No sé si lo he dicho alguna vez, pero mido 1,88 y peso unos 82 kilos. Esto viene a cuento porque el otro día Nepomuk me puso un comment en el que se mostraba muy sorprendido con el hecho de que la chola que situé tan dignamente junto al cigarro-hucha que me compré (que ya aloja 20 eurazos) era un número 44. No sé, a lo mejor en las fotos que he puesto en el blog parezco más bajo, pero la realidad es que soy bastante alto.
En mi tierna adolescencia, yo era el típico alto jirafa de la clase: alto, tirillas y desgarbado. Mi madre siempre andaba con que andaba gacho y con que me estirara “anda derecho dwalks, que pareces un etíope”, pero mi madre no se daba cuenta de que yo tenía complejo de alto porque las niñas que me gustaban me llegaban por los muslos prácticamente, y eso a los quince años era un trauma que generaba chepa (ahora sería la altura perfecta, cuñaao). En serio, era flaco flaco. Comía como una lima, pero entre que todo el día andaba haciendo deporte y que estaba continuamente pegando el estirón y con fiebre, mis costillas siempre permanecían perfectamente legibles y salidas, al igual que mis articulaciones y mi nardo. Además, como crecía tanto, mi época entre los trece y los dieciocho años siempre será recordada por la cantidad de vasos que tiré en la mesa al ir a coger la sal o el pan, y por la amplia variedad de bofetones que sacudí con las manos a mi familia y amigos al señalar hacia algún lado, pues la triste realidad era que no dominaba mi cuerpo porque crecía más rápido que mi mente. Algo así como lo que le pasa a las chicas cuando empiezan a echar tetas y se dan con todo, pero en versión íntegra. Me sentía muy ridículo y odiaba a mi madre por ser tan alta. Menos mal que Chs, Kurt y todos estos eran también unas torres, porque si no me hubiera acabado tirando a las vías o algo. Cuando iba a Asturias era un drama porque mi primo y sus amigos eran más bien de talla recortada, pero como eran todos iguales pues eran felices y me miraban en plan “no sé como puedes vivir así”.
A los dieciocho años me machaqué la rodilla y algo empezó a cambiar en mí. Dejé de hacer deporte durante aquel año, pero las papillas de galletas en colacao trituradas con extra de frostis para merendar seguían inalterables, así como las bestiales comidas y cenas que me apretaba a diario. Empecé a echar cuerpo y la gente me decía que estaba más fuerte, que me estaba haciendo un hombretón. Por mi parte guay, así que seguí sin hacer casi deporte y dándole a la manduca como un descosido. Empecé la universidad y ahí se me fue de las manos el asunto. Entre que me eché novia y que comía mínimo dos bocadillos de tortilla de patatas entre el desayuno y la comida, esos kilos que tan bien me habían sentado hasta la fecha, generaron un Dwalks tipo paisano que empezaba a tener panza y culopollo. A mi me daba igual, porque entre lo agobiado que estaba y que el tema folleteo lo tenía solucionado, las raciones de patatas dos salsas, palmeras, triángulos y cuernos, seguían cayendo como pistachos en cualquier momento del día. Regados con cocacola, claro.
A los 24 años me operé de la rodilla y dos meses después, en la recta final de mi sedentaria convalecencia, pesaba noventa y seis kilos (con ropa de invierno y recién comido, cien). Me veo en las fotos que me hice en aquella época y parezco un capataz. Y no digamos en las fotos de las bodas a las que fui, dónde recién comido y bebido, directamente era un señor de cincuenta años a punto de infartarse. La verdad es que gracias a mi estatura nunca es que estuviera gordobola, pero si que estaba como abotargado y como muy de comer fritos y casquería. Así que con esta información y con todo el respeto del mundo a los que no les importaba el sobrepeso, decidí tomar cartas en el asunto.
Aproveché mi rehabilitación de la pierna para ir además al gimnasio en general y empezar a controlar la comida. Me costó cambiar mi hábitos, sobre todo el picar entre horas y el tripitir de arroz y macarrones, pero finalmente conseguí, al cabo de un año, quedarme en 85 kilos bastante prietecitos. La verdad es que estoy bastante orgulloso de aquel año y de lo disciplinado que fui. Estos últimos años he sido bastante más irregular con el deporte, empecé a trabajar, a viajar, me volví a fastidiar la rodilla y tuve que operarme de nuevo… pero milagrosamente he mantenido mis hábitos alimenticios sin esfuerzo y el peso lo he controlado como no me hubiera imaginado nunca. Incluso he bajado, sin hacer nada en especial, varias veces hasta 80 kilos. Ahora me he instalado en unos cómodos y resultones 82 kilos sobre los que voy fluctuando, par de kilos arriba, par de kilos abajo a lo largo del año, pero lo cierto es que con la guerra que me ha dado la dichosa rodilla, el tema deporte lo he abandonado bastante estos últimos tiempos. A ver si me tomo en serio lo del gimnasio, y lo del deporte en general este año, y consigo llegar a los treinta físicamente mejor que a los veinticinco, lo que sería por mi parte una entrada en la vejez bastante prometedora.
Y encima sin fumar, ole.
martes, septiembre 06, 2005
Pesografía Dwalks
lunes, septiembre 05, 2005
Al fin venganza
Viernes, 4:30 de la mañana y por motivos aún desconocidos estoy bailando bastante cocido con PrimoG en el Ochoymedio. Me refiero a que no suelo salir con PrimoG por la noche porque le veo como cada seis meses, y casi siempre por motivos multitudifamiliares. Además, habíamos quedado únicamente para tomar unas tapas rápidas en Guzmán el Bueno, ya que él había venido de Valencia ese mismo día y estaba cansado del viaje.
guzmanelbueno, goodmanelbueno, goodmanelgoodman, guzmanelgudman
PrimoG es el crack de la familia. Tiene tres años menos que yo y con dieciocho años se forró considerablemente (y legalmente, cuidado) creando una de las páginas pornográficas más conocidas de este país. La conocéis casi todos y aún sigue activa, hasta ahí puedo leer. Moralidades aparte, PrimoG es probablemente la persona más inteligente y emprendedora que conozco, porque la página guarra es simplemente una de tantas cosas que ha hecho, cada una distinta y más ambiciosa que la anterior. La verdad es que admiro la capacidad que tiene para hacer bien todo lo que se propone, tiene algo distinto, nació con ello y le ha sacado partido.
El caso es que andábamos ambos bailando en el Ochoymedio cuales peonzas cuando de repente voy y ligo. Una chica que estaba bastante bien y en la que nos habíamos fijado al entrar al local se me acerca y tras una excusa tonta se pone a hablar conmigo muy suelta, algo contentilla, como yo, pero muy enrollada. Y yo encantado, a ver. Que si patatín, que si patatán, que si me reía todas las gracias... pues fenomenal, mi vez que mejor, agradeciendo mi suerte, e incluso sorprendiéndome un poco de la actitud tan directa y receptiva de esta tía, pero sólo un poco porque, la verdad, es que pensé que había ligado y punto, que tenía el guapo subido y que bueno, que tampoco era la primera vez que me pasaba en la vida y que era mi día fetén. Y así de bien estuvo la cosa cuando a los diez minutos de conversación , se produce el siguiente diálogo:
Ella: Oyeee...,¿por qué no me invitas a una copitaaa...? - con su cara a medio milímetro de la mía.
Yo: (decepcionado instantánemente)- Esss... que... ya he bebido mucho... voy a parar un poco y tal... Si quieres te acompaño y te pides tú una- sonriendo buenrollísticamente
Ella: Va vengaaaa... invítame... que ya no me queda dinero y me lo estoy pasando muy bien contigooo... (con la cara a un cuarto de milímetro de la mía). Porfaaaa...
Podría haberle dicho que no, que por el simple hecho de pedírmela ya no la invitaba, que si se hubiera esperado diez minutos, probablemente hubiera sido yo el que le hubiera ofrecido tomar algo, pero que así no. Y se hubiera ido al instante a buscar a otro que la invitara sin soltarle charlas paternalistas. Podría haberle dicho que era una robacopas, así directamente, y que las robacopas son una especie que ultimamente abunda bastante y que me parece lamentable que las tías que están medio buenas se aprovechen de sus encantos para cocerse por el morro. Y se hubiera ido más rápido todavía y soltando improperios, supongo. Podría haber llevado la cosa un poco más lejos y haber comprobado hasta dónde hubiera llevado ella la farsa antes de conseguir la copa, más que nada por curiosidad. Pero ni valgo yo para esas cosas, ni me apetecía ya tirar por ese camino, la verdad... Así que la decisión que tomé estuvo basada en mi propia experiencia, en la vez que, hace ya tiempo, me sucedió algo parecido y en cuanto le llevé la copa inocentemente a la chica que me había entrado en cuestión, se fue a bailar otra vez con sus amigos, una vez le hubo dado un par de traguitos junto a mi, por cumplir y eso. Pocas veces me he sentido más gilipollas en mi vida.
Así que en esta ocasión le dije que ok, le pregunté que qué quería, "gintonic, cielooo, muchísimas gracias", fui a la barra, pedí el gintonic, me acerqué con el gintonic al lugar donde estaba la robacopas, me sonrió, se lo ofrecí, estiró sus manos para cogerlo, lo retiré, me lo empecé a beber delante de sus narices y le dije que hasta luego, que me iba con mi primo. Le di dos besos (no correspondidos) y me lleve mi gintonic.
También se me ocurrió un frase superbuena para decirle, pero diez minutos más tarde. Qué rabia.
jueves, septiembre 01, 2005
Ahorrando la panoja
Como parte de la operación que Agr y yo hemos puesto en marcha para conseguir dejar el jodío fumeque (cuatro días sin dar una calada ya!!), hoy hemos quedado para comer juntos después de trabajar con el fin de llevar a cabo una nueva etapa de nuestro esperemos que infalible y exitoso plan.
Pues bien, tras la comida nos hemos ido a Vinçon, una tienda muy chula de regalos y menaje de diseño que está en la calle Castelló, a la altura de Jorge Juan. Allí hemos adquirido sendos cigarros-hucha que nos permitirán ir ahorrando la panoja que no nos fumemos durante nuestra abstinencia. Será una especie de símbolo de nuestro triunfo diario sobre la nicotina. Para que os hagáis una idea, he puesto mi cigarro-hucha al lado de una de mis cholas, que son un número 44:
La cuestión será ir introduciendo cada semana lo que hayamos ahorrado, una vez que ya podamos decir que NO nos lo hemos fumado. Como en ambos casos nos empotrábamos un paquete diaro para el pecho, hemos decidido meter cada semana veinte euros en el cigarro-hucha. Si todo va bien, hemos calculado que para el verano que viene tendremos ahorrada la bonita suma de 600 euros cada uno, con la que las vacaciones serán de todo menos caras. Es brillante, es brillante.
También hemos dicho, bueno, más bien lo he dicho yo, temiéndome la naturaleza excesiva de Agr, que no vale meter los 600 euros mañana para poder seguir fumando como si nada. Es que me lo conozco, que ya pagó el año pasado todo el gimnasio por adelantado y luego no juntó ni un mes entre todos los días que fue. Agr, disciplina, que el cigarro-hucha es un apoyo, no una billetera.
