede es que estoy metido en un avión 18 horas después de haber despegado de mi casa, que no sé cuándo va a acabar esto y que es de noche. Me agarro a esta mujer como a un clavo ardiendo y no la acabo llamando 'mamá' de milagro.

Hora 20

Vamos a despegar. Durante un buen rato, unas mangueras empapan el avión de agua caliente para que no salte en pedazos cuando volemos. Enfilamos la pista y abandonamos Newark.



Hora 22

Llegamos a Cleveland. Ya es madrugada allí, ni me quiero imaginar las hora reales que llevo acumuladas, y no hay ni un alma en el aeropuerto. Recojo mi maleta, que sale de las primera y me marcho sin despedirme de nadie. Por ley de Murphy, estoy en la punta opuesta a la salida del aeropuerto de Cleveland. Voy como drogado con mi maleta de carrito. Rrrrr. No tengo sueño, soy propietario de una extraña lucidez que me sorprende.

Salgo del aeropuerto y cojo un taxi, uno de los dos que esperan en la puerta. Le digo donde está mi hotel y arranca. En otras circunstancias hubiera entablado conversación con el taxista, como primer contacto con una ciudad nueva, siempre lo hago, pero ni abro la boca durante el trayecto. Me miro la camisa y me hace gracia pensar en el momento en el que me decidí por ella en Madrid, en mi casa. La saqué de mi armario y todavía la llevo puesta. Parece que fue hace años...

Hora 23

Llego al hotel. Es igual que en la foto de internet pero, como siempre me sucede, me parece completamente diferente. Supongo que el entorno que descubres cuando llegas provoca esa sensación.

Afortunadamente, en el hotel saben que llegaría, estoy apuntado en un papel, todo en orden en la recepción. No hubiera podido con un incidente más. Firmo y me voy a la habitación. Paso por delante del comedor, que ya tiene el desayuno preparado. No sé por qué, me sienta fatal que todos los platos, cubiertos o vasos sean de PVC.

Entro en mi habitación y muero en la cama.

jueves, julio 29, 2004

A falta de seis días

Enfilo la última semana que me toca trabajar completa antes de las vacaciones (un mes del tirón) y no me siento como... como otros años a estas alturas. A lo mejor el hecho de tener que ir a currar los dos primeros días de la semana que viene no me permite tener todavía esa sensación de ya-están-aquí, pero creo que también hay otros factores que están influyendo en mi percepción de este momento.

1. Me he puesto malo.

Este fin de semana he salido bastante y supongo que la combinación de choques térmicos a la que nos vemos sometidos todos los madrileños en verano, al entrar y salir de locales con el aire acondicionado a tope, ha podido conmigo.
Ya el domingo me levanté con una presión en el pecho que indicaba que esto no acabaría bien, me conozco ante este tipo de situaciones y la identifiqué enseguida. Mi voz sonaba rara, muy grave, y no podía evitar que me salieran gallitos cada vez que intentaba enfatizar en algo, algo así como cuando el príncipe Felipe daba discursos a los quince años de edad. La comida también me sabía rara y una tosecilla de ultratumba no acababa de desaparecer, pese a intentar reducirla bebiendo agua continuamente. Para rematar la faena, me eché una siesta tremenda en la que me quedé frío y, cuando me desperté, directamente me quería morir. Desde ese momento hasta hoy, que ya me empiezo a encontrar mejor, he sufrido uno de los constipados de verano más molestos que recuerdo. Del pecho pasó a la nariz y de la nariz a la garganta, donde parece haberse quedado a pasar unos días. Tengo bastante tos, me he comprado un jarabe y todo, y estoy muy congestionado en general. De hecho, en este mismo momento me sale un silbidito de la nariz con el que soy capaz de sacar cualquier melodía que se me ocurra.

2. Mucho trabajo

Siempre ocurre igual. A finales de julio todos los clientes con lo que tengo algún tipo de relación quieren cerrar sus asuntos, por lo que me tengo que enfrentar a una avalancha de documentación técnica que exige una decisión (mía) sobre la misma antes de finales de mes. No soy una persona que se estrese demasiado con los agobios del trabajo, más que por mi carácter, es por una actitud que procuro cultivar, pero hay momentos en los que me es imposible mantener la calma. La realidad es que hay más cosas que hacer que tiempo disponible y eso es un problema cuando se da por hecho que lo sacarás a tiempo.

Al final nunca pasa nada, tanto si sale como si no, pero de eso no te das cuenta hasta que ha terminado todo.

3. Plan algo incierto

Dispongo de un mes de vacaciones y ya tengo una semana decidida. Me voy a Canarias con AGr, CF y con un colega de AGr que no conocemos porque se ha apuntado a última hora. Uno más, estupendo. Respecto a este viaje, que ya fue planeado hace tiempo, siento una mezcla de ilusión y nostalgia, sentimientos que aparecen por separado y de forma aleatoria dependiendo del momento del día, o del día a secas. Lo cierto es que me apetece muchísimo ir porque es el plan perfecto, pero a veces soy consciente de lo mucho que sigue cambiando todo para mi en tan poco tiempo y, en cierto modo, intimida un poco el mero hecho de seguir hacia delante, cada día un poco más.
He oído decir a la gente que me ha ofrecido su punto de vista personal sobre mi situación, que cada día es un poco mejor que el anterior y que esto va poco a poco, pero va. Supongo que cuando haya pasado el tiempo suficiente y mire hacia atrás, globalmente también tendré esa opinión, pero a día de hoy lo que veo es que por cada tres pasos que avanzas, alguno también retrocedes, y el día que toca retroceder es duro.

