La llegada (estamos aquí...)
Kurt se pasó por mi casa a eso de las once del sábado y nos fuimos para Mérida con la ropa justa, tropecientos cedés y una botella de agua para el camino. Todavía me pregunto por qué fue él quién vino a mi casa, y no yo quién fue a la suya, si íbamos en mi coche, pero teniendo en cuenta que Kurt es así y hace cosas de éstas, tampoco es que después le diera muchas vueltas... la verdad es que daba igual porque teníamos planazo y lo sabíamos.
Llegamos a Mérida sobre la hora de comer y, antes de ir al hotel, decidimos homenajearnos a base de la estupenda gastronomía local poniéndonos a comer McNuggets y McEnsaladas como irracionales en cuanto vimos un McDonald´s, que nos supieron a pollo de verdad del hambre que traíamos, y los dos estuvimos de acuerdo en que llegar a un sitio desconocido y encontrar un McDonald´s da muchísima confianza para el resto de la estancia y en que el diseño y textura de la pasta de las McEnsaladas estában stante conseguidos.
El hotel (no somos tan raras...)
Como el hotel era de cinco estrellas, lo primero que hizo Kurt en cuanto entramos a la habitación fue inspeccionar rigurosamente el baño para ver de qué productos gratuitos disponíamos. Pareció bastante conforme en que fueran de Etro, aunque la crema corporal oliera a coco y agobiara un poco cuando te la echabas de primeras. La habitación, como el resto del hotel, era un poco pretenciosa, barroca y valenciana, con un montón de apliques y motivos fake-romanos por las paredes, en plan mosaicos y maderas con dibujitos y adornos como antiguos, pero en conjunto estaba bien y era confortable . El minibar, un cinco pelado; la tele, bien. Nos hicimos unas fotos dabadabadá sentados en la ventana, porque tenía un banquito muy chulo para sentarse mirando por la ventana que te salían unos contraluces de portada de Bustamante. Luego nos pusimos los bañadores, nos echamos crema para el sol y nos subimos a la piscina, que estaba en la azotea.
El panorama de la piscina era algo extraño, porque aparte de ser diminuta, los acompañantes con la que la compartíamos eran dos parejas de recién casados que miraban catálogos con medio cuerpo metido en la piscina (en concreto las piernas, cuñao) y, por otro lado, una señora-foca morena como un demonio, absorbiendo todo el sol que le cabía en las chichas. Así que no pudimos hacer mucho el animal y nos limitamos a hablar bajito, a refrescarnos y a ponernos las toallas como túnicas romanas para hacernos fotos con ellas en Mérida, que era lo suyo. Muy romano todo. Cuando empezamos a achicharrarnos, porque lo que pica el Sol en Mérida no es ni medio normal, nos bajamos otra vez a la habitación a descansar un poco más.
El paseo (no somos tan mayores...)
A eso de las siete, nos fuimos a dar un paseo por la ciudad, pero entre que es pequeña, que ya la conocíamos y que hacía mucho calor, decidimos cruzar el puente romano hacia las afueras porque nos conectaba con un Carrefour que había al otro lado, y que habíamos visto al llegar, en el que podíamos comprarnos cosas de beber. Además, en el centro sólo había bodas y ya nos cansábamos de valorar los estilismos locales. Pero resultó que el Carrefour estaba mucho más lejos de lo que habíamos calculado y yo, que iba con chancletas nuevas, empecé a sufrir los dolores y los inicios de ampollas de un paseo de media hora a buen paso cuesta arriba. Además, entre el final del puente y el Carrefour, lo que había era una zona de viviendas de protección oficial que daba un poco de miedo. Ahí estaban todos los Richar sin camiseta y sin casco subidos en las motos, los niños pequeños desnuditos y descalzos por la calle y mucho tunning y macarreo en general. Y nosotros con las cholas, como para salir corriendo en caso de emergencia…
Nos las apañamos para llegar sanos y salvos al Carrefour y nos bebimos las cosas que compramos, incluyendo un zumo de Granini que compró Kurt y que Nate se lo tiene prohibido porque dice que es mutante. Para volver, me negué a hacerlo caminando dado el estado de mis pies y tuvimos que coger el bus en Richar City, lo que nos provocó mucha ansiedad porque no queríamos estar más ahí y el autobús tardaba mucho. Finalmente, llegamos al hotel con el tiempo justo para cambiarnos, cenar algo e ir a ver la obra.
La obra (nos gusta lo mismo que a ti...)