Tampoco vale echar mano de la pasta ahorrada cuando vengan en navidades los tiempos difíciles en el plano económico, ya que no debemos olvidar que ese dinero nunca existiría si hubiésemos seguido fumando, aunque eso me preocupa menos, porque para abrir el cigarro hucha hay de destruirlo.
En fin, que me voy a dar una vuelta con Kurt, que como no fuma no me dará tentaciones. Me llevo los nicorettes.
miércoles, agosto 31, 2005
Sonambulismos
El otro día en Altea, Agr les contó a todos durante la cena que yo por las noches, cuando duermo, hablo como una portera. Esto venía a cuento porque durante los días que pasamos juntos en Getxo, por lo visto, una noche le solté un discurso incoherente que le dejó bastante sorprendido, pero como no entendió nada, pues se dio la vuelta y siguió durmiendo, dejándome solo con mi ponencia onírica. Lo mío con el sueño comienza a ser preocupante, primero porque viene ya de lejos, y luego porque tengo un repertorio de conductas inconscientes tan amplio que me desasosiego al pensar de lo que puedo llegar a ser capaz mientras estoy sobando.
Hoy ha vuelto a suceder.
Me he despertado y lo primero que he hecho ha sido ir a la ducha sin desayunar siquiera porque estaba seguro de que me había dormido y llegaría tarde al trabajo. Ni me lo he pensado. Me he duchado y cuando me iba a afeitar me ha sorprendido la poca barba que tenía. ¡Plop! Ahí se ha establecido mi conexión con el mundo de los lúcidos, y es cuando he caído en que en realidad lo que había ocurrido es que me había levantado de la siesta medio sobado a las cinco y media de la tarde y al ver tanta luz he pensado que me había dormido por la mañana. El problema es que me quedo en un estado medio despierto medio dormido que me hace dar por ciertas situaciones ilógicas como las de esta tarde. Ni siquiera he caído que mi madre estaba viendo la tele en el salón o que hacía un calor como el que hacía esta tarde. Yo a mi bola porque he visto superclaro que tenía que ir a currar, que me había dormido y que mi objetivo era ducharme sin perder ni un segundo... Genial, yo dispuesto a ir al trabajo por segunda vez en el mismo día y mi subconsciente diciendo que le parece perfecto, que adelante, que me duche...
Si miro hacia atrás en el tiempo no me es dificil encontrar en mi historial versiones matutinas de más de lo mismo. Me acuerdo que en tercero de BUP encadené una racha delirante que empezó un día cualquiera de invierno en el que me levanté para ir al colegio como cada día, desayuné mis crispis, me duché, me lavé los dientes, me engominé y me eché la colonia preferida de la tía que me molaba, me puse mi uniforme y, cuando estaba metiendo los libros en la mochila apareció mi padre sin sus gafas y con lo ojos inyectados en sangre por el sueño preguntándome en pijama que qué cojones hacía vestido a las tres y media de la mañana. ¡Plop! Sólo en ese momento caí en la cuenta y recuerdo que me quedé bastante sorprendido, miré el reloj, miré a mi padre le dije que no entendía nada, que estaba convencido de que era la hora. Me volví a poner el pijama y me volví a la cama con la gomina y perfumado. Lo peor es que en los dos meses siguientes me tuvo que volver a sacar un par de veces de la ducha por el mismo motivo. Yo ahí, tan pancho, lavándome la cabeza a las dos de la mañana y mi padre sin las gafas pegando porrazos en la puerta del baño... mataría porque alguien lo hubiera grabado.
A veces pasan otrs cosas. De repente se ve que me levanto y me parece completamente coherente salir de mi habitación, abrir la puerta de la calle y meter el felpudo en casa. Y ahí lo dejo hasta que mi madre, que es la primera que se levanta, lo ve y lo saca fuera otra vez. Qué cosas. Me gustaría poder decir que no soy sonámbulo, porque soy consciente de lo que hago y me acuerdo después de todo, controlo ms acciones y las recuerdo perfectamente al día siguiente, pero cuando hago ¡plop! y reacciono, simplemente no entiendo como no me había dado cuenta de la absurdez de mis actos. Tienen tanta lógica cuando los pongo en práctica que me quedo un rato aturdido al volver a la realidad.
Eso cuando reacciono, porque más de una mañana me he encontrado con el mando de la tele y del Madritel entre mis sábanas, lo que sin duda quiere decir que en algún momento de la noche me fui tranquilamente al salón, los cogí y me los llevé a la cama sin darle más vueltas. El caso es que luego lo recuerdo cuando lo pienso, recuerdo mi camino al salón y mi vuelta al dormitorio como el que recuerda difusamente que en algún momento de la noche hizo un pis o fue a beber agua. Tan simple como eso. También dispongo de una amplia gama de frases célebres dirigidas a JWalks, como por ejemplo "el mundo es una cremallera" o "haz el favor de apagar los champiñones", entre otras, en algunos casos en los que me he levantado muy dormido y me lo he encontrado demasiado pronto en la cocina o en el baño. El a estas alturas ni se inmuta, se me queda mirando con cara divertida, yo le miro también hasta que me doy cuenta del sinsentido y se acabó, cada uno a lo suyo. No es muy frecuente pero tampoco es raro.
Otro clásico es el de las figuritas que tengo en la pared de mi cama. Son unas figuras que a Kurt le parecen horribles y que mis padres compraron en Brasil allá por los setenta. Cuando se cansaron de ellas y las guardaron, yo decidí (tendría unos quince años) recuperarlas y ponerlas en mi habitación, que estaba un poco sosa porque había quitado y tirado todos mis posters tras haber pintado la casa. Las puse hace catorce años y ahí siguen, ahí siguen y seguirán hasta que me vaya, Kurt.
Digamos que la configuración tradicional de las figuritas es ésta:
Pues resulta que cuando me levanto por la mañana, es una incógnita la disposición de mis músicos brasileños, porque ya me he encontrado de todo.
Caso A: Descuelgo uno y lo dejo por ahí o duermo con él
Caso B: Me trono mucho y los quito todos
Caso C: Decido ser creativo y permuto sus posiciones.
Esto me da un poco de cosa porque es el único caso en el que no me acuerdo de haberlo hecho cuando despierto a la mañana siguiente...
Para los anales de la historia quedará aquel día en el que durmiendo en la casa de Chs en un pueblo de Ávila, su madre me intentó despertar poniéndome dulcemente su mano sobre mi mejilla y susurrándome que ya era la hora, y yo, efectivamente, me desperté, me incorporé, la miré a los ojos y le dije muy serio y muy borde "te quires callar de una vez, coño". A la décima de segundo de pronunciar estas palabras hice ¡plop! y quise morirme. Creo que le pedí perdón cien millones de veces. Menos mal que se dio cuenta y se lo tomó a bien porque creo que ha sido una de las situaciones más embarazosas que he vivido desde que nací... Chs, que dormía a mi lado y ya conocía mis desviaciones relativas al sueño, se descojonaba y se sigue descojonando cuando se acuerda.
Últimamente, y me refiero a los últimos cinco años o así, creo que cada vez hago menos cosas raras por las noches, cambios de figuras brasileñas y charletas aparte, que siguen siendo clásicos, pero creo que tener el control de esto es algo que está tan fuera del alcance de mi mano que supongo que deberé acostumbrarme a vivir con ello. La parte buena que tiene es que por lo visto soy muy tranquilo, no me pongo ni agresivo ni nada y los que me han visto en acción dicen que no doy mal rollo cuando les hablo por la noche ni cuando hago mis performances. Y si no que se lo digan a Would cuando nos fuimos a Barcelona (ver comentarios).
Um! Creo que tengo que hablar con Nepomuk para que me de datos sobre los médicos que le han hurgado en la cabeza, que puede que me tengan que meter mano a mi también o algo, aunque de momento me limitaré a alegrarme de su regreso.
martes, agosto 30, 2005
Dwalkstrong
Segundo día de mi regreso al mundo rutinario y todos mis planes siguen en pie, incluso hoy he conseguido ser productivo para mi empresa y he rendido bastante dignamente durante mi jornada laboral. He descubierto que el éxito de un día de trabajo reside en los primeros quince minutos del mismo. Si llegas a la ofcina y en vez de meterte en internet en busca de actualidad deportiva, o abrir los e-mails que ponen títulos tan sugerentes como "RV: Peazo tetas tiene la muchacha", decides abrir un correo de trabajo o meterte de lleno con un expediente pendiente, es muy probable que ese día rindas bastante y, lo que es mejor, que gran parte de la mañana se te pase volando. Desde ahora la consigna será tener algo empezado antes de las nueve. Y luego el café.
Sigo sin fumar y sumando. Dos días casi ya. Mi adicción a los chicles Nicorette es un hecho que de momento no me preocupa porque mi objetivo a priori es no caer en el cigarro. El problema es que estos chicles estos pican muchísimo los primeros diez minutos y me pongo a toser y a lloriquear como si me fumase un cartón de Bisonte nada más levantarme, por lo que mis compañeros más cercanos sospechan que fumo a escondidas y no hay manera de convencerles, pese a que les digo que me huelan los dedos para que vean que no es así. Me da rabia. De todos modos no me importa lo que piensen porque milagrosamente estos chicles funcionan bastante bien y consiguen que mi mente se aparte de las profundas y espesas caladas que tanto placer me proporcionaban a diario. Dwalks ya no fuma, Dalks come chicles. Y además, de momento tampoco he caído en la masturbación compulsiva que tan a mano tenía, así que puedo decir con la boca bien llena de Nicorette que a día de hoy tengo pleno control sobre mi cuerpo y que me siento muy ninja, muy zen y muy macho.
Hoy he hecho pierna en el gimnasio. Ayer hice tronco y hoy ha tocado pierna. Todavía no voy realmente en serio porque mi cuerpo no está acostumbrado a levantar hierro y, según órdenes de mi gurú CF, debo estar dos semanas tonificando y purificando mi organismo. Dos días a la semana haré tronco (tronco quiere decir todo lo que no sea pierna) y dos días haré pierna (pierna quiere decir las dos piernas). Tambien hago veinte minutos de bici al final. Creo que voy a dejar de leer revistas de fitness mientras hago bici porque a partir del minuto diez o así rompo a sudar y pongo perdida la revista. Hoy, por ejemplo, le he lanzado un goterón de sudor a un primer plano de Leticia Dolera que le ha desfigurado media cara. No quiero pensar que le estaba merecido, porque esta tipa dice (siendo fiel a la entrevista de ella que leía en la revista) que se toma muy en serio sus papeles porque se ha dado cuenta de que cuando va al cine a ver comedias románticas con sus amigas, éstas quieren ser y hablar como la protagonista durante la semana siguiente, motivo por el que ella se siente muy responsable de las adolescentes españolas cuando hace su trabajo. ¿Qué?... Empiezo a dudar de si esa gota de sudor se la ha enviado la justicia divina en vez de mi punta de la nariz, por pedorra y por petarda . Leticia Dolera, te lo digo, el próximo día que vuelva a leer algo como eso, juro que no tendré compasión y me deshidrataré sobre tu rostro.
