lunes, febrero 28, 2005

WeekEND

El fin de semana comenzó bien. El viernes, aunque tuve que trabajar algo por la tarde, también tuve la compensación de descubrir un restaurante alemán cercano a mi oficina al que no había ido, y eso siempre mola. Comí con Elliot, que también se quedó un poco a trabajar, o a hacer tiempo, dado que su suegra había decidido visitarles tooodo el finde. De entrantes, unas ensaladas alemanas y unos patés ¿alemanes?. Las ensaladas alemanas deberían llamarse enmayonesadas, porque, aparte de estar buenísimas, las proporciones isabelinas de contenido en esta salsa es lo que las define fundamentalmente. Los patés también llevaban mayonesa y yo me lo comí todo. El codillo con chucrut, muy logrado, se separaba fenomenal de la piel y del hueso. De postre, media pinta de sorbete de limón.

Trabajé lo que pude porque a las seis y media me echaron de la oficina. Me compré algo de ropa antes de ir a casa y ya empecé a notar cómo se me soltaba la nariz y la garganta empezaba a tirarme. Me tomé un Frenadol, medicina que adoro y que bebería a todas horas, y me eché un rato a eso de las ocho. Cuando me desperté, me encontraba mejor y pensé que ya no me ponía malo. Luego salí con Agr, que había quedado para tomar unas cañas con unos amigos en Andrés Mellado. Más tarde, apareció CF, con un pelo que no era normal y le preguntamos por qué llevaba ese pelo. El nos contestó que ya lo sabía y que su madre le había dado doce euros esa misma tarde para que fuera el peluquero, y todos lo entendimos. Nos fuimos del sitio de las cañas y durante el resto de la noche estuvimos en varios locales hasta que finalmente acabamos en el Moby Dick y en el Bolshoi, sin nada demasiado especial que recordar.

Al día siguiente yo creía que estaba muerto cuando abrí los ojos. La boca me escupía algodón de lo seca que la tenía, la garganta era un dolor y mis ojos luchaban por abrirse entre unas legañas que parecían alguna clase de molusco. Comprendí que el fin de semana había terminado para mi.

Lo peor de todo es que por lo visto, según Agr y CF, me he perdido un sábado y domingo realmente divertidos, cosa que me afecta bastante, teniendo en cuenta que mi estado de soltería exige vivir momentos inolvidables con los amigos. También había quedado con los del barrio para hacer una salida por la noche y no ha podido ser. No me he podido despedir de Aki, que se ha vuelto para Japón entre lágrimas, no por mi, si no porque le daba pena irse después de un año en España. Lo único que me consuela es que conozco a dos personas a las que les ha ocurrido algo parecido a lo mío y, oye, eso siempre hace un poquito.

Por el contrario, ha sido un buen fin de semana para la descarga ilegal de música, delito en el que he reincidido sin parar durante los días en los que he estado en casa. Ahora tengo tanta música nueva que no sé que hacer con ella. Me bajé viejas cuentas pendientes con mi pasado en cinta, lo mejor votado del Tentaciones (en fin, era lo que tenía a mano) y muchas canciones aleatorias, pertenecientes a mi cultura general musical y de las que no disponía en formato físico, tan sólo estaban en mi cabeza. Para cuando tenga el iPod.

Hoy ando mejor pero no detecto sabor alguno. He gastado paquete y medio de kleenex y tengo la nariz como el culo de un mandril. Además, tengo un aspecto permanente de poco listo porque no puedo respirar por la nariz y debo dejar mi boca entreabierta para sobrevivir.

Es uno de esos días-nada.

viernes, febrero 25, 2005

R.I.P.?



Los profiles de blogger se han rebelado y están dejando nuestros históricos y estadísticas con una información cada vez más caducada. En mi caso, la última actualización data del 25 de octubre de 2004, con un post sobre mi convalecencia por la operación de rodilla. Yo era un joven blogero con 28 post en mi haber (precisamente mi edad, um!)

¿Alguien sabe que pasa? Y no me refiero a lo que diga blogger que pasa (dicen que los profiles no actualizan y eso ya lo sé). Me refiero a lo que realmente pasa...

It walks doesn´t walk!

jueves, febrero 24, 2005

Una espinita clavada

Tendría yo trece o catroce años y era verano, porque recuerdo que ya estaba de vacaciones. Como no hacía demasiado calor, bajé a jugar al fútbol con mi balón al campo que tenemos en la urbanización en la que vivo. Aunque había visto desde mi ventana que aún no había bajado nadie, supuse que tarde o temprano aparecería alguien más para echar un partido, que era lo único que me gustaba hacer por aquella época.

Cuando estaba llegando, me di cuenta que dos chavales algo más pequeños que yo, unos doce años, estaban haciendo el burro dando patadas a la puerta de acceso al campo, mi campo, algo que no era difícil dado que esta puerta daba directamente a la calle y cualquiera hubiera podido ejercer el mismo acto vandálico sin excesivos problemas. El caso es que en un arranque de coraje, y valorando que en caso de pelea saldría yo ganando, me dirigí a ellos sin dudarlo y les grité que si estaban imbéciles o qué. Los chicos se quedaros callados un momento pero, en seguida, el líder de la pareja me miró desafiante y me aseguró que yo no era nadie para decirle lo que tenía que hacer y de paso me llamó subnormal con una sonrisa. Me puse a cien y comencé a empujarle para que se fuera -a su compañero ni le miré porque era un pobre infeliz que sólo se reía por lo bajo cuando su amigo abría la boca. Pese a que yo era bastante más alto y fuerte que mi contrincante, y tras los empujones, aún no sé como lo consiguió pero se puso a mi espalda y, desde atrás, enganchó sus brazos con los míos y me dejó inmovilizado. Al verme reducido, intenté darle una coz con mi tacón, pero calculé mal y me golpeé a mi mismo en la espinilla de mi otra pierna. Me di cuenta que no tenía nada que hacer, me había cogido bien y era incapaz de deshacerme de él. El chaval me preguntó nervioso que si me rendía, ya que era obvio que si me soltaba él tedría las de perder, y yo le dije que sí con los dientes apretados y una sién latiendo a ritmo de tunning.

