A las dos y media del viernes Elliot y yo nos esfumamos de la oficina como billetes de veinte euros durante un fin de semana. Nos cambiamos en su casa, recogimos a su mujer y a una amiga de ella y pusimos rumbo a Altea sin más dilación. Durante el camino yo iba pensando "verás tú, un fin de semana entero con creativos publicitarios, MTV... como esto sea una competición de egos y coolismo se me va a hacer bien largo el fin de semana..."
Pues no, lo que me encontré fue un grupo de gente majísima con la que he pasado tres días de relax, risas, comida y solyplaya. Ni un minuto de desperdicio, vamos, que cuando nos hemos despedido una chica ha llorado y todo.
El sitio
Altea. En casa de los padres de Elliot, que tiene la terraza más grande y bonita en la que he estado en mi vida. A pie de playa y aislada. Perfecta.
La gente
Dieciséis en total. Ocho chicos y ocho chicas. Media de edad, unos treinta años. Dos parejas. Amigos de la mujer de Elliot, del trabajo, de la infancia... Amigos directos de Elliot, sólo estaba yo, y es que la fiesta era por el cumpleaños de su mujer.
El rollo
Viernes
Cena el en un restaurante de la playa. Chipirones rellenos, ensaladas, salazones y un arroz a banda que se salía.
Copas en casa de Elliot
Copas en el pueblo hasta las mil
Sábado
Playa por la mañana y paseos en la zodiac de Elliot, la estrella indiscutible del fin de semana.
Picnic en la playa a base de bocadillos de jamón con tomate , kilos de gambas y sandía sin pipas.
Siesta comunal en la terraza de Elliot con grandes fotos para el recuerdo
Barbacoa en la terraza de Elliot con la mayor cantidad de comida vista hasta el momento. Triunfadores de la noche: mis cinco kilos de mejillones naturales en sofrito de hortalizas, las endibias con salsa de yogur griego con sopa de cebolla de sobre, hecha por la hermana de Elliot. Además, brochetas gigantes, barcoa a saco y cerveza infinita. Fruta.
Copas, regalismos a la mujer de Elliot y pedo general.
Domingo
Más playa. Más Zodiac. Más barbacoa. Pasta con la salsa de los mejillones que sobró del día anterior. Limpieza de la casa.
Las anécdotas
1) El domingo por la mañana, Elliot decidió llevarnos a todos en la Zodiac a esta isla que sale en esta foto tomada desde una esquina de su espléndida terraza
Como había que hacer varios viajes, otros dos y yo decidimos ir nadando, a pesar de que la isla estaba a un kilómetro y pico de distancia desde nuestra casa, ya que pensé que con las aletas no sería muy complicado llegar hasta allí. Hicimos bastante bien la primera mitad del recorrido, bancos de medusas aparte, y, además, veíamos de vez en cuando a Elliot yendo y viniendo con la lancha asegurándose de que la cosa iba bien. Cuando llevábamos unos tres cuartos de la distancia, empecé a notarme cansado, el mar estaba bastante rizado, me entraba algo de agua por las gafas y las piernas no me respondian tan bien como al principio, y es que mover unas aletas no es tan fácil como parece. Noté como los otros dos empezaban a alejarse de mi y no podía evitar que la visión del fondo marino, allá abajo, me resultara cada vez más agobiante. Me oía respirar y los músculosde los muslos empezaban a vibrarme de esa forma en la que lo hacen cuando están a punto de contraerse súbitamente. En un momento dado me dí cuenta de que no llegaría, de que no podía más. Intenté descansar un rato, pero el verme sólo entre tanta agua me hacía imposible estar relajado. Miré a la isla, todavía lejana, y vi que la lancha estaba ya amarrada, lo que quería decir que Elliot se había ido con el resto del grupo a la parte de atrás del islote, pensando que nosotros llegaríamos sin problemas. Sin ponerme demasiado nervioso concluí "como esto siga así, me ahogo en cinco minutos". Y la cosa no tenía pinta de ir a cambiar en cinco minutos.
Pero entonces la potra Dwalks hizo acto de presencia y divisé a unos cincuenta metros a mi izquierda una boya como una olla. Fui hasta ella con la moral por las nubes y me agarré a ella como a un pecho femenino. A lo lejos, mis dos acompañantes se dieron cuenta de mi situación y me gritaron si estaba bien. Y yo les levanté el pulgar y les voceé que avisaran a Elliot para que me rescatara con la barca. Y ahí me quedé, agarrado a mi boya roja casi media hora pensando que si no hubiera estado ahí , ahora mismo estaría escribiendo un post sobre un Dwalks compartiendo algas con los pececillos y las medusas del fondo del Mar Mediterraneo. Así de sencillo, de verdad.
2) En la fiesta del sábado por la noche, uno de los chicos se quedó dormido en una tumbona de la terraza de Elliot. Era tarde y había sido un día intenso, así que todos pensamos que se debía al cansancio. Se nos ocurrió en ponerle por encima los globos de la fiesta para sacarle fotos. Cuando le pusimos todos los globos, empezamos a colocarle los remos de la barca y acabamos decorándole con cualquier cosa que tuviéramos a mano: aletas, una sandía... Aunque intentábamos hacerlo con cuidado para no despertarle, debido a nuestra no disimulada tajada a veces le golpeábamos sin querer o se desmontaban nuestras estrucuturas sobre él. Acabamos pensando que se estaba haciendo el dormido para seguirnos la gracia, porque era imposible que no se hubiera despertado con tanto trajín y con el descojone general que allí reinaba.
Pero cuando se levantó de imprevisto entre arcadas y echando las papas a tutiplén en una bolsa que alguien tuvo la habilidad de ponerle a tiempo, entendimos que no había fingido en ningún momento y que todas las fotos que hicimos, eran documentos verídicos. "Es que yo le he visto beberse como quince botellines de cerveza esta noche" comentó una chica al rato.
Gran fin de semana. Este es uno de los paseos que nos dio Elliot por allí con su lanchita, visto también desde su terraza.