Al resto de mis días de vacaciones aún no les he asignado nada, y aunque se empieza a escuchar algo acerca de un fin de semana en el Mediterraneo, no me preocupa en absoluto la idea de quedarme en Madrid en agosto. De hecho, si todo se diera bien, podría ser un verano bueno de verdad.

lunes, julio 26, 2004

Cañas del viernes 23

Quedo para tomar unas cañas con los del trabajo. Probablemente sean las últimas antes de las vacaciones de verano porque casi todos se van este mismo fin de semana a algún lugar de veraneo. La mayoría de mis compañeros están casados y tienen hijos, lo que hace que el vínculo extralaboral que nos une se reduzca a salidas esporádicas de este tipo, salvo excepciones. Es lógico y está bien así.



Decidimos ir a una marisquería gallega de la calle Santa Brígida porque ya estamos hartos de las patatas tres salsas de la Cruz Blanca y de sus pimientos de Padrón cultivados por Belcebú, que por lo visto vive en Padrón. No te sale ni uno que no pique y ya empieza a ser molesto. En la marisquería, en cambio, por un módico precio te ofrecen una montaña de marisco variado, tan bien construida y tan compacta que todos estamos de acuerdo en que sin duda podría ser un prototipo del Cococrash 2004. Tiene de todo: buey de mar despedazado, percebes, gambones, langostinos... dispuestos de tal forma que, mires por donde la mires, la vista es apetitosa. JL toma las riendas del asunto y prepara los cascarones superiores de los bueyes de mar en plan paté, mientras los demás nos ventilamos los langostinos como el que come pipas. Son las tres y pico y ya hay hambre. En un amago de apuesta, intento pelar un gambón con una sola mano para demostrar a JF. que es posible, pero se me cae al suelo durante la tercera maniobra. Una pena porque ya le había quitado la cabeza.

El único problema serio nos lo dan los percebes. Contienen mucha agua y, al ir a quitarle la telilla al bicho, resulta que salpica contra los de enfrente, que también comen percebes salpicando a los de enfrente. Como formamos un círculo entre nosotros, casi nadie se salva del lamparón. El quitamanchas no tarda en aparecer y a partir de ahí casi todos comemos el marisco con la corbata en el bolsillo y con esa tranquilidad que te da el tener un bote de cebralín a mano. Y con su olor dulzón característico.



Acabamos con los frutos del mar y los que no nos retiramos vamos a tomar algo al Areia con las manos oliendo a toallita de limón industrial. He estado en este mismo sitio hace exactamente quince horas, pienso. Progresivamente, y tras unas rondas, la gente se va marchando hasta me quedo a solas con JF y su mujer, que se ha venido porque ya nos conocía y porque estuvimos en su boda hace un par de meses. Me pongo sus gafas de sol por hacer la gracia y ambos me aseguran que me quedan muy bien. Me las llevo al baño con su permiso para verme en el espejo y resulta que, efectivamente, son las primeras gafas que me quedan bien desde hace años. Adiós al trauma mi-tabique-es-demasiado-alto. Mi tabique es perfecto, Rayban. Como a la mujer de JF no le importa que tengamos las mismas gafas, consigo un boli y apunto el modelo en una servilleta.




Me echo una siesta de dos horas porque voy un poco tocado. Cómo son las cañas y que peligro tienen. Cuando me despierto tengo la boca como un paquete de algodón, se me ha puesto mala leche y me levanto a beber agua. ¿Qué hora es... aún no se ha hecho de noche y ya tengo resaca...? No puede ser. Enfadado con el mundo, voy a la cocina a hidratarme y me las arreglo para discutir con mi hermano, porque justo cuando yo llego, él está bebiendo agua muy despacio ‘es que vengo de correr y me puede sentar mal’. Yo le digo que se deje de sorbitos y que apure el vaso, que estoy seco. Mi madre me dice que no sea borde y que deje a mi hermano en paz. Discuto un poco con mi madre también. Y con mi padre, que pasaba por allí y también discute conmigo por haber discutido con mi madre. Perfecto, todos discuten conmigo y tras un par de minutos ya estoy mejor. Se me ha pasado el automosqueo y me dejan a mi aire como si nada. Cómo me conocen, qué familia tengo...

miércoles, julio 21, 2004

Desde mi último post...

VIERNES 16: Concierto de Chico y Chica

La cita es en el Ocho y Medio. Voy con Kurt a las doce en punto pero está cerrado y el de la puerta nos dice sin mucha convicción que hasta las dos menos cuarto no empieza el concierto. Está lloviendo desde hace un par de horas. Hacemos tiempo y nos compramos un Acuarius en el VIPS, nos tomamos algo en el renacido Why Not? y volvemos a la hora acordada otra vez al Ocho y Medio. Asombroso, resulta que ahora hay una cola de unas cien personas que han salido de la nada. Caminamos resignados a ocupar nuestro lugar al final de la fila y mientras yo me pregunto qué ha fallado, Kurt se dedica a tirar fotos a la gente desde lejos. Lleva sacando muchas fotos durante toda la noche y sigue haciéndolo después.

Entramos y ocupamos un buen lugar para ver el concierto. En el escenario hay un portátil y un ¿teclado?. Chico y Chica salen arrastrándose por el escenario de tal modo que lo primero que pensamos es que no son ellos, que son unos técnicos de sonido que quieren pasar desapercibidos. Pues no, se ponen de pié y sí que son ellos. El espectáculo es de primera: cantan sus nuevas y sus viejas canciones, hacen magia, practican el método Pilates y conversan con el público para rellenar hueco. Como intuíamos, no se saben las letras de sus canciones y tiran de chuleta cuando no se inventan la letra. No esperábamos menos. Da igual, porque son muy graciosos y porque Chica es sumamente atractiva, para nuestra sorpresa... Menudos shorts ha elegido esta noche.

Nos retiramos cuando aún no han terminado porque ya hemos tenido suficiente. Está lloviendo a mares y cogemos un taxi para que nos lleve a casa.