Me soltó y se fueron, dejándome ridiculizado, aturdido y bastante encendido por la situación que acababa de vivir. Observé cómo se marchaban y, ante mi sorpresa, cuando estaban a una distancia considerable, ambos cuchichearon, se dieron la vuelta y comenzaron a insultarme, por lo que arranqué en dirección hacia ellos con la excusa perfecta para buscar la revancha de mi humillación anterior. Estaba seguro de que, pese al patinazo anterior, le podía cascar sin problemas. Cuando vieron que corría, ellos hicieron lo mismo y así dio comienzo la persecución. Al amigo irrelevante le alcancé enseguida, yo corría bastante rápido y él era un gordinflas, así que esa parte fue fácil, pero como mi única satisfacción era la idea de calentar al otro, le superé sin casi mirarlo y le dejé atrás con un considerable alivio por su parte.

Corrí detrás de mi objetivo durante un buen rato, acercándome cada vez más pero sin lograr reducir suficientemente distancia que nos separaba, además, el muy jodío también tenía buenas piernas, con lo que poco a poco empecé a cansarme y a darme cuenta de que no le daría caza. En un momento dado me agoté y paré de correr frustrado, me di la vuelta y volví al campo de fútbol, donde aún estaba mi balón, y me puse a jugar yo sólo mientras le daba vueltas a la historia. Al rato llegaron mis amigos y se me fue pasando el mosqueo, no les conté nada. Nunca más volví a saber de estos dos chicos que se habían cruzado en mi camino.

Alguna vez le he contado esta historia a mis amigos y la conclusión que sacan cuando la escuchan es que soy una persona de gran nobleza por no haberme cebado con el débil, cuando pude haberlo hecho sin problemas. Yo lo pienso y, aunque me gusta esa versión de los hechos, todavía hoy me pregunto cómo no se me ocurrió la idea de tomar de rehén al gordito y esperar a que el otro volviera. Aún mellevan los demonios cuando lo pienso.

Es que le hubiera puesto hasta arriba.

miércoles, febrero 23, 2005

From-To-To-From

Mañana por la mañana iré a Bilbao por asuntos de trabajo. Mañana por la tarde volveré de Bilbao cuando haya terminado mis asuntos de trabajo. Estos viajes nacional-relámpago son bastante habituales en mi rutina laboral y cada vez me resultan más cansados, cada vez más.

¿Por qué?

Te levantas a las 5:30 para coger un avión

Eso no implica que me acueste la noche antes a una hora prudencial. De hecho, soy experto en desarrollar nuevas habilidades a partir de las once de la noche si debo madrugar al día siguiente. La última: intentar meter de chilena, tumbado en la cama, un calcetín hecho una bola en la papelera de mi habitación. Tiempo total haciendo el moña: 40 minutos. Bravo, Dwalks, eres un genio.

Desmitificas la ciudad a la que vas

Es la segunda vez que viajo a Bilbao en modo curro, y también en mi vida, así que por lo tanto, la primera vez que fui también era la primera vez que visitaba la ciudad, y os aseguro que antes de esta primera ocasión, yo quería ir a Bilbao, yo tenía una imagen guay de Bilbao y yo ansiaba conocer Bilbao... Pues fue ir y se me han pasado las ganas. No mola porque sé que sólo conozco el aeropuerto, dos taxis y mi oficina de allí, pero así son las cosas de momento.

Comes demasiado


La gente que te recibe está empeñada en alimentarte para que vuelvas contando lo bien que te han tratado y, ya de paso, también se tratan ellos un poco bien y eso, que comen como todos. No es normal, echas cuentas y sales como a cinco kilos de comida cada vez que te invitan. No es normal...

Demasiado café

Te levantas con los gallos y, claro, a las 9 de la mañana llevas ya cuatro cafés (desayuno, aeropuerto, avión y bienvenida al otro lado, no es una aproximación, son matemáticas). Si alguna vez os encontráis conmigo a esa hora y en esa situación, no descartéis una carcajada nerviosa sin venir a cuento por mi parte, ya me ha pasado.

Fundes pasta


Vale, luego la recuperas a fin de mes y no pasa nada, pero eso de dejarte un miércoles quince mil pelas en taxis, parking, comidas y demás, es inquietante.

Llegas muerto a casa


Igual llegas a la misma hora de todos los días, pero eres diez años más viejo.

Madrugas igual al día siguiente

Una vez hice un comentario a mi jefe en el que daba a entender que los días en los que se viajara de este modo, podían dejar llegar un poco más tarde al día siguiente. Me dijo que hiciera lo que quisiera y yo cerré la boca.

Madrid + Nieve = Mal

Que nieve en Madrid no es ninguna buena noticia. Salvo momento en el que subes la persiana y haces aaahh, todo lo que implica es negativo. Los coches parecen pesados y la gente anda raro, consiguiendo que el camino al metro parezca una excursión de discapacitados. La nieve se mezcla con la grasa y el polvo de las calles, formando un barro espantoso de profundidad indeterminada, que salpica si lo pisas y te cala. Si, como hoy, la nevada es copiosa, los árboles acumulan el producto caído durante la noche y lo van dejando caer sobre las aceras durante todo el día siguiente en dosis perfectas, en forma y frecuencia, por lo que caminar por la ciudad se convierte en un ejercicio de habilidad suprema, ya que al no resbalar y al no dejar que los pies se te empapen, se le une el evitar ser alcanzado por pesadas gotas de aguanieve desprendidas de un sinfín de ramas. Los transportes públicos se colapsan y en los bares huele mal, a serrín, a lana mojada, a mucha gente. Y al acabar el día viene lo peor, la nieve ya se ha apelmazado con tanta pisada en una especie de semihielo plano y oscuro, dejando lista para su uso y disfrute una pista de patinaje perfectamente transparente y camuflada con el suelo.