Por último, un tema pendiente. Los que leáis este blog habitualmente sabréis que hace tiempo sorteé un Qwalks entre aquellos que tuvieran un blog activo, que iría a parar al poseedor del blog más antiguo. Pese a que por algunos momento Mordiscos de Realidad se erectó pensando que el Qwalks iría a parar a sus manos, al final fue Uma B. con su estupendo Ambivalence quien se llevó el patito. Pues bien, poco antes de agosto y en plena crisis bloguera mía, viajé un día con Kurt a la sierra madrileña a visitar la morada de Uma, Pablo y su pequeño Bruno, a quien aún no había tenido el gusto de conocer, y aproveché este evento para hacerle la entrega oficial del Qwalks, del que dejo documento gráfico para que veaís que ni soy un sinvergüenza, ni esto es una farsa.
Uma B., con su merecido Qwalks (a todos los oportunistas: el anillo de casada ha sido incluido en la foto intencionadamente, ahorraros los piropos via e-mail a su sonrisa)
La nueva familia de Qwalks III, ahora Qwalks B., fomada por dos patos adoptivos alopécicos y una gallina institutriz.
lunes, agosto 29, 2005
Hola
Y va y no se me ocurre otra cosa que resucitar mi blog el mismo día que vuelvo al trabajo, dejo de fumar y vuelvo al gimnasio por sexta vez en este año. Casi nada.
Vuelta al curro
Un mes de vacaciones da para desconectar bastante y no miento si digo (mmcon la boca pequeña) que no ha sido realmente traumática mi despedida de los días de playa, noches, amigos y tocamientos de bolas diversos. Las he aprovechado tan bien que hoy me he levantado de un bote a las siete de la mañana y me he ido a la oficina con la actitud de un tipo muy morenito que tiene ganas de trabajar a tope y planificar su año en condiciones. Esto me ha durado hasta las diez y media de la mañana, momento a partir del cual he comenzado a arrastrarme y a tomar cualquier café que se terciara. Vuelvo a ser yo y mis correos electrónicos y papeles acumulados seguían donde los encontré esta mañana cuando me he vuelto a casa.
Dejar de fumar
Soy lamentable y ahora me toca sufrir. Yo comencé a fumar a la tierna edad de 22 años, cuando se supone que uno ya tiene más que claro si es fumador o no fumador. No en mi caso. Dwalks decidió empezar a empotrarse un paquete diario a esa edad porque sí y no lo dejó hasta los 26. Aguanté dos años sin probar un pitillo hasta que un día en Lisboa me metí en un estanco y me compré un paquete de Marlboro que no dudé en finiquitar en una jornada. O sea, que de los 28 a los 29 volví al vicio cual conserje de apartahotel, sin demasiados remordimientos, vale, pero sí siendo consciente de que era un lapsus que debía tener su fin a corto plazo. Bajo este simple argumento, hoy no es más que el día que elegí allá por mayo para dejarlo. Se acabó. Eso sí, llevo un día con mi padre que no le he tirado por la ventana de milagro, y de verdad que trato de estar tranquilo y mantener mis manojos de nervios bajo el control del Nicorette, pero a la hora de la verdad algo en mi me dice "contéstale, ponle careto, replica, replica, REPLICA AHORA". Y él me busca, me lleva buscando todo el día...
El puto gimnasio
No es por hacer mía la gran frase generada en Cádiz por un tipo con mullet y que rezaba "de siete a ocho me pongo tocho". Esta máxima es grande, ahora es mía y debéis buscaros otra para vosotros, pero el motivo más importante al que me acojo para intentar ejercitar mi cuerpo una vez más no es ese. Ya conté en octubre que me operaron de la rodilla y bla bla bla. Pasa que mi trabajo hace muy difícil mantener una disciplina con actividades semanales, pues viajo bastante y me viene mal hacer mis ejercicios en Praga un miércoles, por ejemplo, pero como la vida es cuestión de prioridades y es un hecho que tengo una pierna muy débil, que no me impide hacer vida normal pero no me permite hacer deporte ni tener excesiva confianza en ella, debo tomar medidas. Para arreglar esto cuento con la ayuda de CF, una de esas personas de las que te puedes fíar en estas cosas y que yo no sé por qué no se me había ocurrido antes, pues aparte de estar más fuerte que el vinagre, sabe un montón de poner en forma los cuerpos humanos y sé que si yo me lo tomo en serio, él me va a llevar al triple mortal y medio rápidamente. Es importante para mi y no cejaré en mi empeño. Dame caña, CF.
A ver lo que sale, que me parece que me he metido en un berenjenal de cuidado con tanto reto.
Por otro lado, mi verano ha consistido básicamente en esto
Del 1 al 4
Madrid. Chs y Lu, dos tempordas de "A dos metros bajo tierra", horas de sueño, Iaies, cholas, reuniones en casa con mis amigos.
Del 5 al 9
Agr, CF, Dwalks en la fiesta oficial del concierto de U2
Cuatro días en Las Arenas (Getxo), haciendo tiempo junto a Agr hasta el concierto de U2 en San Sebastián, donde se nos unió CF. Comimos estupendamente, fuimos al Guggenheim, conocimos Bilbao y fuimos a fiestas populares y eventos diversos. Nos quedamos con ganas de ver un concurso de perritos pony de esos que llevan las ovejas de un sitio para otro a base de silbidos y voces emitidas por un pastor que no se mueve de su sitio. éramos muy fan de esto y lo veíamos por la tele siempre que podíamos.
Del 13 al 21
Agr con los pelos al viento
jueves, julio 28, 2005
Cucattack
En la zona en la que yo vivo tenemos un problema y es que cuando hace mucho calor durante las noches estas de verano, salen las cucarachas al exterior desde el inframundo. En lo que es mi casa no tenemos porque somos gente aseada que no nos dejamos la basura por los rincones y que pasa el polvo todos los días, pero la calle se pone que no es normal a veces. A mi no me dan demasiado asco y simplemente digo egggquegrima cuando las veo, pero JWalks está traumatizado con cualquier bicho negro y gordo desde que era pequeño, porque una vez soñó con seis o siete años que se le comían en su propia cama y todavía no lo ha superado. Les tiene fobia, vamos. Yo tengo vértigo y él tiene fobia, así que como un día estemos los dos en un puente colgante a punto de caerse y aparezca un bicho, estamos jodidos porque nos bloquearemos cada uno con nuestra movida y nos moriremos irremediablemente sin mover un solo dedo, acabando así con la estirpe agnóstica de los Walks. Lo pienso constantemente.
El caso es que desde que unos chinos han puesto una tienda de alimentación casi al lado de mi casa, todos los richar y todas las quinceañeras-foca de mi zona van ahí a comprarse sus kilos de fosquitos, los ganchitos y las chuches, y se sientan a comérselos en los bancos de debajo de mi casa, ya que como están un poco apartaditos de la calle principal, pues así pueden arrimar alguna cebolleta que otra si se tercia. A mi, mientras no se pongan a dar voces (que las dan), recojan los envoltorios de lo que se comen (que no los recogen) o no se dediquen a gapear las farolas (que lo hacen a conciencia), me da igual, aunque sobre todo lo que no me hace mucha gracia que se pongan quince chavales a hacer un botellón debajo de mi ventana, la verdad. El problema es que como no saben comer sin tirar media bolsa de triskis al suelo, cuando llegan las noches calurosas las cucarachas se ponen moradas con estos delicatessen abandonados y se llaman unas a otras, formando numerosos agrupaciones cucaracheras en torno a cada risketo, palo de helado o gominola de turno, lo que es bastante desagradable de ver cuando llegas por la noche. Bueno, si llegas tajado no, porque te la pela todo y si pisas fuerte a su lado, se dispersan todas y te mola. Al principio tenía su gracia y lo hacía de vez en cuando, pero ahora me da más igual y paso de ellas igual que ellas pasan de mí. Se lo digo al día siguiente al portero para que eche bien de cucal por la zona y se controle el tema un poco (insisto, pasa sólo cuando hace mucho mucho calor por la noche, que no vivo en un estercolero, que vivo dignamente). Y por lo menos no soy como esa familia padre-madre-niño-niña que veía a veces desde mi ventana por la noche, que jugaban a pisarlas de un buen rollo tremendo "pApa, ya llevo dies o vinte cucas, pApa!!" y el pApa contestaba "que te se van a gastar lor zapatos chaval, jua jua jua" y los cuatro en ese plan pasándoselo debuti. Zafios.
Sirva esta introducción para entender por qué tiene cierta lógica que, el otro día, una cuca trepadora alcanzara mi segundo piso con habilidad y se colara por mi ventana, que había dejado abierta para poder sobrevivir aquella noche debido al tremendo calor que hacía. Me puse una pinta de agua y todo en la mesilla, que me pimplé íntegra.
Al grano
Yo me levanto diez minutos después de JWalks para coordinarnos con el baño. Mientras uno duerme, el otro desayuna, mientras uno se afeita, el otro se ducha, mientras uno se viste, el otro se peina un poquito... lo normal, vaya. Me levanto diez minutos después que él porque soy el mayor y porque sí, así que cuando sonó mi despertador a las sieteydiezpipipipí me dirigí a darle el relevo del desayuno. Ahí estaba el bueno de JWalks mojeteando plácidamente una madalena en su tanque de café, oyendo la radio y sentado de espaldas a la puerta de la cocina, cuando yo llegué legañoso por ahí. Todo fue muy rápido:
- Llego a la cocina sobado y saludo con un gruñido a JWalks, que me da la espalda en ese momento porque se está comiendo la madalena.
- Con el rabillo del ojo descubro a la antes comentada cuca trepadora, porque cruza veloz la parte izquierda de la cocina
- Pienso que si JWalks se entera, podría tener una regresión a su trauma infantil y quedarse bizco del disgusto si le da un aire en ese momento.
- Cojo un trapo que había por ahí mientras JWalks come madalena.
- Me acerco a la cuca, que está detenida junto al bote de Colón.
- Le pego un trapazo, provocando su fallecimiento al instante.
- JWalks ni se entera
- Miro un rato la cuca espachurrada y la recojo con un papel y la tiro a la basura.
- JWalks se termina la madalena y se bebe el café de un trago, se gira y dice "voy a ducharme".
Cuando me quedo solo en la cocina desayunado, aparece por ahí nuestra madre, que ya casi estaba abriendo la puerta de la calle para irse al trabajo, se lo cuento y me dice con cara de asco que hay que echar cucal por toda la casa. Y que no le diga nada a mi hermano que lo pasa fatal y luego sueña por las noches. Yo le digo que no se preocupe, pero que debería tener en cuenta que JWalks tiene ya 23 años y no puede ir por el mundo diciendo que o los bichos o él. "Ni se te ocurra decírselo que la tenemos". "Le malcrías" "No la líes, anda. Me voy, un besito".
Se va mi madre. Nos quedamos JWalks y yo solos en casa porque mi padre ya se había ido hace un rato. Terminamos de arreglarnos y JWalks termina antes que yo, así que se despide de mi "Bueno, me piro, no curres mucho". "Ale, hasta luego". Y pienso.
Pienso y oigo como abre la puerta de la entrada y antes de que la cierre y se vaya, le llamo desde mi cuarto "JWAAAALKS" "QUÉEEE..." "Ven un momento anda"
Viene
"¿Qué?"
"Antes he visto una cucaracha en la cocina y la he matado. Seguramente se habrá colado por la ventana esta noche, pero también podría llevar un tiempo con nosotros y no sería raro que ya hubiera desovado. Vamos a echar cucal y asunto solucionado, ¿vale?. de verdad que funciona, así que si ves alguna, no pasa nada"
Cara de circunstancias "eh... vale... eh... ¿pero en serio?"