SABADO 17: Cumple de PrimaP

PrimaP celebra su cumpleaños en su casa de Algete. Todavía no la ha estrenado pero ya queda poco para que ella y O. Se vayan a vivir allí. Ya la tienen casi puesta. Antes, quedo con M. para comprar un regalo. De camino a Algete, me paso el desvío y nos hacemos veinticinco kilómetros extra por la carretera de Burgos.

PrimaP ha preparado una fondue. Ha comprado tanta carne que luego se tiene que llevar la mitad de regreso a Madrid, pese a que hemos comido hasta no caber en las camisetas. Como era lógico, la salsa gaucha de Calvé resulta ser la triunfadora de la noche, sólo hay que ver como hemos dejado el bote de vacío en comparación con el resto. La lámpara que le hemos regalado queda muy bien en el salón y da una luz anaranjada muy agradable, así que la dejamos encendida mientras charlamos con la tripa llena.

JB, O. y yo nos vamos un rato a la terraza. El perfil de Madrid se ve a lo lejos y eso hace que el camino de vuelta no de tanta pereza.

DOMINGO 18: Compras

Duermo y por la tarde hago algunas compras. Me llama C. desde el coche y me propone tomar algo porque lleva todo el fin de semana en un pueblo de Albacete y está de camino a Madrid. Va por Villarejo del no sé qué, vamos, que ya está llegando. Entiendo perfectamente su ansiedad pero yo ya he salido bastante estos días y prefiero no liarme porque estoy cansado. Antes de colgar, C. ve cómo un coche se sale de la carretera delante de él. Se le quiebra la voz. Le digo que cuelgue y que me da igual que aún no haya entrado en vigor el carné de conducir por puntos. Eso fue lo que argumentó la última vez que le sugerí que no debía hablar por el móvil mientras conducía. Esta vez sí que cuelga.

LUNES 19: Trabajando

Me tiro hasta las siete en la oficina pese a que podía haber salido a las tres. De hecho, me fui a las tres, pero cuando me iba a meter en el metro, mis pies se dirigieron a un Donner Kebab, me comí una especialidad de la casa y regresé a la oficina. No estaba en el guión pero lo asumí con mucha naturalidad. Quedan quince días para empezar las vacaciones y no voy a poder terminar todo lo que me he comprometido a sacar. Me toca pringar. Al menos llegué a casa con la conciencia tranquila, porque mis principios llevan dos días sin hablarme...

MARTES 20: Tarde con Gómez

Tras salir de la oficina, nos dirigimos al Alfredo´s de Lagasca. Cerrado. Yo nunca he ido y Gómez tenía ganas de que lo conociera. ‘¿Qué hacemos?’ ‘Vamos al Alfredo´s de detrás de Cuzco, que estará abierto’. Gómez: un tío de palabra.

Pedazo hamburguesa nos comemos, la mejor que he probado en mucho tiempo. Carne de cebón, cruda por dentro como un nórdico sin vacaciones. Alfredo´s es un lugar estilo americano creado por españoles. Por lo visto es un clásico y yo no sabía de su existencia. Gómez lleva yendo allí desde que era un adolescente y ya no es ningún chaval, así que echemos cuentas. El comedor es como un sótano lleno de mesas de bar con manteles de papel. No conseguí identificar dos sillas iguales y abundaba la tapicería skay granate. Los camareros, como de la familia. Nada cuadra, pero la realidad es que estás a gusto desde que pones el primer pie en el sitio. Tiene un punto de auténtico que salva todos los defectos. Hasta el Bob Dylan que salía en la tele del restaurante parecía decir ‘¿Pero qué hago yo tocando en este sitio?’. Pero no se iba, ahí seguía tocando su concierto básico.

Pagamos y nos vamos a comprar unas camisetas, que era el objetivo de nuestra cita. Evitamos Sportivo y probamos en la tienda Carhartt de la calle Espoz y Mina. Tienen buenas rebajas y esta vez sí que entramos en las camisetas sin que nuestros brazos parezcan algún embutido de producción nacional. Los dos salimos con nuestra bolsa de la tienda y con cara de buenos amigos, es lo que tiene llegar y besar el santo. Miramos alguna tienda más pero se nos está haciendo tarde, así que nos tomamos una caña y Gómez me deja en Alonso Cano para que coja el metro de vuelta a casa.

El señor de la foto es Carhartt.

viernes, julio 16, 2004

Aún no soy rehábil

Hoy ha sido mi último día de rehabilitación por el momento. A pesar de los casi dos meses que llevaba, no he notado mucha mejoría respecto a antes de empezar, por mucho que mis vastos tengan el aspecto propio de los de un superhéroe a día de hoy (¿alguien sabe cómo copiar y pegar músculos en el propio cuerpo?). Cada vez estoy más convencido, si no lo estoy ya del todo, de que después del verano me operaré por segunda vez tras tres años desde la primera intervención, aunque esta vez será más light. Quiero pensar que será para mejor, porque no me apetece ni un pelo y es meterme de nuevo en quirófano, baja, rehabilitación... pero bueno, ya decidiré cuándo lo haré a la vuelta de las vacaciones.

Me he despedido de los pocos veteranos que quedaban y de algunos de los nuevos que fueron llegando. Dudaba entre llevar unos bombones, unas galletitas o una botella de vino a modo de despedida, lo típico, pero al final se me ha olvidado y no he comprado nada. Casi mejor, porque como todo el mundo lleva algo parecido a eso cuando llega su último día de terapia, resulta que nuestra clínica parece la sección de alimentación del VIPS. Vas a coger una bolsa de hielo del congelador y tienes que andar apartando los Häagen-Dazs que se han ido acumulando. Las toallas están en el mismo lugar que sirve de almacén para las latas azules de galletas danesas, tenemos un bote gigante de Lacasitos que lleva más tiempo que yo en la clínica, pese a alimentarnos todos los días de él, y así sucesivamente. De todos modos, me ha sabido mal no haber tenido un detalle. Eso sí, gracias a esto, me he acordado mucho del libro ‘Microsiervos’ de Douglas Coupland. En él se comentaba que la sociedad americana sólo estaba preparada para incorporar a su lenguaje una palabra alemana cada tres años. La última había sido Häagen-Dazs y aún no tenían muy claro cuál sería la siguiente. El libro es de 1995, creo. Me pareció brillante.