Así que no entiendo por qué me siguen entusiasmando estos días.



Fotografía tomada a las 9:45 desde la ventana de mi oficina

martes, febrero 22, 2005

Tirados

Hoy he llegado a la oficina y uno de los temas que se comentaba por aquí era que dos de nuestros compañeros, los cuales tenían que estar en esos momentos impartiendo algo en Bulgaria, se habían quedado tirados en el aeropuerto de Viena sin poder hacer su conexión debido al temporal de nieve que tenemos en Europa (todos unidos, todos tenemos el temporal de nieve).

Quedarse tirado por temas de avión tiene un punto que mola porque es lo más parecido a que de repente se abra un camino alternativo en nuestra vida y algo prohibido quede expuesto ante nuestros ojos. Es lo más parecido a vivir algo que no debería haber sucedido. Te quedas en un lugar que deberías haber abandonado. Ves cosas que no deberías haber visto. Por eso mola, aunque fundamentalmente, bueno, más bien joda.

A mi me ha pasado dos veces. Una en Ljubljana, capital de Eslovenia (Liubliana para los amigos) -aunque eso lo sabemos todos por aquello de la brand-new-constitución- y otra en Nueva York. En Liubliana, la causa fue la huelga general aquella que tuvimos y, teniendo en cuenta que era mi primer viaje de trabajo, sentí algo de terror cuando vi lo que se avecinaba, aunque la suerte de contar allí con un compañero de trabajo español y la impactante media de tías cañon en esa ciudad, hicieron que la experiencia fuera más que positiva. En total, dos días de agujero de gusano en Liubliana.

La ocasión de Nueva York fue menos romántica, en principio. Directamente perdí mi conexión para el vuelo de regreso a España en Newark y tuve que esperar 24 horas al siguiente. Un clásico. Nos dieron hotel y unos cheques canjeables por cena, desayuno y almuerzo. Como la inseguridad que genera el encontrarse solo lejos de casa hace milagros, y más en Navidad, antes de irme a la cama ya me había asociado con un grupo de personas que estaban, todas por separado, en mi misma situación. Eran cuatro, conmigo cinco, y eran éstos:

>


- Uno de Orense que se había ido de camionero a Houston hacía quince años y ahora tenía una empresa con mogollón de camiones. O eso dijo.
- Una chica mexicana de 19 años, pijita, fresita, que iba a España porque su hermano estaba estudiando en Madrid. O eso dijo.
- Una treintañera de Palencia que se fue a cantar jazz a Dallas, conoció a uno y se casó. Ahora volvía unos días a ver a su familia. O eso dijo.
- Una señora mexicana de clase más que alta, se notaba, que iba a ver a su marido a España ya que él estaba de viaje de trabajo, y así aprovechaba para pasar las Navidades en nuestro país, ya que nunca había estado. O eso dijo.
- Y yo, que no salgo porque hice la foto

Comimos juntos, esperamos juntos, cuidamos unos de otros y de nuestras cosas y nos hicimos fotos con mi cámara nueva. Prometí enviárselas a todos esa misma semana pero nunca lo hice, no sé por qué. También ellos apuntaron mi correo y, excepto la chica mexicana, nadie me las reclamó.

Aún tengo sus correos y a veces he pensado, más de un año después, en mandárselas algún día por sorpresa.

lunes, febrero 21, 2005

Puntual

Soy puntual, demasiado puntual. Infrapuntual, entendiendo por este creo que mal usado concepto "por debajo de lo puntual", o sea, que siempre llego antes de la hora. Siempre he sido ese que ya está allí cuando empieza a llegar la gente, el que ves fumando solo y dando paseitos en un metro cuadrado cerca de la boca de metro, el que a veces coge el camino más largo al lugar de la cita para no aparecer demasiado pronto. También soy el que ocasionalmente se queda sentado en la cama un rato con el abrigo puesto, escuchando alguna canción antes de salir de casa, evitando así llegar cinco minutos antes de un cuarto de hora antes. Y el que, ya en el punto de encuentro recibe y acumula los mensajes "en 1 qarto d hr stoy, perdna". El que dice "no pasa nada, acabo de llegar". Soy el que a veces está un poco borde sin venir a cuento, porque esos diez minutos de retraso han sido, en realidad, veinte, treinta, cuarenta de espera. El que desayuna tranquilo en el aeropuerto. El que toma dos cafés. El que silba con la mirada aburrida con un periódico en la mano, ya releído.

Podría hablar de respeto por los demás para justificar esta actitud mía, pero creo que no podría cambiarlo aunque quisiera, está en mi. Sólo tengo que fijarme en que cuando decido ir yo solo, por ejemplo, a dar un vuelta por el centro a las doce en punto, también llego antes de tiempo de la hora self-pactada. Soy un poco agonías, qué se le va a hacer. El caso es que procuro, o trato de procurar, que a la hora del encuentro no se me note demasiado la cara de llevo-veinte-minutos-contando-gamusinos y entender que, más o menos, llegar diez minutos tarde sea normal entre los humanos relajados. Creo que generalmente soy comprensivo, aunque depende algo de mi pie izquierdo.