"Sí. Venga, pero que no pasa nada tío, en serio, está controlado"
"Joer... ¿pero en serio?"
"Vete a currar, aaaanda..."
"joer... hasta luego"
Esto fue hace diez días más o menos y de momento parece que duerme bien, pero cualquier día nos despierta a todos a las tres de la mañana entre sudores fríos asegurando que tiene la cama llena de bichos. Me juego lo que sea.
martes, julio 26, 2005
Tatuajes
1976: LosWalks, y meses después PrimaP, PrimoPeibol
1979: PrimoG
1981: JWalks
1982: Chs
1985: Mca
1989: Kurt, Feer
1994: Agr, Elza, Di, Ant, Basket, Rich, J&B
1998: CF
2002: Would, Moz, Elliot
2004: Iaies
lunes, julio 18, 2005
Dwalksazzo
Retomando la vertiente viajes que tan abandonada tenía, mañana me toca irme a Italia, y muy bien porque estoy saturado y necesitaba un respiro. Desaparezco durante tres días y aunque prácicamente no tengo ni idea de lo que me espera, me preocupa cero. Antes sí, cuando empecé en este trabajo recuerdo que me documentaba a fondo acerca de los sitios a los que iba a ir hasta el punto de agotarlos antes de conocerlos. Buscaba páginas de internet de la ciudad, imágenes de los lugares de interés, foros en los que encontrar opiniones de la ciudad, platos típicos, sitios donde comerlos, opiniones sobre los sitios, sitios donde tomarme algo, opiniones sobre los sitios, bancos por si me quedaba sin dinero, tiendas, rutas por la ciudad, opiniones sobre las rutas, previsión del tiempo para ese mes e histórico de precipitaciones relativo a los últimos veinte años, vuelos alternativos, consultaba un poco de la historia del país, me compraba una guía, preguntaba a mis compañeros de trabajo si habían estado ahí y les fusilaba a preguntas en caso afirmativo, aprendía unas cuantas palabras útiles en el idioma local por si acaso (tipo "¿el ketchup es gratis?" o "esta camiseta tiene una tara, regateemos"), hacía una previsión de gastos durante mi estancia para el caso más negativo, para el caso catástrofe y para el caso necesito currar aquí un tiempo para poder volver a España, pedía confirmación vía fax en el hotel de si todo estaba en orden, y confirmación de la confirmación... agotador. Así fue cuando me tocó ir a Eslovenia, y a Canadá, y a estados Unidos en una irrepetible ruta desde los Grandes Lagos hasta el Texas más profundo, mi primera Praga, Munich...
Ultimamente he cambiado de estilo, pero no por desinterés ni porque le haya perdido el gusto a mis escapadas sino todo lo contrario, me pone mucho salir de vez en cuando pero llegó un punto en el que mi nivel de previsión me llevaba a llegar al sitio en cuestión y tener la sensación de que ya lo conocía todo. Llegó un punto en el que casi era llegar y saber donde podía echar un pis en caso de necesidad. Veía los monumentos y casi sabía más de los mismos que el que los construyó, tenía la sensación de haber estado antes y empecé a darme cuenta de que eso conllevaba un punto de decepción.
Así que ahora prefiero llegar allí y visitar sobre la marcha. Así lo hice en Buenos Aires y me fue bien, cada día era un babeo distinto al encontrarme de narices con cualquier cosa. Un plano de la ciudad, una rato en la habitación del hotel diseñando el today-averquehago, un poco de palique con alguien de por allí para no hacer el canelo ni meterme en berenjenales y arreando, que así también salen las cuentas y te vuelves encantado.
Sé que en los tres días que estaré por Italia, recorreré una burrada de kilómetros en coche con un tipo al que ya conozco y que es encantador y se llama Pierpaolo, sé que veré los Alpes y que dormiré en Maróstica y en Bolonia. Sé que la plaza de Maróstica es un tablero de ajedrez gigante en el que todos los años juegan partidas con personas y caballos de verdad (va a ser que son un poco bestias en Maróstica) y sé que en Bolonia tengo que comer unos ravioli como cojines de gordos rellenos de una mezcla de quesos y verdura con una salsa de remolacha por encima, que deben provocar ereciones y poluciones nocturnas in situ. Y poco más.
El resto está allí y tengo que descubrirlo, pero eso será a partir de mañana y ahora tengo sueño y la maleta medio por hacer.
Ya os contaré.
jueves, julio 14, 2005
Bukkake en Pucela
Hoy he tenido uno de esos días que muestran la cara más amarga de mi trabajo: viajes ida-vuelta en el día. A estas horas estoy reventado y ni siquiera he tenido coraje para aceptar el plan que Agr me ha propuesto para esta noche. A la cama que me voy en cuanto pueda.
Hoy le ha tocado el turno a Valladolid, donde se celebraba una reunión para discutir sobre cosas-ab (ab-surdas, ab-urridas, ab-errantes, ab-stractas, e incluso ab-aniqueras (kurt, tú lo ves)) que han hecho que tuviera que realizar serios esfuerzos para no caer en un tentador sueño cuando no me tocaba hablar o, lo que es peor, evitar algunos bostezos king size de los de lagrimón en cada ojo.
Los cuatro que íbamos desde Madrid hemos quedado para ir en el mismo coche a Pucela. A mitad de camino hemos parado en un bar de carretera de tendencia kitch con un amplio muestrario de artículos de los veinte duros a la venta (yo creo que eran excedentes de los chinos), casi expuestos entre las empanadillas y pinchos de tortilla del bar. Qué aglomeración de objetos, qué de cosas inútiles, qué cutre todo y qué pocos dientes tenían las camareras. Nos hemos tomado unos cafés con leche que que daban ganas de pedirse unos frostis de lo grandes que eran y hemos continuado nuestro camino. Hemos llegado a Pucelandia sobre las diez y hemos celebrado la reunión sin demasiadas polémicas. Tan sólo me he tenido que poner en mi sitio una vez y justificadamente, ya se sabe: amigos sí, pero la vaquiña por lo que vale, o eso parecido que reza el proverbio galego. Suerte que ahí estaba Mr Dwalks para defender repelentemente los intereses de su organización a cambio de nada.
Ha terminado la reunión y el anfitrión, que tenía que invitarnos, nos ha preguntado si nos apetecía un lechazo. A mi me ha hecho mucha gracia lo del lechazo porque me ha parecido lo más burro que he oído últimamente así preguntado a la cara, pero los demás parece que no le han visto el doble sentido al tema y todos han dicho que sí, que lo suyo era ir a Valladolid y comerse un buen lechazo. Así que nos hemos ido a un restaurante bueno de Pucela donde el camarero nos ha obsequiado un lechazo del que no hemos dejado ni rastro, así que hemos pedido otro lechazo más, que otro camarero nos ha dispensado con diligencia. Genuino bukkake pucelano, señores.
Con toda la modorra, hemos emprendido camino de vuelta a casa a eso de las cinco. Yo me he intentado dormir en varias ocasiones, pero mi acompañante estaba crecido por el abundante vino y doble chupito de licor de hierbas que se ha tomado durante la comida y tenía la lengua suelta. Total, que me ha sido imposible, y eso que ha habido ocasiones en las que he cerrado los ojos mientras me hablaba, pero nada, el tío contándome lo bien que se lo pasaba cuando se iba de vacaciones cuando estaba soltero. He llegado a casa sobre las siete y media tras una interminable vuelta por Madrid (Boadilla-Puerta de Toledo-mi casa) debido a que había que dejar a todo el mundo en sus hogares. Cuando he llegado al mío, he tratado de echarme la siesta, pero entre el calor que hace y que mi teléfono estaba hoy súmamente activo , me he tenido que conformar con yacer en gayumbos en mi cama, oyendo música, hasta la hora de la cena, que tampoco ha estado mal.
Y ese ha sido mi día.
miércoles, julio 13, 2005
Teoría de círculos
Hubo una época en la Kurt me recriminaba mi tendencia a cerrar o amagar con cerrar círculos, pero de esto hace ya tiempo. Para nosotros, un círculo es una relación no profunda entre dos personas solteras, en la que un tercero queda involucrado por ser el vínculo a priori entre ambos, provocando un mal rollo en dicho tercero, y por lo tanto en los otros dos de rebote, cuando es consciente de la relación surgida a través de él sin pretenderlo. En algunos casos no hay tercero, pero el mal rollo que puede suponer caer en la tentación, provoca efectos equivalentes en uno mismo.
Como esto ha quedado un poco raro, para que nos entendamos mejor, analizaré varios ejemplos de lo que yo considero que son círculos. Lo contaré desde mi punto de vista y desde mi condición de heterosexual, pero quién lea esto debería buscar su punto de vista análogo para identificarse con la situación y ponderarla convenientemente. Vamos allá:
1. Ex-novias de amigos íntimos (relaciones importantes)
En mi opinión, el camino más corto para perder una buena amistad. El círculo prohibido por excelencia. Nunca me he visto metido en uno de estos y espero no hacerlo nunca. No hay excusas. No, no y no. El calentón te puede salir demasiado caro.
2. Ex-novias de amigos íntimos (relaciones cortas)
Puede que esa relación que veías entre tu amigo y esa chica estuviese condenada desde el principio, puede que acabaran fatal o puede que tu amigo no quiera saber nada de ella a estas alturas. Puede que no pase nada si lo haces, pero ante la duda, mejor no andar mareando la perdiz y ahorrarse las explicaciones del día siguiente. Mejor no sacar el pajarito y no tentar a la suerte. Círculo.
3. La chica de la que está enamorado tu amigo
Así, a bote pronto, ni tendría que explicarlo, porque eso no es un círculo, es una putada directamente, pero si nos metemos en el terreno de los amores platónicos... mmm... la cosa es más ambigua. En fin, si mi amigo está enamorado de una tipa que no le hace ni caso, pero a mi sí, personalmente, prefiero ahorrarme la polémica y retirarme. Sip, círculo.
4. Hermanas de amigos/as íntimos
La hermana de tu amigo/a está tremenda y encima detectas interés por su parte. Coincides una noche y, en un momento dado, tienes que decidir si le tiras la boca o no, o lo que es peor, si decides aceptar o no la boca que te va a tirar ella en breve. Personalmente no lo recomiendo, aunque también es verdad que nunca lo he hecho. Ante la posibilidad de que pueda haber mal rollo con tu amigo/a: es círculo.
5. Amigas íntimas de amigos/as intimos
Lo mismo que con los hermanos. Es mejor no complicarse la vida y no arriesgar unas amistades fraguadas con el tiempo. La tuya con tu amigo/a y la de tu amigo/a con su amiga son más importantes que tus ganas de follar una noche. Círculo, círculo.
6. Compañeras de trabajo
En este caso el tercero en cuestión sería la empresa para la que se trabaja. Bajo la sabia premisa donde tengas la olla no metas la poscha lo mejor es no ceder ante las irreales sensaciones de las comidas navideñas de empresa y las cañitas de los viernes. Dejemos el curro en paz y busquemos sexo en otros lugares, que luego las cosas te salen rana y la situación se puede volver insostenible. Círculo, yeah.