Y he recordado que un día en la clínica me encontré una piedra muy llamativa con la que no me pude quedar. Era roja y también brillante, pero no me pertenecía, así que la dejé donde la vi. Qué malas son las tentaciones y qué extraño se siente uno cuando hace lo correcto.

Ahora me espera un verano cargado de incertidumbre. Muchos cambios tras varios años de seguridad en mi vida. JB&M. se irán de vacaciones por su cuenta algunos días, seguramente en plan camping itinerante como ya han hecho en otras ocasiones. Se tienen el uno al otro y es envidiable lo bien que se compenetran después de tantos años juntos. Aún no sé que harán PrimaP&O., pero tampoco será un problema para ellos el no haberlo decidido aún. Supongo que los ahogos hipotecarios limitarán un poco sus planes, así que nada, a echarle imaginación. Kurt se queda, que ya ha tenido lo suyo. Chs vendrá de Brasil, como lleva haciendo cada seis meses desde hace casi tres años. Va a traerse por primera vez a su novia Lu (su novia Lu!!) y la expectación es alta. Casi tanto como la generada por verle con su recién estrenada ortodoncia. No le dejaremos de pedir que sonría porque, según nos cuenta, ya tiene dominada la sonrisa a lo Ben Stiller en ‘Algo pasa con Mary’ cuando hacía de adolescente. Y me lo creo.



Yo también tengo mis planes pero creo que tendrán su propio post.

Excelente Edward Norton en ‘American History X’. Lástima, ese personaje merecía una película diferente.







jueves, julio 15, 2004

Sportivo

Cómo me gustan las camisetas de Sportivo y qué mal me quedan todas. Va a tener razón Kurt* y voy a tener que replantearme el lugar que ocupa esta tienda en mi vida. Kurt me dijo que Sportivo debería ser una especie de sitio al que hay que ir siempre, pero a no comprar nada, sólo a mirar. Tiene razón.

Tienen dos marcas de camisetas que me gustan mucho, Oeuf y The Duffer of St. George:

OEUF

Molan en la percha pero una vez que te la pruebas, tienen el cuello y los hombros tejidos de tal modo que, al mirarme en el espejo del probador, debo reconocer que me parezco bastante a Cuttlas. Qué mal. Supongo que algo tendrá que ver en esto mi complexión física, pero si pienso en que ya tengo varias de estas camisetas Oeuf de otras temporadas que me quedan más o menos bien, no acabo de entender qué es lo que ha sucedido entre nosotros. Además, me resulta incómodo lo que siempre me ocurre en Sportivo: entro en la tienda preguntando si tienen camisetas nuevas de ‘ef’, haciendo un correcto amago de francés, y el dependiente, que es más de Madrid que un chato vino, me contesta pronunciándolo ‘oief’. Yo no sé francés, vaya eso por delante, y no sé quién tiene razón, pero sí que me gustaría saber qué demonios ha hecho ese tío con su capacidad de empatía con el cliente.

DUFFER

Parecido al caso anterior. En este caso el problema reside en la longitud y anchura de las mangas. Se supone que son de manga corta pero queda demasiado larga y encima se ajusta mucho al brazo, sin pretender ser una camiseta ajustada. Muy raro, porque de cuerpo quedan normal.

Como mi hermano se vino conmigo, mientras yo me probaba una de estas camisetas, le iba explicando el problema de las mangas. Le convencí para que se la pusiera, ya que a él también le gustaba, y así comprobara el efecto en su cuerpo, para que la pudiera descartar sin tener dudas. Ante mi estupor, le quedaba clavada, de brazos y todo. Le increpé duramente pero no pareció importarle demasiado porque él estaba encantado con su Duffer y lo demostraba girándose una y otra vez delante del espejo.


Por lo demás, la tienda es muy bonita y los dos dependientes son muy majos. Te cuentan batallitas sobre el origen de las camisetas que traen. Estas Oeuf, por ejemplo, por lo visto son de un grafittero francés que era un medio delincuente, aunque al final lo fichó no sé que marca de camisetas y ahora se dedica a esto. A mi, últimamente, de los dos dependientes me atiende el que va rapado. Es un tío agradable que cada día que voy tiene un tatuaje nuevo y más bestia que el anterior. Con la del otro día, ya es la segunda vez que me recuerda que no elija los tonos crudos en las camisetas porque ‘a los que somos muy blancos nos quedan fatal’. Y yo le miro y pienso que vaya plan este verano si estoy como él de blanco. Debemos parecer dos croatas en Madrid. Entre esto y lo de mi hermano con las mangas, empiezo a dudar de mis genes.

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JB está en racha con el coche. En días totalmente independientes entre sí, se le ha caído para dentro la ventana del copiloto, unos teenagers borrachos le han arrancado el retrovisor derecho de una patada, se ha cargado sin querer una pieza conectada al embrague al quitar la barra antirrobo y le han cascado una multa. Todo ello en el asombroso periodo de dos semanas. ¿Alguien da más?

* Desde hoy, el que antes era A. en este blog pasará a llamarse Kurt. Me ha dicho que Uma ya le había inventado un seudónimo y que no quería líos con otro. Ahora no sé si retirar la A. de mi blog, como hicieron los Chicago Bulls con la camiseta de Jordan, o asignársela al primero que aparezca con esa inicial en su nombre. Pues eso, desde ahora A.=Kurt.

miércoles, julio 14, 2004

Atentado

VIERNES 2 a.m.