Total, que nos cambiamos el hotel y nos fuimos a cenar. Teníamos una boda en el hotel y estuvimos tentados de infiltrarnos en el aperitivo porque lo estaban dando en el hall, pero al final nos cortamos (aunque yo me hice con una croqueta pelín rancia). Una vez fuera, degustamos las exquisiteces emeritenses entrando en el telepizza de al lado del hotel, desde el que vimos por la ventana cómo una pareja de recién casados daba una vuelta en calesa por la ciudad, enamoradísimos, con un montón de vespinos y quads detrás, pitando porque no podían pasar y generando tal cara de agobio en los novios, que no consigo expresarla con palabras en este momento. Es que cómo es Mérida... cómo es.
Nos terminamos la pizza y fuimos andando al Teatro Romano a ver la obra de La Fura dels Baus, que era el motivo principal por el que estábamos allí. La verdad es que quedamos encantados con el espectáculo, la orquesta estuvo perfecta y algunos momentos fueron realmente intensos y emocionantes, incluyendo el escenario, en el que ya era un privilegio estar sentado. Lástima que Kurt se pusiera frenético con lo paleta que era la gente, que no paró de sacar fotos con flash durante toda la representación (molestando a los músicos) con lo que buena parte de la función le tuvieron más pendiente de ellos y de cómo matarles que de lo que estaba viendo. Yo le tranquilicé, pero no le hice olvidar. Por mi parte, sólo me puse nervioso, un poco, con la señora que estaba al lado mío, que le iba explicando a su padre (un señor como de noventa años) lo que significaban las cosas que iban apareciendo por la obra, a un volumen más que alto. De todos modos, lo intenté comprender y al final acabé acostubrádome a la traducción simultánea a la que me vi sometido. Y también me puso nervioso un tipo que estaba detrás mío que no paraba de decir "qué barbaridad".
La noche (si hay algo de que hablar, hablamos, y si no, hablamos por hablar...)
Tras la obra, nos tomamos unos gintonics en el mismo recinto, en una terracita muy chula que habían montado para la ocasión y, cuando ya estábamos un poco entonados, nos fuimos a ver que tal nos lo pasábamos por Mérida.
Localizamos la zona de marcha y nuestra conclusión fue que Mérida es un pueblo grande. No nos gustó demasiado porque era un poco cutre todo y, encima, cada vez que medio ligábamos o hacíamos conexión visual con algunas, allí estaban los mozos del pueblo para advertirnos con sus ojos que pásatedelistoytetronchoelcuellomadrileño. Así que fue una noche más contemplativa que otra cosa, de mucho reggeton, bisbalismos y pseudoflamenquismos que nos echaron pronto a la cama, a las cinco o así. Teniendo en cuenta que Kurt estrenaba sus nuevas zapatillas Dior estilo retrotenistaaños20, fue una noche que se le quedó corta, seguro. A mi también un poco, pero en el fondo estábamos cansados de todo el día y no nos costó mucho retirarnos.
La despedida (estamos preparadas...)
Por la mañana, nos despertamos y, como nos habían dicho que en Mérida se desayunaban unas tostadas de pan con aceite muy ricas, nos fuimos al Subway.
Pasamos el resto de la mañana en la piscina del hotel completamente solos, por lo que yo aproveché para hacer el cabra un poquito, haciendo bombas y el pinopuente, que no me salió y me entró agua por la nariz. Kurt aprovechó para bañarse en bolas. Yo lo hubiera hecho, pero ante el temor de que me hiciera la tan temida foto con la que me amenazó durante todo el viaje, me quedé en bañador. Dios, las duchas que me he dado en el hotel han sido un sinvivir...
A las cuatro recogimos y nos fuimos cantando a Madrid en el coche. Para el que le interese, aquí dejo nuestra banda sonora, que es estupenda para viajes como éste:
- Feria
- Vive la Fête (todo)
- Cycle
- La Prohibida
- Palíndroma (recopilatorio hecho por Kurt)
- Durísima (ídem)
La llegada (estamos aquí...)
Una vez en Madrid, hartos ya de comer tanta comida rápida, cenamos a las siete en el Friday´s.
Dwalks en el asiento de la ventana de la habitación del hotel siendo abducido
Kurt probando los colchones
Dwalks as Dwalkus de Emérita Augusta
Kurt y Dwalks en el puente. Con el Sol. En la cabeza.
Kurt feat. Dior
Kurt
Dwalks cayó dentro sin matarse