7. Familiares
Ay las bodas... tu prima hermana, segunda o enésima está guapísima y se ha puesto unas tetas que te tienen colapsado desde la misa y, a partir del quinto cubata del baile, la conversación con ella empieza a ser demasiado íntima. Tú verás, pero yo no lo haría, vaquero. En el 95% de los casos no te sentirás orgulloso al día siguiente, garantizado. Y lo sabrá todo el mundo, empezando por su madre, que ya se encargará convenientemente de difamarte. Cíiiirculoooo.
8. Ex
Esto no es un círculo en sí, pero las sensaciones que debe producir el caer en un revival de una noche con una ex, podrían considerarse muy parecidas a las de un círculo. Digamos que el tercero en este caso es tu salud mental. Así que condeno a muerte los rollos nostálgicos con las ex y para mi son unos circulacos como una casa.
9. Vecinas de bloque
¿Para qué? Sí, la fantasía es muy tentadora y tal, pero si a la chica en cuestión le da por complicar la historia, y ya de paso complicarte a ti la vida, ¿merece la pena realmente tener que andar saliendo o entrando de tu casa mirando para todos los lados?. Aunque no siempre, mayormente lo considero como círculo.
10. Amigas
Nunca. No conozco ningún caso en el que un rollo puntual con una amiga de verdad no haya cambiado algo en la relación de amistad. Para mal, claro. No-compensa. Cír-cu-lo.
Pues estos son los círculos que se me ocurren. He caído en algunos a lo largo de mi vida, pero el mero hecho de mencionarlos como tales aquí, indican mi nivel de arrepentimiento respecto a ellos. Seguro que hay más y no me acuerdo ahora mismo, pero aunque no estén todos los que son, para mi, lo son todos los que están.
Tampoco hay que perder la perspectiva, hablo de círculos cuando la relación que los genera es frívola y puntual, producto de un calentón circunstancial en el que no te planteas las consecuencias hasta que no te has ido a tu casa, o mejor aún, hasta que no has dormido la mona. Si estamos hablando de amor, soy el primero en reconocer que todo esto se puede ir a hacer puñetas y que cada caso puede ser perfectamente posible, le pese a quién le pese. Por amor vale todo mientras no pongas zancadillas.
Y por supuesto, espérate que no me tenga que comer mis palabras algún día.
lunes, julio 11, 2005
Perdidos en el Agosto
Pues mira que estaba siendo insulso el día que incluso pensaba que hoy no tendría arrestos para escribir ni nada, pero al final se ve que he remontado y aquí me he puesto a darle al qwerty.
Lo de insulso ya venía de lejos, porque éste se suponía era el fin de semana en el que tenía que haberle sacado partido a las rebajas en forma de traje nuevo (necesito uno imperiosamente) y no ha podido ser. El sábado me cargué de actitud y me fui a las seis e la tarde a la tienda ésta de los dueños de Sportivo, que la tienen casi al lado y es de una linea más formal, en plan polos, camisas, trajes, accesorios.... todo muy chulo y con fundamento. Cuando llegué, una especie de Miki Molina que atendía con voz de estar de vuelta de todo me mostró los dos (vaya pordios) únicos trajes que le quedaban rebajados. De los dos, sólo me gustó uno de Duffer que era lo que buscaba, muy inglés y muy bien cortado, a ver, un poco demasiado de verano para lo que yo quería, pero bueno, me encantaba de todas formas. Una vez frente al espejo, la chaqueta me quedaba clavada, qué bien me sentaba coño, pero los pantalones me hacían las formas de lo que vienen a ser unas mallitas upadance. Tal cual. Mientras yo miraba con cara de circunstancias mi disfraz de los cuatro fantásticos, Miki Molina me dijo resuelto que qué chulo, que me lo podía poner con zapatillas y todo. Le miré en plan aminomeloendiñasquetengoojos, y ya no volvió a hacer más comentarios comerciales. Así que tuve que declinar y me fui a mi casa muy decepcionado porque al final yo quería ese traje. Menos mal que luego por la noche fue una de las veces que más me he reído en mi vida y se me pasó.
Por otro lado, lo verdaderamente importante es que no encuentro nada para irme de vacaciones con Agr y CF la tercera semana de agosto. He buscado por todos lados y lo que hay, o es muy cutre o es muy caro. Queremos ir a Cádiz, pero o está imposible si no alquilas por quincenas, o vale una pasta si vas de hotel. Al norte de España ya habremos ido la segunda semana de agosto, a las islas ya fuimos el año pasado y no es plan de repetir, con lo vasto que es nuestro país... qué mal, qué mal. Ya verás, como se ponga esto feo nos pegamos una semana en Benidorm por dos duros y que le den por culo. Con un par. Según soy yo, seguro que me lo paso pipa con la experiencia, que me conozco y no hay nada que me divierta más que vivir en primera persona experiencias frikis, aunque quizás una semana sea demasiado para la broma y, además, son mis vacaciones y tampoco es plan de ir despilfarrándolas con experimentos. No sé, creo que lo de Benidorm lo dejaré, tal y cómo hemos pactado, para ir con Kurt un fin de semana de temporada baja al Gran Hotel Bali, con toda la Edad de Oro que allí acude a disfrutar y a relajarse, viagras mediante, que me parece mucho más el plan...
Amigos lectores, hoy más que nunca, solicito sugerencias de sitios chulos y con marcha en los que tres chicos rabiosamente juveniles puedan pasar unos días en agosto con recursos económicos limitados, que este verano va a haber muchos gastos por diversas circunstancias.
Y así estaba yo, harto de rastrear internet en busca de ofertas y comiéndome la cabeza tanto, que me he bajado al Ahorramás a por unas bombillas que tenía que cambiar en mi cuarto, porque cuando entrabas en él parecía que no gastábamos por la postguerra. En esto que estaba en el súper mirando unas cuchillas de afeitar y veo mi abuela haciendo la compra por allí, y, cuando me he acercado a saludarla, he notado que estaba muerta de risa, llorando y secándose los ojos que yo pensaba que se iba a abrir la operación de cataratas. Un poco cauto por si estaba chocheando, le he preguntado que qué le pasaba, y va y me dice que se había encontrado hacía un momento con una vecina suya indignadísima porque se había topado, entre los arbustos de un parquecito que hay cerca de su casa, con una parejita en medio de un polvo (mi abuela lo ha denominado "en pleno acto"). Me ha seguido contando que su vecina les ha empezado a echar una bronca de estas de vieja pedorra y, el chico, que todavía debía tener el culo botando cuando la señora ha empezado a chillarles, le ha soltado a la tipa "pues señora, espérese diez minutos, que cuando termine con esto todavía me queda un poquito para usted". Y la señora se ha ido espantada al Ahorramás, que es donde se ha encontrado con mi abuela . Supongo que esta señora esperaba comprensión por parte de mi abuela, porque le contaba cargada de razón que quería denunciarlos o no sé que gaitas, y mi abuela, que es una señora muy mayor pero que tiene más coña encima que todos nosotros juntos, no ha podido evitar partirse la caja en su cara, así que, aparte de con la pareja follarina, también se ha mosqueado con ella. Mucho le ha importado a mi abuela, que no puede ni ver a la bruja ésta por cotilla, que le fisga por la mirilla cuando entra y sale de casa. Y además, yo me pregunto qué narices hacía esta señora metida por los matojos de los parques con la edad que tiene.
Luego me he tomado una cañita con un vecino muy majo con el que me he encontrado, y, cuando me he subido a mi casa con las bombillas, me he encontrado con que mi padre se ha marcado para cenar un rodaballo a la gallega, fresco como un lechuga, que casi me bajo a lavarle el coche de lo bueno que le ha salido, y así, entre pitos y flautas, se me ha pasado el mal cuerpo de las vacaciones y me he puesto a escribir un ratito, que ya me he entonado.
miércoles, julio 06, 2005
Teoría de tarados
Hay una teoría que dice algo así como que, en las grandes ciudades, los días de calor intenso provocan que los locos y los tarados se muestren en su máximo esplendor. Entre que llevamos una época asfixiante en la que no hay quién pare por Madrid y que últimamente veo freaks por todas partes, me ha venido a la mente una historia que me sucedió el verano pasado, en el que también hizo un calor de espanto. Y es que estoy tan a favor de esta teoría que me apetecía contar algo relacionado con ella.
Salí del trabajo y, como todos los días, me metí en el metro para ir a mi casa. Llegué al andén, lo recorrí completamente y me senté en un banco que ya ocupaba una mujer embarazada de por lo menos treinta meses mientras leía una revista tranquilamente, menudo bombo traía. Al poco tiempo, vi cómo un chico de unos quince años imitaba mi recorrido y se acercaba a nuestro banco con una actitud algo extraña. No era especialmente macarra, ni era un Richar, pero iba golpeando las papeleras según pasaba por su lado, caminaba con una actitud muy sobrada -así como de latinking dirigiéndose a una reyerta- y escupía cada cinco segundos a las vías. Cuando llegó a nuestro banco, se sentó despatarrado entre la chica embarazada y un servidor, a lo que yo me hice el longui y ni le miré, pero no pude evitar permanecer un poco alerta porque el chaval no paraba de resoplar ostentosamente ni de cantar para que se le oyera. Pensé que el hombrecillo éste era un pieza y que también era un poco corto, no que fuera retrasado ni nada parecido, pero sí de estos a los que un hervorcillo de diez minutos adicional al nacer no le hubiera venido nada mal, no sé si me explico, en cuanto lo ves lo notas. Puede que fuera la mirada, su cara de gañán en combinación con su cuerpo grande y fondón, o su incapacidad de introducir la lengua completamente en su boca medio abierta cuando fijaba su atención en cualquier cosa. El caso es que yo lo detecté.
Pues bingo, de repente, el chico miró a la mujer embarazada y, tras los breves segundos en los que puso a funcionar su única neurona, escuché cómo le decía en un tono bastante impertinente "¿estás embarazada?". La chica, que también se había percatado de la conducta borderline del individuo, le miró y optó por la vía de la amabilidad, así que le sonrió y le respondió que sí. El otro se quedó pensando un rato y continuó "es que estás muy gorda". Otra sonrisa de ella "es que me queda muy poquito". Entonces, y sin mediar más palabra, le puso la mano en la tripa a la chica y comenzó a acariciarla mientras murmuraba ensimismado "que grande tienes la tripa, que grande tienes la tripa...". También empezó a apretarle la barriga con las yemas de los dedos, bastos y con las uñas comidas, de forma que la deformaba más que levemente por los puntos dónde ejercía la presión.
Creedme si os digo que nunca he visto a una persona quedarse blanca en tan poco tiempo.
Yo, que asistía atónito a la escena, no hice nada de primeras, quizás esperaba que la chica reaccionara y se levantara, o que apartara la mano del chico bruscamente, yo qué sé, pero no movía un dedo, se quedó bloqueada, completamente paralizada. Valoré la opción de decirle algo a él, pero me dio la corazonada de que éste era de los que como se le cruzara un cable podría levantar un camión a pulso, así que me levanté de mi sitio y me dirigí hacia la chica, le agarré de la mano y me la llevé de ahí. Ella ni se lo pensó. El otro no hizo nada.