Por ello, el jueves me entró pánico en el instante en el que, gracias a mi reloj, me di cuenta de que sólo disponía de un cuarto de hora para llegar a Atocha y tomar mi AVE a Zaragoza, cuando mi distancia temporal real era de veinte minutos, según mis cálculos más optimistas a la altura de Rios Rosas. Mis rutinas preparatorias habían sido las habituales y mis holgados tiempos de seguridad en el despertador, los mismos de siempre. No me dormí, estoy seguro. Desayuno, ducha y afeitado, estándares... Aún no sé qué pudo ocurrir y juro que le llevo dando vueltas desde que sucedió.

Al final llegué a mi AVE tres minutos antes de su salida y aún no tengo la menor idea de cuántas multas llegarán este mes a mi casa por exceso de velocidad en la Castellana, pero lo que me pregunto es qué efecto tendrá este suceso en mi conducta relativa a la puntualidad.

¿Terapia de choque positiva o ultrafijación de patrones obsesivos?

Interesante.

viernes, febrero 11, 2005

El misterio del cardenal en el antebrazo

Ayer, cuando me estaba lavando los dientes antes de irme a la cama me di cuenta de que tengo un cardenal gigante en la parte interior del antebrazo. Que yo sepa, no me he golpeado con nada últimamente, así que estoy intrigadísimo porque me lo aprieto y duele bastante, no es lógico que no recuerde cómo ha podido llegar hasta ahí.

¿Debería grabarme mientras duermo?

miércoles, febrero 09, 2005

Boum!

Esta mañana se ha producido un acto terrorista en Madrid. Un coche bomba ha estallado sin causar víctimas mortales. Yo estaba trabajando y un compañero me lo ha comentado "¿Sabes que ETA ha puesto una bomba ahí donde la plaza del Parque de las Naciones?". Leo las escasas noticias que han aparecido en Internet y veo que el lugar más afectado por la explosión es el edificio en el que trabaja mi padre, y, según un dibujito que han incluido, la ventana correspondiente a su puesto de trabajo da directamente al lugar donde ha ocurrido todo -lo sé porque yo estuve de becario en su empresa todo un verano y le veía allí sentado.

Encogimiento súbito de estómago.

Le llamo inmediatamente y me dice muy tranquilo que les han evacuado del edificio, que no ha pasado nada importante y que se está desayunando una tostada. No me cuenta mucho más porque mi padre no es nada sensacionalista, te dice que todo ha pegado un pepinazo, que les han sacado de allí y que algunas personas tienen cortes de cristales, que hay un buen follón montado.

Yo, que soy muy morboso, me quedo con ganas de conocer detalles, pero como siempre me ha criticado esa faceta de mi personalidad, decido no investigar, ya lo contará bien esta noche. Después, llamo a la gente que se puede preocupar y se acabó el asunto, a seguir trabajando.

Luego, durante el resto de la mañana, he pensado varias veces en que ayer, cuando llegué a casa por la noche apenas crucé con él unas frases y, esta mañana, durante el rato en el que hemos coincidido en el desayuno y por los pasillos antes de ir a trabajar, casi ni hemos hablado. No por nada en especial, lo que pasa es que teníamos sueño y nos tenemos ya muy vistos.

Ay!...

martes, febrero 08, 2005

24 hour party Dwalks

Éste ha sido un buen fin de semana. Con este frío que ha estado haciendo y tras la Navidad, no era de extrañar que se sucedieran varios fines de semanas sin demasiadas novedades que contar, porque entre los gastos excesivos, las gripes y la saturación de eventos, lo que quería era recuperar mi rutina y tener la sensación de que las semanas volvían a tener aburridos lunes, insulsos martes, optimistas jueves y cortos y estándar fines de semana. Lo que pasa es que la rutina acaba siendo un coñazo y cuando te quieres dar cuenta estás deseando antes de lo que imaginabas que suceda algo. Así sucedió y fue el sábado:

8:30h. Me despierto hecho una piltrafa porque hacía miles de años que no madrugaba un sábado. Desayuno, me visto y me aseo y en tres cuartos de hora estoy más que listo.

9:30h. Me voy a un lavadero de coches recomendado por mi padre y pago 7 euros por que me laven el coche por dentro y por fuera, que ya estaba bien desde el verano. Por fuera lo dejan bien, por dentro, fatal. Valoro la posibilidad de reclamar, pero la cantidad de coches que tienen acumulados para ser limpiados, el precio de risa que he pagado y los pocos dientes que tiene el empleado en su boca, hacen que desista.

10:30h. Inflo las ruedas del coche en una gasolinera y me compro un Ambipur para el coche. Huele a Brummel y se supone que es antitabaco. Como yo fumo en el coche no tengo elección, pero lo pongo al mínimo.

11:00h. Recojo a Kurt y lo primero que le digo es que los sábados por la mañana da tiempo a hacer un montón de cosas. El responde "te regalo estos vaqueros Helmut Lang que a mi no me valen", arranco y enfilamos a Malpica, porque vamos a un cumpleaños.

12:30h. Llegamos a Malpica tras hora y media de buena música y risas continuas. Nos recibe Rachel con cara de no esperarnos tan pronto y nos enseña su casa, que está bastante chula. A Kurt y a mi nos da miedo una galería oscura que tiene junto al patio y decidimos que no entraremos nunca por la noche. La casa es helada.

13:00h. Llegan los demás invitados y se respira buen ambiente. Todos hablamos con todos desde el principio, como debe ser, y sin más preámbulos, nos disponemos a comer.

14:00h. Migas, cogollos, queso, tortilla, tabaco, vino, paté

15:00h. Tarta, helado, copazos, mojito

16:00h. Tertulia, fotos, Kurt acaparando

17:00h. Nos vamos al garito del pueblo (porque Malpica es-un-pueblo) y lo llenamos. Como tengo que conducir por la noche me tiro tres horas a cocacolas, pero me lo paso bien de verdad y me cuesta marcharme.