Estoy con Uma B. , P. y A. en La Fábrica de Pan por segunda vez en la noche. Un par de horas antes, ya habíamos estado a solas A. y yo dando comienzo a nuestro viernes. Como siempre. Los cuatro debatimos animadamente acerca de las reacciones de los hombres cuando ven por primera vez, y por sorpresa, a una amiga de toda la vida haciendo top-less, aceptando por 'amiga de toda la vida' a cualquier chica que ya conozcas previamente al top-less en otras situaciones más... um... clásicas. Y qué bien, todos tenemos en la mano un gintonic riquísimo marca lafabricadepan, menos A. que no se ha pedido nada. Yo permanezco de pie, me encuentro cómodo con un brazo apoyado en la pared que nos ha tocado en el bar. La verdad es que en ningún momento me pregunto por qué está tan blanda, que lo está, aunque no puedo negar que desde el primer momento soy consciente de ello.

Sin más, la colilla de un cigarro impacta contra nuestra pared, soltando chispas con fuerza, y casi me da en la cabeza. No comprendemos qué ha pasado, únicamente sabemos que alguien nos ha tirado un cigarro y no nos ha dado por poco. Nos giramos hacia el supuesto origen de la colilla de destrucción masiva, confusos, y distingo entre la muchedumbre a una especie de Carmelo Gómez pero con patillas y sin afeitar mascullándome algo que no logro entender, pero tampoco me hace falta porque su lenguaje corporal es de gran ayuda. Está muy cabreado con nosotros.

No nos da tiempo a sacar conclusiones del suceso porque un amigo de Carmelo Gómez 2.0, en plan conciliador, ya se ha acercado a nosotros para darnos su versión de los hechos. Resulta que el tipo que nos ha lanzado la colilla es pintor de cuadros. Resulta que tiene uno tamaño XXL expuesto en el bar. Resulta que el cuadro ES la pared en la que yo estaba apoyado. Resulta que me había estado observando todo el tiempo mientras yo me bebía mi gintonic con una mano hundida en su obra.

Pese al huevo que, por presión, he conseguido perpetuar en el cuadro (lo estuvimos admirando y comentando después) y pese al marrón que se está comiendo el amigo de C.G. 2.0, no le damos la razón en ningún momento. Que no son formas hombre. Que no. Indignados, le tratamos de convencer de que entre lo que ha hecho su amigo e inmolarse no hay demasiadas diferencias. Empieza a dudar de sus argumentos. Además, P., que también es pintor, se pregunta indignado y en voz alta que cómo es posible que el propio pintor del cuadro haya intentado evitar la destrucción del mismo a cigarrazos, ya que la colilla ha impactado de lleno en él. El representante de Carmelo ya no tiene más palabras y nosotros nos gustamos de verdad en nuestro papel de agredidos y con esa tortilla dada la vuelta.

Aún no sé cómo, el tipo se marchó casi pidiéndonos disculpas. Y eso que tenía razón y el huevo sigue ahí.

Educación señores, con eso cambia todo. Lo intentaré tener en cuenta cuando me toque estar al otro lado.

miércoles, julio 07, 2004

Cantapack

Esta noche, en el Forum de Barcelona, lo han vuelto a hacer. Ana Belén, Victor Manuel, Serrat y Miguel Ríos se han reunido para cantar poemas de Pablo Neruda con sus colegas (qué perezaaa...) No es que dude de la trayectoria musical de ninguno de ellos, pero este concepto de canta-pack que se han montado los cuatro magníficos, que no se pierde un sarao, empieza a ser, cuanto menos, sospechoso.

Sinceramente, me da rabia que los mismos de siempre se anden apuntando tantos cada dos por tres cuando hay verdaderos talentos en este país que no tienen forma de promocionar sus trabajos, aunque sea poniéndole música a los poemas de Pablo Neruda, geniales sin ella, esa es otra. Me imagino que después de tantos años en el mundillo, estas viejas glorias tendrán bien agarrados los hilos importantes para poder estar siempre donde les vean, porque lo cierto es que individualmente ninguno de ellos, salvo excepciones, ha conseguido algo digno en estos últimos años. La solución, se/les montan un rollo cultureta, que vende mucho, se lo emiten en horario de máxima audiencia con cobertura nacional e internacional y ¡hop! a seguir en la ola. No entraré en si el trabajo es de calidad o no porque es algo subjetivo y hay cientos de cosas peores (y mejores), yo tengo mi opinión, pero estoy convencido de que estos dinosaurios, por medio de amistades, contactos y propiedades, deben tener un corrillo montado, poco amigo de nuevos miembros, que empieza a oler hasta aquí. Algunos dirán que parece que me he caído de un guindo y que les mencione una sola cosa que no funcione así en esta vida. Cierto, vale, pero es que les veo tan endiosados y tan conscientes de su carisma (ver las caídas de ojos de Ana Belén) que no puedo evitar que me de más rabia que en otros casos. Lo siento por Julieta Venegas, que me gusta un montón y andaba por allí cantando con ellos. No es personal, Julieta. Muy atractiva en el escenario (no me lo esperaba) e imposible de seguir en las letras de sus canciones, fenomenal. Si puedo, iré a verla cuando cante sola.

Alguien debería decirles que empiezan a parecer los personajes de una serie de televisión. Siempre los mismos actores, con sus roles, los cameos de turno, todos con su canción a lo protagonista del capítulo y, al final, e independientemente del argumento del episodio, todo acaba igual que empezó, para poder comenzar otra vez desde cero en la siguiente entrega. Al menos podrían matar a alguno de vez en cuando y meter alguna cara nueva para refrescar el ambiente.