Cuando llevábamos recorrida la mitad del andén, nuestro tren apareció por el túnel y ya le solté la mano a la chica porque la llevaba agarrada como si fuera trozo de carne muerta. Ella me dio las gracias un poco apurada y muy agobiada, y yo, que me sentía muy violento, sólo le dije medio de risas que es que me había parecido todo muy raro. Entramos al tren y no nos sentamos juntos, aunque yo la miraba de vez en cuando para ver que cara llevaba, no fuera que se pusiera a poner de parto ahí mismo del disgusto. El chico no se movió de su sitio cando nos alejamos, y supongo que entró en el vagón que le quedara a la altura del banco, porque ni volví la vista atrás ni supe nada más de él, pero lo que sí recuerdo es que las piernas me temblaban y que no dejaron de hacerlo durante un par de paradas. Estoy convencido de que, sin querer o no, ese chico acabará haciendo daño de verdad a alguien algún día, era carne de cañón, y si no, al tiempo.
lunes, julio 04, 2005
No somos tan mayores... nos gusta lo mismo que a ti
La llegada (estamos aquí...)
Kurt se pasó por mi casa a eso de las once del sábado y nos fuimos para Mérida con la ropa justa, tropecientos cedés y una botella de agua para el camino. Todavía me pregunto por qué fue él quién vino a mi casa, y no yo quién fue a la suya, si íbamos en mi coche, pero teniendo en cuenta que Kurt es así y hace cosas de éstas, tampoco es que después le diera muchas vueltas... la verdad es que daba igual porque teníamos planazo y lo sabíamos.
Llegamos a Mérida sobre la hora de comer y, antes de ir al hotel, decidimos homenajearnos a base de la estupenda gastronomía local poniéndonos a comer McNuggets y McEnsaladas como irracionales en cuanto vimos un McDonald´s, que nos supieron a pollo de verdad del hambre que traíamos, y los dos estuvimos de acuerdo en que llegar a un sitio desconocido y encontrar un McDonald´s da muchísima confianza para el resto de la estancia y en que el diseño y textura de la pasta de las McEnsaladas estában stante conseguidos.
El hotel (no somos tan raras...)
Como el hotel era de cinco estrellas, lo primero que hizo Kurt en cuanto entramos a la habitación fue inspeccionar rigurosamente el baño para ver de qué productos gratuitos disponíamos. Pareció bastante conforme en que fueran de Etro, aunque la crema corporal oliera a coco y agobiara un poco cuando te la echabas de primeras. La habitación, como el resto del hotel, era un poco pretenciosa, barroca y valenciana, con un montón de apliques y motivos fake-romanos por las paredes, en plan mosaicos y maderas con dibujitos y adornos como antiguos, pero en conjunto estaba bien y era confortable . El minibar, un cinco pelado; la tele, bien. Nos hicimos unas fotos dabadabadá sentados en la ventana, porque tenía un banquito muy chulo para sentarse mirando por la ventana que te salían unos contraluces de portada de Bustamante. Luego nos pusimos los bañadores, nos echamos crema para el sol y nos subimos a la piscina, que estaba en la azotea.
El panorama de la piscina era algo extraño, porque aparte de ser diminuta, los acompañantes con la que la compartíamos eran dos parejas de recién casados que miraban catálogos con medio cuerpo metido en la piscina (en concreto las piernas, cuñao) y, por otro lado, una señora-foca morena como un demonio, absorbiendo todo el sol que le cabía en las chichas. Así que no pudimos hacer mucho el animal y nos limitamos a hablar bajito, a refrescarnos y a ponernos las toallas como túnicas romanas para hacernos fotos con ellas en Mérida, que era lo suyo. Muy romano todo. Cuando empezamos a achicharrarnos, porque lo que pica el Sol en Mérida no es ni medio normal, nos bajamos otra vez a la habitación a descansar un poco más.
El paseo (no somos tan mayores...)
A eso de las siete, nos fuimos a dar un paseo por la ciudad, pero entre que es pequeña, que ya la conocíamos y que hacía mucho calor, decidimos cruzar el puente romano hacia las afueras porque nos conectaba con un Carrefour que había al otro lado, y que habíamos visto al llegar, en el que podíamos comprarnos cosas de beber. Además, en el centro sólo había bodas y ya nos cansábamos de valorar los estilismos locales. Pero resultó que el Carrefour estaba mucho más lejos de lo que habíamos calculado y yo, que iba con chancletas nuevas, empecé a sufrir los dolores y los inicios de ampollas de un paseo de media hora a buen paso cuesta arriba. Además, entre el final del puente y el Carrefour, lo que había era una zona de viviendas de protección oficial que daba un poco de miedo. Ahí estaban todos los Richar sin camiseta y sin casco subidos en las motos, los niños pequeños desnuditos y descalzos por la calle y mucho tunning y macarreo en general. Y nosotros con las cholas, como para salir corriendo en caso de emergencia…
Nos las apañamos para llegar sanos y salvos al Carrefour y nos bebimos las cosas que compramos, incluyendo un zumo de Granini que compró Kurt y que Nate se lo tiene prohibido porque dice que es mutante. Para volver, me negué a hacerlo caminando dado el estado de mis pies y tuvimos que coger el bus en Richar City, lo que nos provocó mucha ansiedad porque no queríamos estar más ahí y el autobús tardaba mucho. Finalmente, llegamos al hotel con el tiempo justo para cambiarnos, cenar algo e ir a ver la obra.
La obra (nos gusta lo mismo que a ti...)
Total, que nos cambiamos el hotel y nos fuimos a cenar. Teníamos una boda en el hotel y estuvimos tentados de infiltrarnos en el aperitivo porque lo estaban dando en el hall, pero al final nos cortamos (aunque yo me hice con una croqueta pelín rancia). Una vez fuera, degustamos las exquisiteces emeritenses entrando en el telepizza de al lado del hotel, desde el que vimos por la ventana cómo una pareja de recién casados daba una vuelta en calesa por la ciudad, enamoradísimos, con un montón de vespinos y quads detrás, pitando porque no podían pasar y generando tal cara de agobio en los novios, que no consigo expresarla con palabras en este momento. Es que cómo es Mérida... cómo es.
Nos terminamos la pizza y fuimos andando al Teatro Romano a ver la obra de La Fura dels Baus, que era el motivo principal por el que estábamos allí. La verdad es que quedamos encantados con el espectáculo, la orquesta estuvo perfecta y algunos momentos fueron realmente intensos y emocionantes, incluyendo el escenario, en el que ya era un privilegio estar sentado. Lástima que Kurt se pusiera frenético con lo paleta que era la gente, que no paró de sacar fotos con flash durante toda la representación (molestando a los músicos) con lo que buena parte de la función le tuvieron más pendiente de ellos y de cómo matarles que de lo que estaba viendo. Yo le tranquilicé, pero no le hice olvidar. Por mi parte, sólo me puse nervioso, un poco, con la señora que estaba al lado mío, que le iba explicando a su padre (un señor como de noventa años) lo que significaban las cosas que iban apareciendo por la obra, a un volumen más que alto. De todos modos, lo intenté comprender y al final acabé acostubrádome a la traducción simultánea a la que me vi sometido. Y también me puso nervioso un tipo que estaba detrás mío que no paraba de decir "qué barbaridad".
La noche (si hay algo de que hablar, hablamos, y si no, hablamos por hablar...)
Tras la obra, nos tomamos unos gintonics en el mismo recinto, en una terracita muy chula que habían montado para la ocasión y, cuando ya estábamos un poco entonados, nos fuimos a ver que tal nos lo pasábamos por Mérida.
Localizamos la zona de marcha y nuestra conclusión fue que Mérida es un pueblo grande. No nos gustó demasiado porque era un poco cutre todo y, encima, cada vez que medio ligábamos o hacíamos conexión visual con algunas, allí estaban los mozos del pueblo para advertirnos con sus ojos que pásatedelistoytetronchoelcuellomadrileño. Así que fue una noche más contemplativa que otra cosa, de mucho reggeton, bisbalismos y pseudoflamenquismos que nos echaron pronto a la cama, a las cinco o así. Teniendo en cuenta que Kurt estrenaba sus nuevas zapatillas Dior estilo retrotenistaaños20, fue una noche que se le quedó corta, seguro. A mi también un poco, pero en el fondo estábamos cansados de todo el día y no nos costó mucho retirarnos.
La despedida (estamos preparadas...)
Por la mañana, nos despertamos y, como nos habían dicho que en Mérida se desayunaban unas tostadas de pan con aceite muy ricas, nos fuimos al Subway.
Pasamos el resto de la mañana en la piscina del hotel completamente solos, por lo que yo aproveché para hacer el cabra un poquito, haciendo bombas y el pinopuente, que no me salió y me entró agua por la nariz. Kurt aprovechó para bañarse en bolas. Yo lo hubiera hecho, pero ante el temor de que me hiciera la tan temida foto con la que me amenazó durante todo el viaje, me quedé en bañador. Dios, las duchas que me he dado en el hotel han sido un sinvivir...
A las cuatro recogimos y nos fuimos cantando a Madrid en el coche. Para el que le interese, aquí dejo nuestra banda sonora, que es estupenda para viajes como éste:
- Feria
- Vive la Fête (todo)
- Cycle
- La Prohibida
- Palíndroma (recopilatorio hecho por Kurt)
- Durísima (ídem)
La llegada (estamos aquí...)
Una vez en Madrid, hartos ya de comer tanta comida rápida, cenamos a las siete en el Friday´s.
Dwalks en el asiento de la ventana de la habitación del hotel siendo abducido
Kurt probando los colchones
Dwalks as Dwalkus de Emérita Augusta
Kurt y Dwalks en el puente. Con el Sol. En la cabeza.
Kurt feat. Dior
Kurt
Dwalks cayó dentro sin matarse
jueves, junio 30, 2005
Tarde con Would
Hoy he terminado de trabajar y, aunque tenía en mente ir a casa a comer, de repente no me ha apetecido nada esperar la media hora que tardo en llegar y me he dirigido a la mesa de Would para ver si me acompañaba y para incordiar un poco. Cuando he llegado, allí estaba el bueno de Would con cara de agobiado, movimientos de agobiado y una mesa que agobiaba de los papeles que tenía. Se lo he comentado y, en un principio me ha dicho que no porque estaba de curro hasta las cejas, pero entonces se ha caído la red para todo el día y, entre temblores por la que le espera mañana, ha aceptado sin oponer mucha más resistencia.
Nos hemos puesto a caminar y hemos entrado en un sitio nuevo que tenía menú del día a 7´90 y buena pinta. Ya sentados a la mesa, mientras esperábamos nuestra comida trincándonos unas cervezas, hemos aprovechado para charlar un poco, que esta semana no nos hemos visto demasiado:
Dwalks: ¿sigues sólo en casa?
Would: sí
D: ¿y qué tal te apañas para comer y eso?
W: bueno… bien, el lunes cené arroz. con solís, que encontré un bote en un armario y se lo eché, y luego le piqué unos tacos de pavo de esas barras que venden. estaba rico, lo que pasa es que como me gustó, me hice otro plato igual después y me empaché un poco.
D: ya... – sorbo a la cerveza
W: el arroz me lo hice yo el domingo…
D: te felicito ¿y ayer qué te hiciste?
W: ayer… ayer saqué más arroz del domingo, le eché más solís del que me había sobrado y le piqué los tacos de pavo, pero luego le puse una loncha de queso que fundí por encima y, bueno, creo que he descubierto mi especialidad, estaba riquísimo. también me hice una ensalada de arroz que me salió muy buena, le puse lechuga… le eché aceite y vinag…
D: -interrumpo- p…pero tú ¿cuánto arroz has hecho chaval? ¿te queda hoy todavía?