21:00h. Volvemos a Madrid con Meri Toria, Kurt y yo oyendo y cantando Chico y Chica y jugando al "¿Te tirarías a...?" la mayor parte del viaje.

22:30h. Llego a casa con esa sensación que otorga el estar todo el día fuera. Me derrumbo en el sofá y me tomo un yogur con fibra para que luche contra el efecto-migas en mi interior. Veo un poco al Madrid y me pego un duchazo. Mis padres vuelven del cine y me preguntan si voy a salir otra vez "que siiiii, mamá".

24:00h. Me pasan a buscar Agr y CF. Nos vamos a Andrés Mellado a tomar cañas. Allí esperan Eth., Aki y más gente. Aki tan Aki como siempre y todos sacándole partido a su peculiar humor. Tras cinco cañas nos vamos Agr, CF y yo a un sitio que se llama Liberata que a mi no me convence. A Agr tampoco. Nos encontramos con conocidos y con algún mipasado, al que no doy tregua. Tras media hora, Agr, uno de la Palma y yo, nos vamos al Moe, que queda enfrente.

3:00h. Copas en el Moe al ritmo de un concierto de unos que tocan los timbales con música de fondo, en plan "Saffari" Duo. También vemos en este bar a una chica que tenía la mirada más descarada que he notado en mi vida. Todos la notamos, quiero decir.

4:00h. Llegan CF y Erque para decir que se van a otro sitio. Nos separamos prometiéndonos mutuamente que nos volveremos a reencontrar.

5:00h. Llevamos al de la Palma a Copérnico, que ha quedado. Llueve por primera vez en siglos y nos calamos. Entramos en Copérnico y estimo que es el sitio más chacho en el que he estado en mi vida. Música, gente y arquitectura combinan perfectamente generando un ambiente muy propicio para el mullet, camisetas entalladas sobre barrigas no tan entalladas, potas garrafoneras y coreografías Coyote Dax. Muy bien. Fascinados, Agr y yo, nos vamos con los ojos como platos.

6:00h. Llegamos a Kapital, ahí, como prometimos a CF, que nos está esperando en la puerta y nos cuela al más puro estilo Corleone, y nos sentamos al lado de Portillo y su pelo. Ahí anda Juan Golosina y una que yo no había visto en mi vida, pero es famosa. Estamos media hora y cierran, por lo que nos vamos por donde habíamos venido. Más que suficiente.

6:45h. Agr y CF me dejan en casa, nos abrazamos estilo hombre y nos despedimos.

6:55h. Me meto en la cama y muero

lunes, enero 31, 2005

Excepciones

Por circunstancias, he vuelto a salir bastante por la noche tras unos años en los que, si bien también salía, el concepto era distinto. De la noche a la mañana todo dio un giro radical y me encontré caminando solo no sé muy bien hacia dónde. Eso hasta hoy, que aunque ya estoy un poco más ubicado, aún me queda.

A mis amigos de toda la vida, casi todos ya emparejados, quizás les veo menos pero creo que no me juzgan por ello. Hasta ahora no ha habido reproches y se lo agradezco infinitamente porque no tendría ni un solo argumento para justificarme, sólo podría decir que las cosas están saliendo así y que no las controlo del todo, que es una etapa. Que pienso en ellos más de lo que imaginan.

Por ahí también anda éste, el que siempre ha estado. ¿Cómo lo hace? No sé cuantos años hará ya que le conozco y siempre ha resultado complicadísimo encajarle así sin más en cualquier etapa de mi vida, pero el caso es que nunca se ha ido y ahora le veo/oigo/leo más que nunca. Imprescindible ahora, antes y luego.

Otro que tiene peso en esta historia, es el que se fue hace ya tiempo. Nuestra amistad, única, se ha convertido en algo un poco intangible, si se me permite la expresión, pero creo que eso no representa un problema. Él va y viene -cada vez hace más tiempo de su primera despedida y me temo que cada vez hará más, incluso no descarto del todo que llegue el día en el que haya pasado más tiempo desde que está fuera de lo que estuvo aquí- y te vas dando cuenta de que cada uno va evolucionando a su manera. No hay problema, siempre nos hemos respetado, pese a nuestras muchas diferencias, y eso hace que hoy no condicione demasiado las cosas el hecho que no nos veamos a menudo, pese a lo mucho que le extraño a veces. Es algo más que eso y los dos lo sabemos, a estas alturas ya nos tenemos muy calados, ¿eh?

También han aparecido dos tipos que estaban en una situación parecida a la mía cuando nos reencontramos y con los que ahora paso la mayoría de mi tiempo libre. Ahí he tenido mucha suerte, gente adecuada en el momento adecuado dispuesta a recibirme con los brazos abiertos desde que llegué. Y yo a ellos. Buenos amigos, cada vez mejores.

Aparte, existe un pequeño grupo de personas, independientes entre sí, que aparecieron poco antes o poco después de aquel día y más o menos tienen su vida ya montada, o la están empezando a montar. Es una pena saber que en algunos casos el único motivo por el cual no tenemos más relación es el habernos encontrado en fases algo incompatibles, si no, otro gallo cantaría. Pero no me quejo por ello, las cosas también son así y prefiero pensar que con lo que pueden darme me doy más que por satisfecho.

Y mi familia

(Hasta aquí las excepciones)
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Hace poco llegué a este párrafo de un libro que aún estoy leyendo y me dio la impresión de que eran las palabras exactas que explicaban la sensación que llevo teniendo desde hace un tiempo, ahora que conozco de forma rutinaria a mucha gente con la que antes no me hubiera relacionado.