Durante el rato que he estado viendo el show, he intentado comentarle esto a mis padres, fervientes seguidores de los sesenta/setenta/ochenta y amantes de estas nostalgias (sí, tenían ESA sonrisilla viendo la tele) para ver que decían al respecto, pero cuando iba a comenzar mi ponencia, en pleno esfuerzo de Miguel Ríos, mi madre me ha mirado con unos ojos en plan revival que me advertían ‘cuidado con lo que dices, niñato, que pienso proponer una conga después de quemar mi sujetador durante los bises’. Así que he dejado para otra ocasión el debate.

lunes, julio 05, 2004

Un barril de cerveza

VIERNES

Salgo por la boca de metro de Islas Filipinas y pienso que es la primera vez que hago uso de esa estación. Es naranja pero las hay de todos los colores a lo largo de la línea a la que pertenecen, la 7, sin duda la más divertida de toda la red de metro de Madrid. La estación del lugar en el que vivo también es de la línea 7, pero es blanca, la más insulsa.

Celebramos el cumpleaños de AGr bebiéndonos el barril de cerveza que se ha comprado. Cincuenta litros. Afortunadamente somos bastantes, unos treinta, y no nos cuesta demasiado trabajo hacerlo, aunque hay que tener en cuenta a la gente que no bebe o que prefiere otro tipo de trago. Me salen seis copas en tres horas, perfecto. AGr conoce al dueño de la taberna en la que hemos quedado y le han cedido una barra y un grifo que hay al fondo, con el fin de no molestar a los inexistentes clientes que debería haber a esas horas. Ha invitado a varios grupos de amigos que no se conocen entre sí y, obviamente, no se acaba generando demasiada intercomunicación entre los mismos a lo largo de la noche, aunque nadie parece incómodo. AGr, como buen anfitrión, se dedica a saltar de un grupo a otro y a tomarse una copa de cerveza en cada parada para conseguir sus regalos. Yo pertenezco al grupo amigos-de-la-universidad, somos cinco, y le regalamos el disco de Julieta Venegas (C y yo) y el de Marlango (AF y su ¡mujer!). Ambos le molan y no tiene ninguno. Pleno, uf. Ya más relajados, alguien comenta que Leonor Watling anda un poco fea últimamente con ese pelo que le hace cara de garbanzo, yo asiento a regañadientes, y que desde ‘Hable con Ella’ ha perdido tetas. Aquí, hago un acto de fe y no me lo creo.

Cuando el barril empieza a echar sólo espuma, ya se han marchado bastantes invitados, los que tenían otros planes pero antes se habían pasado a felicitar. Finalmente, quedamos unos doce y nos vamos a un bar que ya conocen de otras veces. Estamos a gusto, es amplio, sin demasiada gente y el aire acondicionado no puede estar mejor ajustado. Ahí sí que charlamos todos con todos y eso ya se empieza a parecer a una fiesta redonda. Planeo con AGr y con C las vacaciones que nos esperan y decidimos tranquilizarnos porque nos estamos empezando a pasar con nuestras expectativas. No queremos decepciones. También hablo bastante con una chica del grupo que tiene la cara más interesante que he visto en mucho tiempo. Tras nuestra intrascendente y agradable conversación, saco en conclusión que todavía no tengo narices para decirle a nadie cosas como esa que pienso y, en cierto modo, me alegro de reaccionar así. Hoy, desde la distancia, ya no me alegro tanto, pero me quedo con que el viernes me felicité por mi actitud. La inercia pesa más de lo que parece y aún es pronto, creo.


Pasa la noche y la gente empieza a retirarse, tanto que sólo quedamos C y yo con ganas de un poco más. Nos despedimos del grupo con la intención de ir a un local donde andan unos amigos de C y cogemos el coche. A la segunda bocacalle de haber arrancado me doy cuenta de que ya no me apetece salir más ‘oye, mejor llévame a casa, que ya son la seis’. Llegamos y nos quedamos hablando un buen rato en un banco cercano a mi portal. Él también tiene su historia y me la cuenta, aunque el hecho de que haya decenas de cucarachas muertas patas arriba a nuestro alrededor le quita algo de trascendencia al momento. Parece una especie de suicidio colectivo. Acabamos preguntándonos con verdadera curiosidad qué es lo que habrán comido. Habrán echado Cucal, es nuestro veredicto. Nos despedimos y me acuesto convencido de que C se perderá de camino a su casa, al salir de mi barrio, porque es la primera vez que viene y no sería la primera vez que sucede.

viernes, julio 02, 2004

Habilidades

10 HABILIDADES SENCILLAS PARA LOS DEMÁS (EN GENERAL), PERO NO PARA MI

1. Comer con palillos

¿Cómo lo hacéis? Llevo años intentándolo pero siempre se me cruzan los palillos al coger la comida. Me ha intentado enseñar todo el mundo y pongo los dedos bien, apoyo los palillos en el sitio correcto... si lo hago despacio, más o menos tiene un pase, pero si lo intento hacer de forma natural lo único que consigo es que mi trozo gire sobre sí mismo y vuelva al plato. Con el arroz o la pasta me he dado por vencido, sólo me llegan a la boca los trozos que se quedan pegados.

2. Tocar los pitos con los dedos

Me suenan bien los tres o cuatro primeros y luego se acabó porque simplemente se oyen rozar mis dedos sin chasquido alguno.

3. Girar el volante de un coche con dirección asistida simplemente apoyando la palma de la mano en él y dándole vueltas rápido

Parece muy fácil pero a mi siempre me patina la mano. No sé si es mi mano o el volante, pero al final tengo que agarrarlo y emplear el método tradicional.

4. Hacer el saludo trekkie

Incapaz. Imposible dividir mi mano en parejas de dos dedos con la única ayuda de mi mente.

5. Levantar una sola ceja

Nada, sólo consigo poner cara de imbecil cuando lo intento.

6. Controlar el bostezo

Cuando me lo propongo, consigo una mueca espeluznante y se me llenan los ojos de lágrimas. Como alternativa, me tapo la boca con la mano orientando la cabeza hacia mi hombro.