W: -asiente con la cabeza frunciendo el morro, o sea, que mogollón de arroz- joder dwalks, cuando lo hice, peté un recipiente bastante grande – y me representa con las manos el largo, ancho y alto del supuesto recipiente y me doy cuenta que ahí cabe arroz para dos familias de gitanos incluyendo primos segundos- tuve que aplastarlo para que entrara todo.
D: no sé tío, pues cena otra cosa hoy… o por lo menos háztelo distinto, yo que sé.
W: es que no quiero tirarlo, me da rabia, para una cosa que me hago yo…
D: es que como mucho cuesta un euro todo lo que tirarías, would.
W: no sé, ya veré
(nos quedamos callados sonriéndonos)
D: ¿cuánto arroz echaste a cocer el domingo?
W: pues más o menos tres o cuatro tazas de desayuno- me contesta mientras arquea las cejas.
Después de esto, hemos comido bastante bien y nos hemos ido en metro a casa, dónde le he sacado una foto a Would mientras él leía mi Mojo, que me la compré porque este mes trae un CD recopilatorio que me pareció que podría estar bien, y lo está. Muy recomendable.
Como Would quería comprarse esta tarde un poco de todo porque se va de fin de semana y se ha dado cuenta que no tiene de nada, nos hemos dado una hora para cambiarnos y hemos quedado para ir a un centro comercial del extrarradio, famoso por sus supuestos chollos, a ver como estaba el tema, que de vez en cuando hay que ir aunque no nos gusten demasiado, por si acaso. Hay que conocer un poco de todo y yo hacía bastante que no iba, así que allí hemos estado un par de horas, nos hemos comprado algunas cosas, nos hemos tomado una cerveza y nos hemos vuelto a casa.
W: oye, que me meto a probarme esto, que no entre nadie ¿eh?
D: vale
mmmno... demasiado largo, would, y te queda flojo de sisa
mi pie y los de would (¿alguien sabe por qué se pone así mi dedo?)
would con su birrita
dwalks, hasta el nardo del centro comercial, mandando la chancleta al quinto coño
miércoles, junio 29, 2005
Los Otros
Yo voy en metro al trabajo y lo suelo coger todos los días a la misma hora, pero hoy me he dormido a base de bien y he salido de casa media hora más tarde de lo habitual, pese a que he batido todas mis marcas en el desayuno, ducha, afeitado y nudo de la corbata. No me suele pasar nunca y lo paso fatal cuando me veo metido en una gymcana mañanera, porque me entra una sensación como de vivir cada minuto como si fuera el último de la que no tengo ninguna necesidad para ser tan joven. Desde Itwalks: NO al dormirse por las mañanas, que te puedes atragantar con una galleta o cortar la yugular mientras cuadras tus patillas, aunque realmente eso era una minucia teniendo en cuenta que todavía me quedaba lo mejor.
Cuando tienes una hora-rutina para coger tu transporte público, lo que sucede es que más o menos te suenan las caras de los que también la tienen y coincide con la tuya. Por ejemplo, yo veo todos los días a un señor con bigote que va leyendo el marca, a un chaval que debe ser estudiante y se le va a caer el pelo en cuatro días porque se le ve mucho el cartón, a una chica que tiene un tic que parece que te está diciendo algo pero luego te das cuenta de que no porque se lo hace a todo el mundo (incluyendo a la puerta del vagón), a una señora que me la encontraba a veces corriendo por el parque y allí nos saludábamos y cuando nos encontramos en el metro nos da vergüenza y nos evitamos la mirada... todos gente normal, con sus aspectos de personas civilizadas, con sus libros, sus músicas y sus correctas caras de poker durante el trayecto, entre ellas la mía.
Pues media hora más tarde, la cosa cambia. Me he retrasado ese aparentemente poco relevante tiempo, y se ve que ese es el momento al que esperan Los Otros para tomar los vagones. En el andén no me he dado cuenta pero cuando me he metido en el vagón se han revelado todos a la vez, aunque luego he pensado que, claro, ahí van todos los que llegan tarde a donde sea y eso es porque hacen cosas raras por la noche que afectan a su comportamiento social. Y es que no es normal que el tipo que va enfrente tuyo se saque un cortauñas del bolsillo y decida retocarse las zarpas sin inmutarse. Que no es normal que dos mujeres fueran maquillándose, y no estoy hablando de retocarse el ojo o los labios discretamente, estoy hablando de sacar el set de pinturas, ponerlo en el asiento de al lado y, espejo aumentador en mano, aportar a sus caras lavadas varias capas de productos, incluyendo perfilador, rimel y golpecitos en las bolsas de los ojos. Tampoco me ha parecido muy normal que una pareja fuera dándose el lote más húmedo que he presenciado en mi vida, a ver, que una cosa darse unos besitos un poco intensos y otra frotarse hasta ponerse cachondo a las nueve menos cuarto de la mañana... vale que es salud, pero que es que hacían ruiditos chasqueantes con las lenguas y se las podía ver dando vueltas por la boca del otro. Aparte, un niño de unos seis años se ha puesto a chillar porque le hacía gracia emitir un sonido ultraagudo al que que ha sido un milagro que aguantaran la ventanas. Lástima, porque de haber logrado dos tonos más, sólo hubiera sido molesto para los perros y los murciélagos, pero la bendita criatura conocía bien el límite del dolor humano y nos ha destrozado los tímpanos a todos, y eso que me he puesto Scissors Sisters para compensar, pero ni con esas. La madre, armada con el Diez Minutos entre sus manos, de vez en cuando le decía “ay, cállate un poquito hijo mío”, y el niño, que si quieres arroz catalina y seguía chillando.
Unos chavales se han sentado en el suelo a comer pipas y a darse patadas de buen rollo durante el trayecto, lo que también iba muy de acuerdo con el buen rollo de nuestro vagón, y un señor mayor se ha puesto morado por insultar a voces a Aznar, que salía en el periódico que se estaba leyendo. Para terminar, una mujer que iba bien vestida y que yo pensaba que iba a trabajar a un sitio bueno, de repente se ha puesto a cantar fatal durante diez segundos y, cuando ha terminado su show conceptual, ha pasado el monedero (que podría ser como el de tu madre) abierto a los pasajeros y se ha bajado al llegar la siguiente estación... señores, entre las locas y las no admitidas en Operación Triunfo, existen.
Así que he llegado al trabajo pensando que todo esto me está bien empleado por zángano y por trasnochador, así que esta noche a las once a la cama y mañana me pongo un gallo para que me despierte, que compensa.
martes, junio 28, 2005
BorderDwalks
Yo no acabo de entender por qué el compañero de trabajo que se sienta delante mío tiene que pegarse vueltecitas sin parar cada vez que mantiene una conversación telefónica de trabajo. Mira que es buen tío y le tengo aprecio como profesional, como compañero, como persona de principios y como invitador a cafés de máquina, pero con su senderismo telefónico abre un agujero de gusano en nuestra relación laboral -y yo incluso diría que de amistad- que me lleva en cuestión de décimas del buenrollismo más salao a desearle que se abra la cabeza, tropezón con arruga de la moqueta mediante. Además habla muy alto y no para de agitar las manos como si fuera un profeta anunciando el findelmundo, y así no hay quien curre tranquilo, lea sus blogs favoritos o los comente con sosiego y paz interior, como debe ser. Y es que éste es de los que se tiran cuarenta y cinco minuto de charla, que son cuarenta y cinco minutos de trone mío, cuarenta y cinco minutos en los que me vuelvo un ser arisco, enjuto y borderline.
Al principio no me importaba y, cuando colgaba, se lo decía medio en broma medio en serio “jué chaval, ¿no te cansas? he he he he...” y el decía “¿de que?” y yo “no joer... que no paras cuando hablas por teléfono, chico, he he he” y él “¿a no? pues ni me había fijado... ¿en serio?, he he he..” y yo “pero que me hace gracia y tal, nada he he he... que cada uno es cada uno he he he” y él “pozí he he he”. Y tras los heheheos seguíamos currando feliz y compañeramente y yo ya no lo pensaba más.
Tres años después, estoy hasta la punta de la polla.
Es que ya hemos llegado a un punto que es sonar su teléfono y encabronarme, empezar a enviarle energía chunga con mis ojos, resoplar y menear mi pie derecho debajo de la mesa. La cosa va así: suena el teléfono, lo coge, habla unos treinta segundos sentado y, cuando determina que la conversación va a ir para largo ¡hop! comienza la performance: se pone de pie y comienza a mover las manos para todos los sitios, a gritar las cosas y a dar esas vueltas de perturbado cumpliendo condena en un sanatorio.
A veces, durante una de esas desesperantes e interminables conversaciones, mi mente se desdobla en un universo paralelo en el que Dwalks se levanta decidido de su asiento, se pone frente a su compañero y, tras los breves instantes que transcurren hasta que conectan sus miradas, inicia tranquilamente la desconexión de todas las clavijas del teléfono, dejándole tan atónito que no reacciona. Entonces, antes de que logre decir nada, antes de que pueda encontrarle alguna lógica a lo que está ocurriendo para conseguir articular una sola palabra, Dwalks le separa suavemente el auricular que aún sostiene pegado al oído, sin nadie al otro lado ya, y lo cuelga con un clic apenas audible, perfecto para que el resto de la oficina no preste atención a la escena que está transcurriendo a escasos metros de ellos. Como la ventana está abierta, Dwalks tan sólo tiene que dar un paso hacia ella, estirar su brazo sosteniendo el aparato en el vacío y abrir sus dedos para que la gravedad haga el resto del trabajo. Cuando se vuelve a sentar, su compañero permanece todavía de pie, mirando pensativo el lugar que hasta hacía unos momentos ocupaba su teléfono, intentando comprender lo que acaba de sucederle.
En mi universo no desdoblado, simplemente termina de hablar, cuelga, toma alguna nota, mira hacia atrás y me dice “¿un cafelito?”.
Como comprenderéis, esto me supera y creo que un punto de vista adicional no me vendría nada mal. Ahí tenéis la encuesta para rellenarla, si sois tan amables.
domingo, junio 26, 2005
Dwalks before Dwalks
Hoy ha sido un día bastante extraño y uno de los que más me ha cundido en lo que va de año. La cosa ha empezado de buena mañana cuando, estando yo dormido plácidamente a eso de la una, mi padre ha irrumpido en mi habitación sentenciando "Dwalks, capullo, la fecha límite para entregar la declaración de la rente es el 30 de junio, no el 30 de julio como me dijiste que estabas seguro el otro día". Todo esto venía de cuando hace quince días, mi padre me sugirió que me fuera dando prisa que se acercaba la fecha límite de entrega y yo le respondí con tono condescendiente y sobrado que hasta el 30 de julio tenía tiempo todavía. Como mi padre debe ser el primer español que presenta los papeles, no tenía ni idea de la fecha y se lo creyó, y menos mal que hoy se ha enterado, no sé que hubiera sido de mi caso contrario. Así que me he hecho la declaración de la renta en veinte minutos y me ha salido que me devuelven. Fenomenal.