Dice así:

"-Me he fijado en que hoy en día parece como si todo el mundo acusara a los demás de actuar. ¿Sabéis a qué me refiero? Es como si la gente no fuese auténtica (...) Nadie se cree las identidades que nos forjamos. Me da la impresión de que ahora todo el mundo es falso, como si la gente tuviera un fondo auténtico pero lo hubiese ocultado y sustituido por algo más atractivo pero vacío al mismo tiempo... Echa tu carta, Wendy"

Ya sé que es un poco obvio y que más o menos todos podríamos tener una opinión parecida, que no he hecho nigún descubrimiento filosófico, pero es que yo ahora percibo ésto muy intensamente.

jueves, enero 27, 2005

¿Qué pasa un día que no pasa nada? (up to 15:19)

Me veo pálido
He desayunado Special K, una tostada con atún y una naranja
No me han salido puntitos rojos al afeitarme
No me he visto raro por primera vez desde que me corté el pelo el viernes
No estaba borde por la mañana
He pasado mucho frío de mi casa al metro
He escuchado "Hits" de Pulp en el metro
He salido de el metro en la parada errónea y he vuelto a entrar al mismo vagón
Siento que no he combinado del todo bien mi ropa
Noto que proyecto cara de cansado al exterior
He dormido cinco horas
He apagado dos veces el despertador antes de levantarme
No me he despedido de mi madre al salir de casa
Me he gastado 6'80 euros
He decidido no volver a gastar en música y fusilar del e-mule de una vez
No he pensado en Antz, cosa rara últimamente
He dejado tres frases sin acabar durante una reunión
No me he reido con verdaderas ganas ni una sola vez
He fumado 6 cigarros
Soy positivo respecto a mi rodilla
Me siento algo desbordado en el trabajo
He cogido una vez el metro y otra, un taxi
He visto las tetas de Paz Vega en Fotogramas
Me ha gustado la comida que me he hecho
Estoy torpe con el teclado
He cambiado a boli azul
He bebido más agua de la que estoy acostumbrado
He recuperado mi bufanda
Me he conectado a internet tres veces, una de ellas, repentinamente y sin motivo
He hecho el 50% de las cosas que tenía pensado hacer al levantarme
Estoy bien
He tomado cuatro cafés
He fumado siete cigarros
He ido al servicio en el trabajo, nunca me acostumbraré
He subido hasta la planta de mi oficina por las escaleras, seis pisos
He tomado una cerveza
He visto un coche fúnebre
He estrechado la mano a veinticinco personas
No he estado completamente sólo ni un instante
Me he acordado de Connie Selleca sin venir a cuento
Hoy no me gusta mi letra
He ignorado a dos personas y me he tragado mi orgullo una vez
No estoy especialmente sensible
Me ha llamado mi madre por teléfono
Tengo un tono de voz algo bajo y grave
He resuelto un viejo problema laboral
Le he hecho una cazada a una y a mi me han hecho como cinco (en el metro)
He olvidado sacar dinero
He olvidado una vez más mi tarjeta de la máquina del café
He olvidado algo que no recuerdo
Me ha dado un pinchazo en la cabeza y se me ha pasado al instante
Me ha costado hacer una resta a mano
He tomado cinco cafés
He recordado algo que había olvidado
He recibido veintidos correos y he enviado cinco

...







martes, enero 18, 2005

Algunas fotos de Barcelona

La semana de Barcelona dio para mucho y yo estuve con mi cámara todo el tiempo, así que hice fotos.

Would y Dwalks. El de la cabeza desproporcionada respecto a las medidas estándar del cuerpo humano no soy yo.




Esta criatura dedicó una mañana completa a asustar palomas y a arrancar florecitas mientras la gente se relajaba entre diseños de Gaudí. Uma, mira lo que te espera...



Un grupo de música en el Parque Güell. La música de sus instrumentos estaba bastante mejor conjuntada que sus atuendos



Una muestra de la buena salud de la que gozan las hormigas en Barcelona



Y Dwalks con el plano del Corte Inglés buscando la Sagrada Familia

lunes, enero 10, 2005

5 noches en Barcelona

Estoy a punto de consumir mi cuarta noche en Barcelona y el balance ya ha sido bueno. Would se ha ido y la habitación se ha quedado algo vacía, aunque ahora puedo fumar en la habitación, supongo que roncar y disponer de todos los consumibles del hotel para mi uso y disfrute. No compensa, anyway. Hemos hecho de todo: nos hemos pateado un buen porcentaje de lo más interesante de la ciudad, hemos comido bastante bien (McDonald´s included) y nos han quedado arrestos cada noche para salir a tomar algunas copas, sin pagarlo en exceso al día siguiente. Hemos quedado con Becaria y hemos hecho millones de fotos. Muy bien.

Aún me quedan dos noches aquí pero tengo la sensación de que no me espera nada especial. Mis jornadas de trabajo son bastante aburridas y salvo la fascinación innata que tengo por los extranjeros y su comportamiento, la reunión internacional a la que estoy asistiendo se me hace bastante lenta.

No me explico varias de mi vida y a partir de ahora tengo una más que añadir a mi colección: no me oriento en Barcelona. Y mira que es fácil. Ni siguiendo las explicaciones de Kurt lo consigo "abajo-mar, arriba-montaña, derecha-Tarragona, izquierda-Gerona". No hay forma, salgo del hotel con la sana intención de ver el barrio gótico y me encuentro con el Tibidabo ante mi. He llegado a la conclusión de que el ensanche me enloquece y desequilibra mi líquido del oido hasta trastornarme. Esto es un problema porque mañana debo llevar a veinte guiris a un restaurante y puede que no lo consiga. Prometo postear instantaneamente si nos perdemos.