7. Reirme sin llorar

Tampoco lo controlo cuando algo me hace gracia de verdad. Una faena cuando quiero pasar inadvertido en una boda, por ejemplo.

8. Estornudar sin hacer ruido

O sea, amortiguarlo en el momento de la explosión. Soy bastante escandaloso. La última y única vez que lo intenté lancé mocos por la nariz a varios metros de distancia.

9. Abrir botes con tapa de rosca

Soy un flojo para eso. Se me da fatal y me los tiene que abrir mi madre. No soporto ese dolor en las mollitas de las palmas de las manos...

10. Cortar rápido con el cuchillo (tactactactactac)

Mira que llevo tiempo ensayándolo, y nada, voy a dos por hora. Me da miedo, la verdad.

10 HABILIDADES SENCILLAS PARA MI, PERO NO PARA LOS DEMÁS (EN GENERAL)

1. Dibujar (tipo comic)

Poseo una cierta habilidad y rapidez para plasmar en un papel cualquier cosa que me proponga.

2. Malabarismos con tres bolas

Soy una máquina, teniendo en cuenta que no le dedico mucho tiempo. Reconozco que hace varios años tuve una época en la que practiqué obsesivamente y aprendí mucho. Recientemente lo intenté de nuevo después de bastante tiempo sin tocar una bola y no había perdido demasiado.

3. Enhebrar agujas

Tardo cinco segundos como máximo a partir del primer intento, soy un mito en mi familia. Tengo un pulso lamentable, que en esas ocasiones no me falla.

4. Ruidos con la mandíbula y el dedo gordo del pie izquierdo

No tengo ni idea de cómo lo hago pero los chasqueo cuando y cuantas veces quiera. Por respeto a los demás, y educación, nunca lo hago en público.

5. Coger cosas con los pies

Controlo bastante bien mis dedos de los pies. Mi gran hazaña fue jugar una partida de ajedrez con su única ayuda(comiendo fichas y todo). Agotador. Menos tocar los pitos, puedo hacer casi cualquier cosa con ellos.

6. Comer frutos secos lanzándolos al aire

No fallo una. También lo hago con uvas y prácticamente con cualquier cosa del tamaño adecuado, aunque la verdad es que es lo mismo. Alcanzo alturas de lanzamiento muy respetables y, al mismo tiempo, considerables probabilidades de diente roto.

7. Girar un brazo hacia delante y el otro hacia atrás al mismo tiempo

O te sale, o no te sale. A mi me sale.

8. Aros de humo con la boca

De las mejores del mercado. Velocidad de ejecución y óptima densidad del humo son características imprescindibles de una buena rosca de humo, las cuales domino.

9. Apnea

Minuto y medio debajo del agua. Suficiente para agobiar a mis amigos.

10. Ésta no la puedo contar

miércoles, junio 30, 2004

Mi propio sueño lúcido

Me voy a casa tras siete horas trabajando. Cuando entré por la mañana hacía una temperatura perfecta, pero ahora hace un calor que no hay quien lo aguante. Menos mal que sólo tengo unos metros desde la puerta del edificio donde está mi oficina hasta la boca de metro. Un chaval del Burger reparte ofertas a pleno sol y tiene pinta de estar pasando un mal rato porque está abotargado, pero sonríe sin parar, así que le cojo los tres panfletos que tenía en la mano en vez de la unidad obligada. Luego los tiro a la papelera más cercana, rebosante de más de lo mismo.

Tras un rato de metro, llego a casa y me doy cuenta de que los cinco minutos que tenía desde la estación de mi barrio hasta la puerta de mi casa bastan para deshidratar a un hombre adulto. Por favor, cómo he dejado la camisa. Me planteo que a partir de mañana llevaré la chaqueta en el brazo y me quitaré la corbata cuando vaya por la calle a más de cuarenta grados. No recuerdo el día en el que dejé de pensar que iba al trabajo vestido de traje, pero sí recuerdo que al principio me sentía disfrazado. O sea, que algún día entre medias algo cambió y yo no me enteré. Me da rabia no acordarme de ese tipo de cosas.

Pero qué calor. Me pongo más cómodo y miro de reojo un brick de gazpacho que hay en la nevera. Me bebo más de la mitad, dos cuencos grandes, y ya empiezo a sentirme mejor. Como algo más, un poco de pollo del excedente del fin de semana, y me hago un café frío. Me tiro al sofá y no se puede estar mejor. Pongo el ventilador tan fuerte que se me cambia la raya del pelo al otro lado.

Inicio mi siesta y resulta que me da por soñar. Hacía un mucho tiempo que esto no me sucedía, con lo que me gusta. La escena consiste en que yo estoy en mi casa, en la cocina, y está mi bisabuela ahí sentada pelando judías verdes. Algo no encaja pero ya se sabe como son los sueños: de repente tu habitación conecta con el aeropuerto de Barajas y, en vez de alucinar, tú único agobio es averiguar cómo atrancar tu puerta, porque si no se te va a colar todo el mundo en casa. Pues eso, mi bisabuela pelando judías sentada, y yo con ella. Todo va bien hasta que me pregunto qué leches pinta ella en mi casa, si no sale nunca sola. Además, caigo en que murió hace un par de meses. En ese momento me doy cuenta de que estoy soñando y se lo digo ‘yaya, que estoy soñando’.



Debería haberme despertado en ese momento, pero no sucede eso. Es decir, soy consciente de que estoy en un sueño, pero permanezco dentro de él. También sé que podría acabar con todo pero decido no hacerlo. Entretanto, mi bisabuela ha desaparecido y sus judías también. Me quedo quieto con la sensación de ser un privilegiado, de haberme colado en algo, pero me empieza a entrar mucha pena y me salgo del sueño. Eso también lo decido yo.

Me despierto encantado de la vida y sudando muchísimo.