Después de comer, y como parte de la operación limpieza de la habitación Dwalks (que como me temía se está empezando a alargar demasiado) me he dispuesto a ordenar, gestionar y tirar si procedía todos los papeles, apuntes, fotos, libros, discos y adornos varios que tenía almacenados. Como dentro de año y medio me dan mi micropiso y me iré de casa, el objetivo era contundente: deshacerme de todas las cosas que pudiera. Y joder si lo he hecho. La verdad es que me he dado cuenta de que en caso de no haber tirado tantas cosas esta tarde, en un par de años de vida en solitario me hubiera convertido en uno de estos indigentes que mueren aplastados en su vivienda por sus propias pertenencias, pero como he reaccionado a tiempo, supongo que viviré en espacios amplios y oxigenados al menos durante quince años más, que es el tiempo que había tardado en llenar, y combar, mis estanterías hasta la saturación. Tengo que tener especial cuidado con esta faceta acumulativa de mi personalidad.
Sólo he respetado íntegramente libros, recuerdos significativos, fotos, discos y cartas. Con el resto, la criba ha sido espectacular, sólo decir que he tirado TODOS los apuntes de la carrera, qué orgasmo he tenido.
Especialmente emotivo ha sido cuando me he metido con las cartas. Conservo absolutamente todas las cartas que he recibido en mi vida y hacía años que no las releía, así que se me ha ido como una hora y media recordando campamentos, meses en Irlanda y en Estados Unidos, novias, psicópatas y amigos y amigas que he ido dejando atrás. Me he emocionado un montón y casi se me saltaban las lágrimas con algunas, porque me entraba pena al leer en presente, historias y situaciones que ya no pueden tener sentido. Qué bonitas algunas, me lo he pasado de miedo, ahí, con mis nudos en la garganta y haciendo que no con la cabeza cuando las terminaba. Encima, he dejado el iPod sonando en modo aleatorio y me ha elegido una música muy emocionante para pasar el rato, y es que está muy bien diseñado este cacharrito, cada día lo pienso más. De todos modos me he negado a darle demasiadas vueltas a los pasados y las he guardado otra vez en la caja, que ese es su sitio, aunque debo reconocer que me ha entrado la duda por primera vez en mi vida de si debería tirarlas algún día... no sé, de momento están bien ahí, me gusta tenerlas.
Esta es la primera carta que recibí en mi vida. Es de la primera novia que tuve y nos debimos dar un par de picos en lo que duró nuestra intensa relación de una tarde (por fin sexo en Itwalks!!). Ella tenía nueve años y yo once. La conocí en una granja escuela y no la volví a ver nunca. El tal Pablo era su primo, que bailaba breakdance muy bien, y lo de la nocilla iba porque había un niño retrasado en la granja que siempre que decía algo, acababa la frase diciendo "uh". Recuerdo que era muy burro y yo creo que el hecho de estar entre animales lo asilvestró más, pero bueno. Por cierto, no le respondí porque me daba palo que mis padres la conocieran o algo.
Y como la cosa iba de nostalgias, otro momento en el que me he acabado pegando con mis fantasmas ha llegado cuando me he puesto a tirar recuerdos y tonterías que algún día tuvieron sentido pero ahora ya no (recuerdos en general, regalos chorras, medallas, copas, souvenirs aberrantes comprados por mi mismo en diversos viajes...) Tenía un par de estanterías abarrotadas. Uno de estos recuerdos era una escena hecha de plastilina que me regaló Ant, mi última pareja, hace cuatro años y pico, al segundo año de estar saliendo. En esta escena, aparecíamos ella y yo sentados en un banco de madera charlando. Le salió preciosa y nos parecíamos muchísimo a los dos muñecos, con todos los detalles: la ropa, los gestos, el pelo, mi mochila... Yo nunca he sido de montar numeritos dramáticos cuando he terminado una relación, ni he quitado las fotos de mi cuarto como un enloquecido, o me he puesto a tirar cartas y regalos el mismo día que se ha acabado, pero al final, y como es lógico, todas estas cosas han ido desapareciendo de mi entorno por pura lógica: un día quitas y guardas una foto, al otro cambias de sitio otra y la pones más escondida, un mes después la guardas también... casi ni te das cuenta. El caso es que estos muñecos eran el último recuerdo físico que tenía a la vista de mi última relación. El problema no eran los muñecos, sino el estado de los mismos, porque cuatro años hacen estragos en la plastilina y, al acumulamiento de polvo pegado e imposible de quitar que tenían, había que sumarle las numerosas mutilaciones de las que padecían. A mi clon le faltaba un ojo, una mano, tenía el cuello a punto de colapsar y las piernas se me habían despegado del tronco. Al suyo le faltaban varios apéndices y los brazos. Alguna vez los había intentado reconstruir, pero como ya estaban tan duros por el paso del tiempo, o me cargaba algo adicional al intentar repegarlos o los deformaba hasta conseguir muecas y posturas terribles para la composición final. El caso es que había llegado la hora de nuestros clones por pura lógica, y por pura física, así que los he mirado por última vez, los he vuelto a mirar, he amagado, los he vuelto a mirar, los he cogido y, sin más, he hecho una pelota con Ant, con el banco y conmigo. Cuando he mirado la bola de plastilina que me ha salido, me he quedado de piedra, porque lo que yo creía que sería una masa deforme, era una esfera más o menos redonda en la que se podía identificar cada cara, cada parte del cuerpo, cada pata del banco, nuestra ropa... todo. Me ha dado un poco de yuyu verlos tan deformados y tan retorcidos tras tantos años de placidez en mi estantería, la verdad, aunque al mismo tiempo me ha parecido muy adecuado y muy evocador que estos monigotes hayan quedado de esta manera, así, en esa maraña que les da un aire a que, aunque ya no sea posible devolverles a lo que fueron, de alguna manera seguirán unidos mucho tiempo de un modo inevitable.
Por cierto, estoy viendo desde mi ventana fuegos artificiales.
miércoles, junio 22, 2005
Noche con mi abuela
El lunes operaron a mi abuela de un ojo porque tenía cataratas. Del otro ya le operaron en Semana Santa y quedó muy bien. Como mi madre estaba medio mala y en mi casa hay demasiado polvo en suspensión debido a las obras mediante las cuales estamos tuneando el hogar de los Walks, me ofrecí a pasar la noche con ella. La verdad es que mi abuela mola todo y no me supuso ningún esfuerzo abandonar mi acogedora habitación por una noche. Además vive bastante cerca de nuestra casa, de modo que en diez minutos andando ya estaba con ella.
Llegué y allí estaba mi abuela con el ojo vendado y diciéndome "la otra vez no me hicieron tanto, en veinte minutos estaba lista y veía perfectamente. hoy me han tenido cuatro horas y con esta venda parezco una momia". Yo le contesté que era porque la técnica era distinta y que no se preocupara, y que no parecía una momia. Su amiga, que vive enfrente de mi abuela y estaba allí con ella hasta que yo llegara, me empezó a contar sin venir a cuento su operación de rodilla y yo desconecté cuando me simulaba con un dedo cómo le habían hecho una incisión. Le hice resumir el implante de prótesis terminándole yo las frases y, en cuanto se descuidó, ya le estaba acompañando a la puerta para despedirla con un beso no demasiado efusivo, porque esta señora siempre me ha olido un poco raro, pero ojo, es buena mujer ante todo, lo que pasa es que le canta un poquito el alerón.
Le tenía que hacer la cena a mi abuela porque le habían recomendado que el día de la operación no hiciera nada, ni agacharse, ni estornudar fuerte (que me digan como se hace eso) ni nada que requiriera un esfuerzo que le permitiera sacar un ojo de su cuenca. Me dijo que le hiciese una ensalada de tomate y lechuga y que le friese un filete de pavo, así tal cual, sin complicarme la vida. Me quedé mirando el triste filete de pavo y decidí que no podía permitir que mi abuela, materia prima de los Walks, cenara de esa forma tan frugal. Así que le hice un tomate en rodajas con un chorrito de un aceite buenísimo que le habíamos llevado hace poco, orégano y sal de ajo; el filete de pavo se lo apañé un poco con un clásico. Se lo freí en la primera vuelta con unas gotas de aceite sobre una rama grande de perejil y un diente de ajo pequeño cascado, para que se churruscaran un pelín, no mucho, mientras se hacían despacio. Una vez terminado el filete y puesto en un plato, chorrito de limón sobre las gotas de aceite que impregnaban aún la sartén, y la emulsión se la eché sobre la carne. Y ya. Y mi abuela encantada porque eso me lo enseñó a hacer ella hace ni se sabe. Cuando le llevé la cena al salón, me la encontré bajando las persianas como si nada "abuelita, pero que no puedes hacer eso, que te han dicho que te estés quieta". Y ella, como si oyera llover, cambió de lugar un ventilador de cinco o seis kilos mientras me miraba con su ojo bueno con cara de yquémevasahacersilohago.
Terminó de cenar y me hizo comerme un helado. Y me hizo comerme un alfajor. Y me hizo comerme un bombón relleno de mermelada de naranja amarga que estaba muy bueno. A los caramelos le dije ya que no. Nos pusimos a ver la tele y había un programa tipo operación triunfo, pero de famosos a los que les enseñan bailes de salón. A mi abuela le gustaba y yo me puse en modo nieto y no insistí para cambiar de canal. Me preguntó si yo sabía por qué estaba Romay concursando, con lo mal que bailaba y decidí no explicarle mi teoría acerca de que lo patético es gracioso en este país, así que le respondí que era para ver si aprendía de una vez. Me dijo que el Caparrós era muy majo, y yo no le hice ver que no es que fuera majo, que lo que pasaba es que iba de farlopa hasta las cejas y quería cepillarse a su profesora de baile. También le llamó la atención que Lara Dibildos estuviera como muy sofocada "son rayos uva, abuelita". También me comentó que por qué Mariano Mariano estaba de jurado si no podía bailar, y ahí no supe que decir. Y que un concursante se parecía a PrimoG, y le respondí que era cierto porque era cierto. Estuvo entretenido, para ser sincero.
El caso es que en un intermedio se me acabó la paciencia, trinqué el mando a distancia, puse Spiderman, se la expliqué como pude y nos la vimos enterita, con mi abuela comentando y todo "maaadre, vaya saltos que da el chico" "es que le mordió una araña de un laboratorio, abuelita". Yo creo que le gustó bastante porque ya no se acordó más de los bailes en los intermedios de la película.
Pero aún quedaba lo mejor, porque cuando terminó la peli, me hice un zapping antes de apagar la tele, a modo de despedida, y, cuando llegué a los tres canales de las televisiones locales, que no tenía controlados porque son distintos a los de mi casa, un triple flash de porno duro se apoderó del salón. Yo reaccioné como pude pero no lo suficientemente rápido como para que no viéramos a una pareja echando un polvo (zap) a una chica invitándonos a llamar a un teléfono erótico (zap) y como una rubita daba buena cuenta de un cipote (zapzapzapzapOFF) . Mi abuela, mientras se levantaba tranquilamente para ir a la cama murmuró "yo no sé cómo ponen estas cosas en la tele, con lo feas que son".
Y yo también me fui a la cama, algo apurado por la situación, pero simultanea e inconscientemente intentando recordar cuáles eran exactamente esos canales, para ver si los pillo un día de estos en mi casa, que es que no los tenemos sintonizados y así tendremos más.
NOTA POST-POST: Hoy el Silent Shouts de would cumple un año y ha puesto, para celebrarlo, su primera foto. Vayan, vayan a verlo...