Por último, estos días he constatado algo que ya sabía: me trono por las noches y me sonambulizo murmurando estupideces. La noche pasada no,la otra, agité el hombro de Would para comentarle que me estaba cayendo. Esto a las cuatro o cinco de la mañana y en pleno ciclo REM de sueño. Would se acojonó un poco y no me quiso despertar para no volverme loco o matarme, tal y como aconsejan los manuales boca-a-boca de protocolos para sonámbulos. Al final me dijo "tranquilo, Dwalks" y yo recapacité y me dormí. Al día siguiente tenía una leve noción del suceso pero tuve que preguntarle si había sido real o no. Me dijo que sí y me lo contó otra vez.

Adeu.

miércoles, diciembre 22, 2004

Lapso


Por motivos que ni yo mismo alcanzo a comprender, mi hasta diciembre saneado blog ha entrado en crisis de actualizaciones, pero yo sé que este lapso no durará mucho más.



jueves, diciembre 02, 2004

La noche que conocí a Namosh



Kurt y yo bailando en el 8ymedio el pasado viernes en plena actuación de Namosh, una auténtica estrella de la que oiremos hablar muy pronto.

Ibamos vestidos así.


miércoles, diciembre 01, 2004

Azzurro

El domingo me llamó mi tío para preguntarme si me apetecía ir a la inauguración de una tienda de ropa de nombre "Azzurro" y yo le respondí que a qué se debía su invitación. El me contestó que unos amigos del hermano de su mujer, mi tía, eran los dueños y querían gente para hacer bulto en la fiesta que iba a dar. Acepté y después valoré lo tremendamente loca que era el hermano de mi tía y lo que me podía esperar de allí. Y también que eso de que sólo te quieran en un sitio porque haces un buen bulto es un poco malo para la autoestima, pero bueno. Como la cita era ayer a las nueve de la noche, a las ocho quedé para tomar unas cañas con mi tío antes de ir al evento, porque nos apetecía charlar un rato de nuestras cosas antes de aparecer por allí. Yo creo que él también sabía que iba a hacer bulto.



Cuando entramos en el local, ya había bastante gente dentro. Todos estaban en la parte del final y formaban unos corros que hacían más fácil robar alguna prenda sin ser visto que integrarse en alguno de ellos. Entre los invitados figuraba el del Tomate, que se llama Jorge Javier, y mi tía afirmó que también tenía pinta de bicho en persona, basando su teoría en cómo se reía y movía las manos, fundamentalmente. A mi me daba igual y me puse a mirar la ropa que vendían a ver qué tal estaba. A la tercera prenda ya tenía una sólida opinión formada acerca del rotundo “no” con el que respondería a la pregunta “¿te gusta algo?”, si es que se daba en algún momento. Mi tío, en su rol de pseudoanfitrión, se esforzaba sin demasiada convicción por sacarle el lado positivo al asunto “esos vaqueros con piedras brillantes no deben quedar mal ¿no?” o “mmm… parece que este año se llevan mucho las cremalleras en las camisetas”. Y yo, en mi rol de invitado, procuraba no hacer comentarios al respecto y ser diplomático, sobre todo porque toda la ropa era (en principio) para hombre.

Luego llegó mi hermano con su novia y en cuanto me percaté de su cara al entrar en la tienda, entendí que la situación no era sostenible, ya no por el momento en sí, si no porque nos conocemos demasiado y un cruce de ojos podía haber sido letal en una situación como esa, y no era plan de montar el número con un ataque de risa madeinhermanosWalks, así que nos limitamos a ignorarnos, a comer sándwiches y a beber Lambrusco, que era lo que daban.

Al final acabamos hablando con alguna gente de la que había por allí, que resultó ser bastante maja, y más tras unos vinos. Los dueños eran unos tipos estupendos y el hermano de mi tía, y sus amigos, se esforzaron por conseguir que el rato fuese divertido, sobre todo cuando surgió una encuesta espontánea propuesta por dos de ellos para ver quién era el que tenía los ojos más aristocráticos, recuento de votos incluido.

A última hora se coló un mendigo para ver si le dábamos vino y el hermano de mi tía y sus amigos le cerraron el paso pegándose, de punta a punta del local, la carrerita colectiva más marica que he visto en mi vida, esto es, rozando la coreografía. El mendigo protestó un poco, pero no opuso resistencia, y se se marchó tranquilamente por donde había entrado, mientras intentaba llevarse un maniquí a su carrito asegurando que estaba autorizado a hacerlo porque era policía. Al final recuperamos el maniquí con algo de dificultad, pero se quedó algo tullido tras los zarandeos y ya no lograba permanecer de pie, así que tuvieron que apoyarlo contra la pared hasta que se les ocurriera alguna solución mejor. Alguien dijo "bueno, así parece que está esperando a su cita", pero la verdad es que no daba el pego porque el maníquí, originalmente, estaba diseñado para dar la sensación de que caminaba y, al apoyarlo contra la pared el efecto era algo antinatural y parecía más un montañero congelado que un ejemplo de hombre sofisticado y cosmopolita.

Nos marchamos de allí con un montón de cosas que contar y sobre las que hacer comentarios, o sea, que muy bien y muy satisfecho de haber ido.

martes, noviembre 30, 2004

El misterio del cable enredado



Acabo de desenroscar el cable del teléfono que tengo en la la oficina porque, en un momento de lucidez, he sido consciente de que llevaba cerca de un mes hablando con mi cabeza a dos milímetros del teclado. Y no es la primera vez que me sucede.

¿Cómo se enredará de ese modo? Que yo sepa, lo único que hago es cogerlo, hablar y colgarlo sin hacer ningún tipo de maniobra adicional, pero aquí por lo visto la lógica no se da por aludida, así que llevo toda la mañana elaborando hipótesis que expliquen por qué periódicamente me encuentro una pelota de cable uniendo el auricular a su teclado.