Hace tiempo, leí que a esto se le denomina sueño lúcido. De hecho, hasta existen técnicas para conseguirlos. Yo no las he practicado, pero desde que leí aquella información había pensado bastante en este tema, en lo que me apetecía tener mi propio sueño lúcido, aunque yo no hubiera dado un duro por mi porque ni siquiera consigo ver los dibujos 3D. En fin, que me he pasado toda la vida despertándome en lo mejor del sueño y, ahora, por el mero hecho de averiguar que podía controlarse, resulta que lo consigo.

Pues a ver si repito.

martes, junio 29, 2004

FressCo

A mediados de junio comenzó en mi calendario laboral la jornada intensiva. Está pintada de color amarillo y es una época muy esperada durante todo el año porque te puedes echar la siesta. También comes en casa y dispones de más tiempo para poder hacer lo que te parezca. Nadie está en contra y, pese a que mis ojeras acusan los madrugones con unos tonos oscuros realmente impactantes, cada mañana los compenso con cuatro cafés antes de las once.

Si la jornada intensiva tiene algún inconveniente, éste es que hay días en los que llega la hora de marcharse y aún no has terminado tu trabajo, porque las mañanas cunden muy poco. De esos días, un 95% decides dejar el asunto para el día siguiente y el 5% restante coincides con alguien que está en tu misma situación y te convence para que te quedes a comer y, así, seguir trabajando un rato por la tarde. Cuando tomo yo la iniciativa, directamente suplico para que no me dejen solo.

La semana pasada me quedé con N. y decidimos ir al Fresco. El Fresco es un restaurante tipo buffet libre que está en la calle Sagasta y su tarjeta de presentación es que está especializado en ensaladas y pasta por un precio bastante razonable. Al resto mis compañeros no les hace demasiada gracia y, después de haber ido un par de veces cuando nos enteramos de que existía, nunca más se supo de él. En cambio, N. y yo tenemos mucha química con este sitio y no nos apeteció dejar pasar esta ocasión tan buena para acercarnos por allí. Además, estamos en verano y ¿qué mejor idea que comer de ensalada?

UNA VEZ EN EL FRESCO

Te pones a la cola y te pillas una bandeja, un plato, cubiertos y servilletas. Colocas todo esto en esa carretera para bandejas que tienen todos los buffet y arrancas.

En el Fresco disponen, y hablo de memoria, de unos veinticinco boles-palangana con distintos productos vegetales para confeccionar tu ensalada. Por mi naturaleza ansiosa yo soy de los que no dudo en incorporar cada ingrediente que va surgiendo en el recorrido y, claro, al cuarto bol ya estoy usando el tenedor para crear nuevos huecos en mi plato. Cuando, hace ya tiempo, decidí liberarme del concepto de ensalada bidimensional y me apunté al de la ensalada multicapa, el problema quedó resuelto sin mayores complicaciones y obtuve un grado de satisfacción muy alto.

Pese a este éxito, no existe forma posible de evitar el reto de los tomatitos cherry. Su fantástico efecto explosión al morderlos los hace indispensables, en un número no menor a diez unidades, en toda ensalada de cierto nivel. Esto resulta incompatible con la ubicación del producto al final del recorrido y la saturación del plato a esas alturas del trayecto. Si fueran otro ingrediente cualquiera, sería fácil construir una montañita con ellos coronando la ensalada, pero resulta que carecen de la propiedad del apilamiento. De hecho, es fácil comprobar como la gente sin experiencia trata con cuidado de imitar las obras de Escher a la hora de colocar sus tomatitos cherry, consiguiendo únicamente que salgan rodando o botando por todo el restaurante. Mi táctica consiste en dejarlos para el final, comerme dos o tres mientras me los estoy sirviendo, para calmarme un poco, y clavar el resto por presión en la ensalada, de uno en uno. Otra rotunda victoria asegurada.

Tras comerte tu creación, que en cualquier otra situación serviría para alimentar a unas cinco personas, te planteas el tema de probar la pasta. Lo lógico sería tomarse un café y olvidarse de ello, pero si vas acompañado por alguien no es difícil hacer un esfuerzo. Te coges un plato nuevo y aquí no ha pasado nada. La última vez, cuando fui con N., la cosa se desarrolló así en el estand de la pasta:

N.: ¿Qué nos ponemos?
D.: Deberías probar los espaguetis con salsa de queso.
N.: Vale

(nos servimos espaguetis con salsa de queso)

D.: ¿Qué me dices de un poco de pizza?
N.: fffff....
D.: ¿Ni un poquito para probarla?
N.: Paso, paso, estoy que reviento
D.: Lleva palmitos, mira
N.: ¿Palmitos?...

(trozo de pizza de palmitos para cada uno)

D.: ¿Eso que es?
N.: Parece revuelto de gambas y ajetes
D.: Muy rico no?
N.: Si que tiene buena pinta
D.: Coge un poco más de pan

(cucharada de revuelto en el plato al instante)


Por supuesto, nos lo comimos todo.

Al final, nos dejamos llevar por la cordura y paramos ahí. N. y yo nos miramos y valoramos la posibilidad de atacar un postre, aunque finalmente nos echamos atrás y nos despedimos sólo con un café para no estropear nuestra jornada laboral de la tarde. Pese a estar completamente de acuerdo con la decisión tomada, si echabas un vistazo a las composiciones que habían diseñado algunos, te llegabas a asombrar de la altura que podía alcanzar un trozo de pudding con unas cuantas vueltas de helado de máquina convenientemente enrolladas por encima. El problema es que, más que empacho, lo que se sentí al verlo fueron unas tremendas ganas de superarlo. Era enfermizo.

Sólo decir que he comprobado cómo las ensaladas se han rebelado, y que no queda mucho tiempo para que los torreznos se conviertan en los ex-reyes de las calorías.