De momento, la señora de la limpieza encabeza mi ranking de sospechosos, ya que tiene sentido que le dé por lo menos una vuelta al cable cada vez que descuelga el teléfono para quitarle el polvo. En un mes conseguiría dar más o menos veinte vueltas y ahí tendríamos nuestra pelota. En segundo lugar estoy yo porque en el fondo, y conociéndome, no sería raro que hiciera cosas extrañas cuando hablo por teléfono. Podría ser, teniendo en cuenta los dibujos a boli que mi subconsciente hace por mi durante una conversación telefónica cualquiera. Y el tercero, es uno del mantenimiento informático de mi empresa, que habla desde el primer teléfono que tiene a mano cuando anda arreglando algo por aquí, aunque es poco probable.

Es frustrante.

Soy un voyeur

Enfrente de mi oficina hay un edificio de casas normales. Hay unos quince metros de distancia entre los dos bloques y eso significa que puedo ver perfectamente las viviendas que quedan más o menos a mi altura. El hecho que yo tenga mi mesa de trabajo junto a una ventana sumado al innato sentido voyeur de casi cualquier ser humano -que creo que está especialmente acusado en mi- propicia que la situación que se me ofrece cada día sea bastante difícil de ignorar. La verdad es que no hay mucho que ver, sólo gente normal que vive en pisos normales y que hace cosas normales a horas normales. Mis vecinos cocinan, ven la tele, limpian y van de un sitio a otro por sus casas encendiendo y apagando luces, y así todo el día. Realmente no me interesa ninguna de sus actividades pero también es cierto que cuando mi rabillo del ojo detecta movimiento, mi cabeza se gira instintivamente hacia él, aunque sólo sea por un segundo y sin prestar demasiada atención. Tenerlos ahí y fisgarles es casi como una parte más de mi jornada laboral. Por otro lado, aún no he llegado al punto de tener un vecino preferido o de ponerle un nombre a cada individuo para luego ir su buzón y comprobar ansioso si he acertado, como tampoco me trato de imaginar sus vidas, sólo están ahí como yo lo estoy al otro lado.

Pues bien, esta mañana he llegado muy temprano a la oficina. Como me encontraba prácticamente sólo y no me apetecía nada ponerme a trabajar según caía, me he sacado un café de la máquina y he ido a mi ventana a tomármelo mientras veía cómo amanecía el lunes. Casi todas las luces del edificio de enfrente estaban apagadas y en las que se veía luz no podía distinguir nada, así que me he limitado a ver pasar coches y a tomarme el café lo más despacio posible. Y a pensar en las bisílabas y demás cosas del fin de semana.

Y se ha encendido una luz a la altura de un par de plantas por debajo de la mía.

Era una señora mayor que veo casi todos los días porque se levanta bastante temprano y ya con eso destaca. Suele abrir la ventana para ventilar la habitación, mira un poco hacia la calle y luego hacia el cielo para ver que tal tiempo hace y, tras hacer eso, le debe entrar hambre y se pira a desayunar. Siempre lo hace como algo mecánico y por eso me he quedado mirándola descaradamente por pura inercia, además, tenía sueño y me costaba apartar la mirada sin tener un motivo concreto. Entonces, como si nada, ha girado su cabeza y me ha clavado sus ojos como si de repente se hubiera dado cuenta de que estaba siendo observada. Y yo, presa de mi propia adrenalina, en vez de mirar hacia otro lado hasta que esta señora entendiera que la cosa no iba con ella, me he retirado de la ventana en un movimiento bastante sospechoso y más propio de un perturbado que de un tipo como yo. Me he quedado un rato fuera de su alcance hasta que la curiosidad ha podido conmigo y he vuelto a asomar la cabeza disimuladamente para ver yo qué sé qué... si seguía ahí la vieja, supongo. Y sí, ahí seguía, ahí seguía mirando hacia mi ventana como una vaca en el campo. Y yo, con el norte totalmente perdido en esos momentos, me he vuelto a separar de la ventana en un lamentable y ya depurado estilo madre-de-Psicosis.

Así que así estamos. Yo, con una especie de sentimiento de vergüenza que aún no acabo de digerir (no olvidemos que se me ve trabajar perfectamente desde el otro bloque, y la señora podría rajar con los vecinos) y supongo que ella estará emocionada ante la idea de que en el edificio de enfrente sea muy posible que trabaje un depravado, lo más interesante que le ha debido pasar en los últimos veinte años. Y con todo el derecho del mundo.

Qué ridículo. Qué mal.

viernes, noviembre 19, 2004

The Mullet

Partiendo de un simple comentario relativo a este corte de pelo, surgió mi necesidad de conseguir más información. Estas inquietudes me llevaron a Google, y el Todopoderoso encontró en 0,16 segundos este potente link que entiendo básico para la cultura general de cualquier individuo a partir de ya. Estoy fascinado con el apartado Classifications de este sitio porque me parecen soberbios los parámetros bajo los cuáles un tipo con mullet queda completamente definido.

Un ejemplo de muestra

01. classic mullet: this specimen is a clear demonstration of a classic mullet. Note how this mullet proudly displays his exotic plumage while in a menacing stance. Classic indeed. The mesh tank-top, digital watch, silver chain, and molester mustache all add points to this fine specimen's overall look and mulletude.

Mulletude: 10
Aggressiveness: 10
Hobbies: football games, wife beating, picking fights.
Sightings: everywhere, there's no escape (see: eyes).
Favorite Band: Steve Miller Band






Me pregunto qué demonios estaba haciendo yo el día que este peinado se transformó en un icono fashion, creo que me perdí algo.